Alfonso Becerra Álvarez
Llorar podrán mis ojos al bajar la cuesta
Rutina será la brisa de la fresca mañana
Disfrazada estará la esperanza matutina
Nadie se dará cuenta de la sigilosa caída
Rutina será la brisa de la fresca mañana
Disfrazada estará la esperanza matutina
Nadie se dará cuenta de la sigilosa caída
Caminaré en el polvo desolado de la ausencia
Me levantaré en la cruel decepción de la aurora
Cuando esté sentado bajo la higuera frondosa
Pidiendo consuelo por la dulce vida tormentosa
Mientras los pulmones respiran en el consuelo
la blanca nieve nunca llega a lo alto del puerto
y los peldaños se hacen pesados en pasos lentos.
Y después, llegará sin esperarlo el consuelo dichoso
que brota en el rocío de aquel misterio desconocido
sonando la cítara, con notas de alegría en el ocaso.
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