Cultura

Mito de la diosa del amor

By 4 de junio de 2026No Comments
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Rita Hayworth (Margarita Carmen Cansino) era hija de un bailarín español sevillano. Desde muy pequeña recibió clases de baile. Era un cóctel de emoción, de música, y ante todo imagen condensada en un primer plano. Me atrevo a asegurar que ella tenía la capacidad para declamar personajes y encarnarlos con tal intensidad que trascendía la historia. Podría decirse que interpretaba con maestría a la femme fatale, pero nunca fue un arquetipo plano. Lo cierto es que la convirtieron en un símbolo de la maquinaria de sueños de Hollywood. A pesar de que en pantalla era fuego, fuera de ella era una mujer marcada por la inseguridad y el peso de la fama, aspecto en el que pocas veces reparan los espectadores, todo esto debido a su ajetreada vida personal y familiar. Su propio padre la obligó a que mantuviese relaciones sexuales con él, una experiencia traumática. El crítico e historiador James Agee subrayó que su presencia era “hipnótica”, pero también apuntó que Hollywood tendía a encasillarla en papeles que explotaban más su imagen que su talento dramático. Me cuesta poco imaginar un diálogo en la película de Gilda con tintes de cante jondo. Él: “Te quise como se quiere al fuego… sin saber que quema”. Ella: “Y yo te di candela, pa que no me olvidaras…, y me convertí en ceniza”. Él: “No pude apartarte de mi mente en estos años”. Ella: “Ni falta que hace… si el olvido no canta como canta mi pena”. Él: “Clavada en la copla queda tu voz…”.
Su formación como bailarina se tradujo en una gestualidad fluida. Su mirada profunda, rostro, facciones delicadas parecían diseñadas para el claroscuro. Según la Wikipedia, se destacaba de todas formas por la sensualidad de sus movimientos, su aspecto provocativo, su extrema belleza y su habilidad para el baile −era especialista en ballet, tap, baile de salón y danzas españolas−. Apareció en 61 películas en total a lo largo de 37 años y la prensa acuñó el término “la diosa del amor”. A la vez, la convirtieron en el símbolo cinematográfico más elegante de la época. Sus raíces sevillanas me inspiraron estas letras:

Rita, aroma de soleá

Sevilla te rememora,
con voz clara fuego-sangre,
tierra lejana con clavel.
Mujer, tus días de gloria
en los espejos del cine:
brillo rojo eres cartel.
Difuminan los retratos,
raíces del cante jondo,
se te queman como incienso.
Rita Hayworth, la gardenia
del olvido te despoja:
Gilda llora en silencio.
No hay ni vestigio ni sombra
de aquel guante que posaste
en la mano de un silencio.
Sí, al dorado de los focos,
piel morena prisionera
tu alma es leyenda fiel.
Rita, siempre fuiste luz del deseo,
donde el amor era un juego, mujer misterio,
Margarita de nostalgias.
Frágil tu eternidad,
hoy tu imagen aún arde en la memoria del tiempo
como un verso que navega
en cenizas de oro y viento.

Autora: Ana María López Expósito