Actualmente, nos encontramos ante una reorganización del trabajo humano que avanza a una velocidad de la que no existe precedente en siglos. En los medios aparecen vídeos sobre robots que hacen cosas increíbles y en las empresas se están ejecutando despidos masivos, con beneficios récord y, al mismo tiempo, con expedientes de regulación de empleo. En los últimos 12 meses, las empresas de Estados Unidos y Europa han anunciado más de 1.200.000 recortes de empleo, solo hasta noviembre de 2025. El trimestre que acabamos de cerrar, el primero de 2026, lo empFeora. Solo en enero, los despidos anunciados en Estados Unidos crecieron un 118% respecto al año anterior. El sector tecnológico acumula 78.557 despidos en 3 meses y el 40% de las cartas de terminación citaban literalmente la palabra automatización o inteligencia artificial como causa.
Un dato importante es que la automatización laboral ya no afecta solo a trabajos rutinarios. Durante años, el mantra fue que los robots sustituirían a los trabajos rutinarios y repetitivos, y que los oficios creativos y cualificados estaban a salvo. En logística, Amazon ya tiene robots que sustituyen empleos y ha anunciado que pretende automatizar el 75% de sus operaciones antes del año que viene. En banca, el Santander ha ejecutado en 2025 la mayor reducción de empleo de sus últimos 20 años: 8000 salidas en todo el mundo y 160 sucursales cerradas solo en España. HSBC está analizando recortar 20.000 personas, el 10% de su plantilla global. El CEO del BBVA dijo en la junta de accionistas, con las cámaras delante, que “la inteligencia artificial va a impulsar una automatización masiva”. En agricultura, por ejemplo, John Deere presentó en el CES de Las Vegas un tractor autónomo con 16 cámaras y sensores láser que toma decisiones cada cien milisegundos. Los vehículos de GUSS, que fumigan viñedos y cítricos, acumulan ya más de medio millón de horas de trabajo autónomo en California, Sudáfrica y Chile. Un solo operario supervisa hasta ocho máquinas desde un ordenador portátil. En Galicia, Lely tiene más de 440 robots de ordeño instalados. En el sector del derecho, los grandes bufetes han decidido no contratar abogados júniors al ritmo de antes. En contabilidad se estima que entre el 75% y el 90% de las tareas de un contable de nivel de entrada son automatizables. En el periodismo, el Washington Post ha despedido al 30% de su redacción en una sola tanda y eso pasará en otros medios. Cientos de cabeceras locales en Europa y Estados Unidos están cerrando o generan ya noticias automáticas sobre deportes, meteorología, bolsa, sin que las firme nadie. No hay un sector a salvo. El único estrato que sobrevive tranquilo es el que combina las tres cosas: manipulación física, decisiones muy contextuales y relación humana imprescindible. O sea, el fontanero, el cirujano, el psicólogo, el cocinero, el electricista…
Los ejecutivos de las grandes tecnológicas hablan de una renta básica universal para los trabajadores desplazados. Elon Musk, Sam Altman y Mark Zuckerberg defienden que una renta básica bien diseñada da a las personas margen para formarse, probar ideas o rechazar trabajos indignos. Pero los experimentos pilotos, sin embargo, no dicen lo mismo. Si fuera suficiente para cubrir la vida, ¿también podría ser suficiente para evitar la protesta de la gente y entonces se convertiría en una soga? Una sociedad donde la mitad de la población depende del Estado para comer es una sociedad con menos autonomía política, de pensamiento, de sentido crítico y análisis. Quizás habría que diseñarla como trampolín, pero no como destino.
Algunos economistas ya hablan de la posibilidad de analizar un impuesto al beneficio medible gracias a la automatización, algo diferente al impuesto a las máquinas. Otra solución sería crear programas específicos para mayores de 45 años que se sientan desplazados y que no pueden competir ya en ciclos educativos ordinarios; o bien, inversión pública en infraestructura tecnológica de uso común, a la que todos podamos acceder. Formarse sin parar y no depender de una sola fuente de ingresos. Veremos cómo avanza todo.
