Donde nos abrazan, nos quedamos
José Luis Priego Sánchez
Presidente de la Asociación CAMUS (Comunidad de Apoyo a la Migración Unida y Sostenible)
Hay decisiones que no se toman con la cabeza, se hacen con el corazón. Y hay lugares que no se eligen por estrategia, sino porque te hacen sentir en casa.
Hoy escribimos estas líneas desde la Asociación CAMUS (Comunidad de Apoyo a la Migración Unida y Sostenible) con una emoción muy concreta: la de quien llega a un espacio nuevo… y, sin embargo, no se siente extraño. La de quien reconoce, en medio de lo desconocido, algo profundamente familiar: el respeto, la escucha y la cercanía. Por eso estamos aquí, y por eso queremos quedarnos.
En nuestra experiencia acompañando y disfrutando de la compañía de personas migrantes, hemos aprendido algo sencillo pero esencial: uno siempre debe quedarse donde lo tratan bien. Donde hay una mirada limpia, sin prejuicios. Donde una conversación no es un trámite, sino un encuentro y un momento cálido. Donde existe algo tan básico (y a veces tan escaso) como el abrazo, ese gesto que no aparece en ningún protocolo, pero que cambia por completo la forma de habitar un lugar.
Porque migrar no es solo cambiar de país: es cambiar de vida. Es dejar atrás lo conocido para empezar de nuevo, muchas veces desde cero, muchas veces con miedo, pero casi siempre con esperanza. En NHU sabemos que es el lugar de construir algo grande desde la nada (porque lo están haciendo continuamente), de apostar por ideas que nacen pequeñas, pero que crecen cuando encuentran manos dispuestas a sostenerlas.
Y en ese camino, lo que realmente marca la diferencia no es solo el acceso a oportunidades (que es imprescindible), sino el trato humano. Esa forma de acoger que no se mide en cifras, pero que sostiene a las personas cuando todo lo demás tiembla. Porque todos, en algún momento, necesitamos sentir que pertenecemos, que no estamos solos, que hay alguien al otro lado dispuesto a caminar a nuestro ritmo.
En CAMUS llevamos tiempo construyendo precisamente eso: Comunidad. No somos un mostrador ni una respuesta automática. Somos personas acompañando a personas. Somos una red que intenta que nadie tenga que atravesar solo el inicio, que nadie tenga que aprender a base de golpes lo que podría aprender acompañado, con alguien que ya ha recorrido ese camino y puede tender la mano desde la experiencia.
Creemos en la Comunidad como refugio, en la vecindad como punto de encuentro y en la diversidad como una oportunidad real de crecimiento colectivo. Por eso, cuando encontramos espacios como este periódico, donde la palabra tiene valor y donde las ideas se comparten desde el respeto, sentimos que no estamos simplemente colaborando, sentimos que estamos conectando, construyendo algo que va más allá de un texto o una publicación puntual. No es papel mojado, es papel dorado.
Y no venimos solo a ocupar un espacio, venimos a habitarlo con sentido. Aportar nuestra voz, pero también nos encanta escuchar, abrir conversación, no imponer discursos, acercar realidades que muchas veces quedan lejos, no por distancia, sino por falta de mirada. Queremos hablar de migración, sí, pero, sobre todo, queremos hablar de personas. De quienes llegan, de quienes reciben, y de todo lo que puede construirse cuando ambas partes se encuentran desde la humanidad, cuando las dos se miran a los ojos.
Porque los proyectos no crecen solo por las ideas, crecen por los vínculos. Y los vínculos solo existen cuando hay cuidado, respeto y compromiso. Cuando hay voluntad de entender al otro sin prejuicios y de construir desde lo común sin perder la identidad de cada uno.
Nosotros creemos en eso, son nuestros valores y por eso estamos aquí. Gracias por abrirnos la puerta, por el espacio, por el trato, por no presumir de horizontalidad, sino por regalárnosla. Gracias por permitirnos formar parte de este lugar donde la palabra todavía tiene peso y donde las personas siguen siendo lo importante. Nosotros, como tantas personas a las que acompañamos cada día, lo tenemos claro: donde nos abrazan, nos quedamos.
