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Tractorada reivindicativa en Chinchón

By 9 de noviembre de 2025No Comments

David Lafoz

El pasado domingo 19 de octubre tuvo lugar una tractorada reivindicativa y posterior acto de homenaje a David Lafoz Jimeno, el joven agricultor de Belchite que se quitó la vida, asediado por las deudas y por unas administraciones implacables contra un luchador valiente que encarnó el espíritu de las reivindicaciones del mundo agrario. El lugar elegido no fue el centro de Madrid, sino Chinchón, pueblo de tierra fértil con alma agrícola y ganadera, en plena comarca de Las Vegas.

Al acto llegaron 40 tractores y muchos agricultores desde muchos puntos geográficos de España para denunciar que “cada año miles de agricultores tiran la toalla”. En algunas pancartas podíamos leer: “No somos ni de izquierdas ni de derechas, somos los de abajo y vamos a por los de arriba”; “No somos los últimos de ayer, somos los primeros de mañana”; o “Que ser valiente no salga tan caro”.

Pudo haber 2000 participantes, aunque nadie ha publicado datos y ha reinado el silencio informativo. Algunos asistentes reconocían que esperaban haber encontrado más movilización, por ser estatal, para defender el sector primario de los ataques de la Unión Europea y la Agenda 2030.

Era perceptible el divorcio absoluto entre ciudad y campo, entre la población urbana y la rural, dos formas de vivir la vida que hoy se dan la espalda. En el acto era patente que la izquierda en España ha abandonado a los trabajadores agrarios a su suerte y, en su apuesta por el globalismo, ha dejado el terreno libre a una derecha ávida de medrar sobre las justas reivindicaciones agrarias. Algún diputado de Vox y algún influencer aprovecharon para sacarse la foto. Una bandera de un nostálgico de la dictadura era visible y alguna con la cruz de Borgoña. El mejor señuelo para todos aquellos con tentaciones de tildar a la movilización de ultraderechista.

La movilización estuvo promovida por pequeñas organizaciones agrarias unidas en UNASPI. Javier, padre de David, pidió guardar todas las banderas políticas y agrarias que tanto enfrentan y estar todos unidos en la defensa de la agricultura. Había agricultores de derechas y de izquierdas, trabajadores y sus familias, que se están escapando al control de las “grandes” organizaciones agrarias que los han traicionado. Son organizaciones que no quieren ser compradas con subvenciones y se están uniendo ante la amenaza a la supervivencia de su modo de vida. En el acto de Chinchón se podía ver a gente laboriosa, que cree en su trabajo, en lo que da la tierra y en su país. Gente de costumbres, enemiga absoluta del globalismo despiadado y que rechaza las subvenciones que son pan para hoy y hambre para mañana. Solo quieren una vida digna, que sus productos se paguen por lo que realmente valen y que se aprecie su función dentro de la sociedad. Son gente que se levanta antes del alba y miran con desdén a las ciudades, donde ya demasiados quieren ser funcionarios, parados, subsidiados o prejubilados.

Una agricultora de Calatayud hablaba resignada de que la gente de la ciudad “cree que se compra la comida en el súper y ya está”.  No se aprecia el valor de la agricultura que produce los alimentos para todos. Hablaba de las dificultades de hipotecarse para la compra de un tractor de 100.000 o 200.000 €, que no es un vehículo de lujo, sino maquinaria imprescindible para la producción. O el esfuerzo para pagar nóminas a trabajadores y seguros agrarios que anulan las pólizas cuando vienen más de tres heladas o pedrisco.

Está en grave peligro la subsistencia del sector primario. No solo es un problema del mundo rural, también es un gran problema de la ciudad. Si el campo no produce nadie come. Es un problema de todos porque pone en peligro la soberanía alimentaria de todos, que las estanterías de los supermercados sigan estando abastecidas. ¿Vamos a dejar nuestra producción de alimentos a la especulación de grandes monopolios y dirigentes corruptos e insensibles? ¿Estamos dispuestos a que nos mantengan solo con proteína sintética y larvas de insectos?

En el mundo rural saben que, si las cosas se ponen difíciles, puede que mañana nos abalancemos sobre los pueblos en busca de comida. Es ahora cuando agricultores, ganaderos y pescadores están pidiendo comprensión y ayuda, pero sienten que están solos. Es el momento de que reaccionemos antes de que sea demasiado tarde.