Teníamos comida familiar en casa, nos juntábamos algunos primos con nuestros hijos, nuestros padres (los que quedan), y aprovechamos la llegada de Delia desde Suecia para encontrarnos. Apetecía verse las caras y contarnos cómo nos iba. Rompimos el hielo a saco: “¿Y qué os parecen las ultimas noticias, sobre todo lo que está saliendo de Zapatero? ¿Cómo veis que va el país? ¿A la deriva?”. Así comenzó una larga sobremesa en torno a un café acompañado por unos ricos pasteles. Fuimos pasando por varios temas, unos participábamos más que otros, que hablaban con ganas, pero con “cautela”. Coincidíamos en que la situación social está muy complicada a todos los niveles y globalmente. La tensión vino en cuanto a cómo nos emplazábamos cada uno frente al mundo que nos toca vivir. Percibí claramente que algunos quitaban importancia y sentido a toda acción que llevar a cabo. No solo eso: se degradaba el intento de plantar cara ante tanta injusticia, censura y retroceso social, y todo argumentado desde “la población no tenemos nada que hacer ante poderes tan grandes y organizados”. Esto me removió por dentro, me agitó, me hizo caer en cuenta de lo que supondría “tirar la toalla”, dedicarme a mi vida y dejar que se vayan sucediendo los acontecimientos mientras yo me ocupo de lo mío y de los míos. De hecho, siento que algo de eso (el no hacerme cargo, tirar la toalla) he dejado que avance sobre mí. Me gustó la respuesta que di: no permitir que se degradaran las reivindicaciones de agricultores y ganaderos viniendo con sus familias a Madrid para proteger tierras y ganados frente a los nuevos acuerdos europeos, que les dejan muy malparados, o la “pequeña” acción de mantener vivo un periódico como este, donde se da voz al que no la tiene, al censurado; donde se puede hablar de todo… Sí, me revolví porque me hizo conectar con lo viva y fuerte que me siento cuando llevo adelante mi propósito y me hago cargo en lo más cercano como madre que soy, como pareja, como hija, como amiga y también como ciudadana que se organiza con otros y no mira para otro lado en temas que nos afectan a todos. Todo eso me da dirección y sentido. Este no es un momento en que la mayor parte de la población tengamos los psiquismos fuertes; entonces, tendremos que aprender a sacar las fuerzas desde muy adentro, reconocer los “efectos” que produce la coherencia, el tratarse bien, y sobre todo emprender acciones que tengan sentido y creer de nuevo en el cambio, en la acción transformadora, la que promueve el cambio personal y social. No nos beneficia en nada tener una mirada apocalíptica de los acontecimientos, pero tampoco ser ingenuos ante la complejidad de esta realidad.
He de decir que el día anterior a esta comida familiar fui a ver la película colombiana Un poeta. Me la recomendaron. Me gustó, a medida que la película avanzaba me gustaba más y terminé emocionada. Cuento esto porque esta película me hizo recordar y sentir la valía que tenemos las personas. Hay que hacer crecer en uno esa fuerza interna que mueve montañas. Un buen amigo al que considero “muy sabio” decía que “no somos un número estadístico ni hormigas, somos un ser extraño que se levantó un día en dos patas aspirando al cielo y no ha terminado su destino. Somos mucho más de lo que vemos y en todos hay algo muy grande. Pareciera que los ideales nos han dejado solos. Se trata de construir los ideales de un mundo futuro”. Y ahí decidir si somos espectadores o protagonistas, si nos hacemos cargo o delegamos…
Natividad Jiménez López
