Opinión

Aviso a navegantes

By 4 de junio de 2026No Comments

Sí, aviso a navegantes. Es una pena que este humilde periódico, puesto en la calle con tanto esfuerzo y cariño, no tenga el alcance que se merece para que artículos de este tipo pudieran llegar a las manos de más de uno al que le tendría que llegar. Dicho esto, he de decir que, con 83 años, tengo memoria para recordar ciertas cosas vividas de cuando tenía 4 años y que, por desgracia, no se corrigen como se tendrían que corregir.

 ¿Y por qué digo esto? ¿A dónde quiero ir a parar? Pues muy sencillo: quiero expresar que me parece que, a estas alturas del año 2026, los mandatarios (sin mencionar nombres ni colores, ¡son tantos!) en las campañas electorales se llenan la boca de promesas y con los brazos en alto, como símbolo de fuerza y verdad, dicen: “¡Cuando yo gobierne pondré en marcha tropecientas mil viviendas sociales!”. ¡Pues nada, donde dije digo ahora digo Diego o no digo nada! El caso es que la gente sigue viviendo como en los años 40, 50, 60. ¿No es vergonzoso que en pleno 2026 no cumplan lo que prometen, se consienta la especulación pura y dura y se estén alquilando pisos, o cuchitriles, para que los habiten varias familias, incluso habitaciones indignas? Esto, en los años ya mencionados, se conocía como hacinamiento y se empezó una lucha para crear mucha vivienda pública; cuanta más vivienda pública, mejor. Pero está claro que los mandatarios de ahora no cumplen lo que tenían que cumplir, y poco menos que agachan la cabeza y miran para otro lado. Y, por supuesto, en toda esta movida de desapego hacia el ciudadano entran también las comunidades autónomas.

Vivienda digna y residencias para mayores. Y aquí quería llegar yo: a lo indigno del comportamiento de los mandatarios y no mandatarios que ponen en marcha residencias para mayores. La mayoría de ellas están subvencionadas, pero que estén subvencionadas no quiere decir que tengan que ser degradantes. ¡Sí, degradantes! Es muy duro para una persona enferma que aún está en su casa con su dignidad ver llegar el momento de no tener más remedio que ir a parar a una residencia, pero eso no significa que esa persona sea un armario que deba ser apartado en un guardamuebles. Para mí hay dos formas en el trato: si la persona ha perdido la noción de quién es y dónde está, y se la coloca en una habitación compartida, lo veo mal, pero tiene un pase porque se puede decir que no se entera de si está sola o comparte habitación o si le están robando su dignidad. Pero los que entran en la residencia todavía con el coco bastante en su sitio sí saben dónde los están metiendo y saben distinguir que ya no van a dormir solos y con su dignidad intacta, pues desde ese momento se la están pisoteando. ¿Por qué tiene mi compañero de habitación que soportar mis toses y mis quejidos un día tras otro, con suerte durante años? Para mí eso entra en el capítulo del hacinamiento y todavía queda lo peor: que nos roban, insisto, nuestra dignidad.

Por favor, gobernantes de hoy, piensen un poco más en las personas y no en el dinero. No me hagan vivir los últimos años de mi vida como cuando tenía cuatro años, hacinado y compartiendo la habitación con mis padres y con mis hermanos.

Alberto Romeral Rubiños