Entrevista a Luis Quiñones
Vecino del barrio, profesor de secundaria y escritor
Ya conocíamos a Luis de otra reunión a la que vino con su pareja, que regenta una de las tiendas más originales del barrio. Luis llega solo y, desde el principio, la conversación es fluida. Una vez más se impone la necesidad de conectar las grabadoras, porque es una pena que lo que se dice de modo informal se quede fuera del texto. Es ineludible hablar de la situación de la educación en Madrid y, seguramente, otra entrevista como profesor de secundaria sería también muy interesante. Luis no es neutro, ni falta que hace, pero sí parece sincero y afectado por una situación que le distancia de la gestión que la Comunidad de Madrid hace de la educación pública. Sobre su faceta de escritor, ya sabemos antes de empezar que estamos ante un escritor con recorrido, que Luis no es un joven voluntarioso de esos que han autoeditado su primer libro. Tiene ya una obra considerable, y no solo de novelas. Además, quienes lo hemos leído sabemos que lo que presenta está muy bien escrito.
No sabemos si todo el mundo le conoce en el barrio y, si alguien aún no le conoce, nos parece que merece la pena hacerlo. Algunos hemos empezado por su tercera novela y ya hemos decidido iniciar la lectura de otra novela de Luis aprovechando estos días de verano. Otros llevan ya algún libro más. Con Luis se habla bien y fácil, y no elude las preguntas. Conectemos las grabadoras…
P. Luis Quiñones, ¿qué edad tienes?
R. Nací el 15 de enero de 1977; o sea, tengo cuarenta y nueve años.
P. Aún te da tiempo a ser un novelista de fama y prestigio.
R. Sí, J. K. Rowling triunfó con más de cincuenta.
P. Aún tienes tiempo. Preséntate de un modo rápido.
R. Soy escritor desde hace más de veinte años, que fue cuando publiqué mi primera novela. Siempre he escrito y, además, me dedico a la docencia. Tengo la fortuna de vivir de la literatura porque también enseño literatura, con lo cual no necesito el triunfo de J. K. Rowling, pues ya me permito el lujo de poder vivir de la literatura enseñándola.
P. Casi un héroe porque eres profe de secundaria y de bachillerato. Lo has sido en Vallecas y ahora en Rivas.
R. Efectivamente. Llevo diez años como profesor en un instituto de Rivas y ejerzo la docencia, ya como funcionario de carrera, desde 2004.
P. Eso es tan arriesgado como pertenecer a los cuerpos de élite de las pelis americanas.
R. Tal y como está la enseñanza hoy desde luego que sí y, además, en la pública. Soy un defensor de la enseñanza pública, ya que me he criado en la enseñanza pública, he estudiado en la universidad pública y en un instituto público, y ejerzo la docencia en institutos públicos.
P. Me estoy leyendo un libro tuyo, Un hombre detrás de la lluvia. Aún no lo he terminado y ahí ando enganchado. Me está gustando.
R. Es que la literatura es una buena droga.
P. Me está gustando, sí, lo estoy disfrutando. Me ha hecho gracia de que ya sueltes en la novela un par de pullas y que seas muy “amigo” tanto de Almeida como de Ayuso, ¿no?
R. Bueno, los escritores no somos amigos nada más que de nuestros amigos.
P. Pero ahí la tiras, ¿eh?
R. Claro. De Ayuso no puedo ser amigo. No me iría con ella ni a tomar un café.
P. ¿Y con Almeida tampoco? Dices que en Atocha tiene liada una…
R. Con el alcalde tampoco. Lo que pasa es que, como supongo que es tan patoso con los deportes como yo, creo que con él me llevaría mejor.
P. Sí, te llevarías mejor. El tío será de derechas, pero es simpático.
R. No sé si es simpático, porque no lo he tratado nunca. La verdad es que los políticos muchas veces juegan a ser simpáticos o parecerlo.
P. Yo he tenido que ver con huelgas en la EMT y me parece más gracioso que Carabante, que es su segundo.
R. Sí, la verdad es que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Puede ser.
P. Es muy divertido que en tu última novela bromees un poco, y además eso está muy bien, con que eres un novelista con poco éxito, de momento.
R. Es que somos mucho más los escritores que no vivimos de lo que escribimos que los que viven de lo que escriben. No sé si en calidad, pero soy un escritor del montón en cuanto a ventas. Soy, pues, como muchos otros escritores.
P. Te soy sincero: hay mucha gente que se llama escritor porque se autoedita, es decir, sacan un libro con treinta copias y todo eso. En tu caso, cuando leo tu libro, es el libro de un novelista.
R. Es que yo no me he autoeditado. Entiendo que la escritura tiene que ser como un trabajo. De hecho, es un trabajo, es un oficio, y pagar para que te publiquen va contra la lógica, ya que uno escribe para que sus libros se vendan. Siempre he publicado con editoriales convencionales, ninguna de autopublicación, pero no estoy en contra de ello. Simplemente, yo no lo he hecho.
P. ¿Cuál es tu mejor novela?
R. Está por escribir.
P. ¿Sí?
R. La que estoy escribiendo ahora.
P. ¿Y de las que has escrito?
R. Vamos a ver: creo que mi mejor novela es la que quedó finalista del Premio de la Crítica de Madrid, que es Crónica del último invierno. Es una novela escrita a tres voces, en la que un periodista tiene que investigar la desaparición de un muchacho en el año 77. Y, a partir de esa época, de ese año, reconstruyo la biografía de cómo cambió la ciudad de Madrid desde mi óptica de madrileño de barrio. Nací en el año 77 y los abogados laboralistas de Atocha murieron en enero del 77, justo a la semana de yo nacer. Es un acontecimiento que siempre ha estado ahí presente, un acontecimiento histórico que me ha perseguido, por decirlo así. Y decidí escribir una novela en la que reconstruir aquellos años desde una perspectiva un poco lírica del recuerdo y, por otro lado, desde una perspectiva más histórica y periodística. Así es Crónica del último invierno. Esta novela es una crónica sobre cómo cambiaron los barrios de Madrid y cómo, a partir más o menos del año 77, irrumpe la heroína, el movimiento vecinal se disgrega y se divide, empieza a haber conflictos de seguridad dentro de los barrios, etc. Me apetecía mucho contar esa historia no contada de la Transición. Creo que esa es mi mejor novela.
P. Veo que aprovechas tus novelas para meter tu ideología, tus puntos de vista.
R. Como todos los escritores.
P. Cosa que está bien. Mira, a nosotros nos acusaban hace poco de estar muy politizados. ¿Tú también estás muy politizado?
R. No especialmente. Lo que sí me considero es un ciudadano crítico, pero no milito en ningún partido político y no tengo aspiraciones políticas.
P. Pero tus opiniones son muy definidas, ¿no?
R. Sobre algunos aspectos, sí, claro que sí. En la defensa de lo público, por supuesto, pero en especial en la defensa de la educación pública, pues trabajo en ella y la defiendo. Creo que es un excelente mecanismo que garantiza la igualdad, el progreso y la democracia.
P. Hablando de la novela tuya que estoy leyendo, la trama engancha. Además, las descripciones son buenas, te meten en el clima.
R. Cuando escribo una novela, nunca me olvido de que estoy escribiendo una novela. La novela es un producto artístico. Por tanto, uno tiene que buscar el lenguaje adecuado para cada situación. Me gusta que el lector, o por lo menos esa es mi intención cuando escribo, disfrute no solo de la historia, sino de cómo se narra la historia.
P. Y te permite estos puntitos de poesía.
R. Por supuesto que sí. Es literatura y la literatura nos lo permite. No solo meter momentos más líricos o tener una escritura más literaria, como suele decirse, sino que lo que también me gusta es que el lector vaya descubriendo los mecanismos que construyen la novela.
P. Sabes que hay lectores que, si están enganchados a la trama, cuando empieza la poesía y la descripción se irritan.
R. Entiendo que es una dificultad, pero no subestimo a los lectores. Yo quiero que mis lectores sean inteligentes y sensibles a la vez. Busco, a lo mejor, el lector ideal y combinar literatura un poco más lírica con acontecimientos. Hay mucha gente que dice que lo primero que debe tener una novela es una buena historia. Sí, es verdad. Pero, si la novela tiene una buena historia y está mal contada, pues apaga y vámonos. Creo que el talento y la calidad literaria se demuestran precisamente haciendo que la buena historia se complemente con una buena narración.
P. ¿Más profe o más escritor?
R. No es lo mismo, son cosas muy diferentes. De hecho, tal y como está la educación pública hoy, es mucho más complicado ser profesor que ser escritor. El escritor se tiene que enfrentar a la página en blanco, pero el profesor se tiene que enfrentar a la burocracia, a los padres, a los recortes educativos, a las ratios elevadas, al descrédito social… Creo que es mucho más difícil ser buen profesor que ser buen novelista.
P. A ti te hemos conocido más por tu pareja que por ti. Es un personaje aquí, en el barrio.
R. Totalmente.
P. Y con una tienda preciosa.
R. Hemos hecho barrio.
P. De esa tienda, que yo no he visto aún, hablan maravillas. ¿También le dedicas tiempo a eso?
R. Por supuesto. Es un pequeño negocio familiar y, cuando me necesita, la ayudo.
P. ¿Y vives en Lavapiés?
R. Vivía en Lavapiés, pero ahora vivo en La Latina. Vivo en el barrio desde el año 2004; por tanto, desde hace veintidós años.
P. ¿Te has ido, entonces, a La Latina?
R. Sí.
P. Creo que allí se van los que son de Lavapiés y prosperan.
R. Bueno, yo me he ido de alquiler [risas].
P. Irse de alquiler a La Latina no es tampoco…
R. Ya el hecho de vivir en el centro de Madrid se está convirtiendo en un lujo inalcanzable para la mayoría de los madrileños que tenemos una nómina. En ese sentido, soy afortunado porque vivo en uno de los barrios más bonitos de Madrid, claro que sí.
P. ¿Qué piensas de lo difícil que, según dicen, se está poniendo Lavapiés?
R. ¿Difícil en qué sentido?
P. Hablamos de conflictivo, de sucio, de ruidoso. La derecha pide más policía, la izquierda pide más tejido social.
R. He vivido muchísimo tiempo en Lavapiés y siempre ha habido problemáticas. Lo que pasa es que nunca asociaría la problemática de Lavapiés solamente a que haya mucha población inmigrante. También, por ejemplo, hay muchos usuarios de una hostelería, fruto de la gentrificación, que no se comportan cívicamente, y la mayoría de ellos son españoles.
P. Pero la gente del barrio sabe que los que trafican no son noruegos.
R. No, los que trafican no son noruegos, en efecto.
P. Los noruegos trafican con los laboratorios de psicofármacos.
R. Sí, está claro, tienes toda la razón. Pero sí es verdad que, además de la droga, hay otras problemáticas en Lavapiés: la suciedad, las infraviviendas, el propio precio de la vivienda, la dificultad para acceder al barrio, la falta de infraestructuras, la falta de limpieza. Veo que la falta de limpieza es algo especialmente llamativo y que uno de los centros históricos más bonitos de Europa, como tiene Madrid, está desatendido completamente.
P. Y con la delincuencia, que debe ser verdad si algunos vecinos lo dicen.
R. He vivido veinte años en el barrio y jamás me han robado. No digo que no me pueda ocurrir.
P. Pero imagino que solo con más cámaras y más policía no se puede.
R. Pues tampoco parece que haya sido la solución si se ha incrementado la delincuencia.
P. Claro. Y hay suciedad. Hay calles que realmente huelen mal, y a la gente no le mola que en su calle huela a mierda.
R. Creo firmemente en la relación que hay entre ética y estética, y no puede haber nada bueno en un sitio lleno de mierda.
P. Yo siempre he dicho que, cuando la izquierda estaba organizada en un movimiento vecinal potente, los barrios más populares eran una maravilla.
R. Claro que sí.
P. Ni eran sucios ni estaban descuidados.
R. Porque los vecinos cuidaban de su entorno. Quizás también haya políticas deliberadas pensadas para degradar los sitios y convertirlos a la larga en escenarios turísticos. Lo estamos viendo con algunos barrios, en los que se están quedando sin comercio de proximidad, sin pequeñas tiendas. Los alquileres de los pequeños locales han crecido, solo lo pueden pagar grandes franquicias, y eso también hace que un barrio se degrade.
P. Pero también somos un poco hipócritas: nos quejamos de la turistificación y nos vamos de puente a un Airbnb, ¿no?
R. Quien lo haga. Yo, si te sirve de consuelo, jamás he cogido un Uber y jamás he pedido que me traigan una bolsa de hielo o una pizza estos de Glovo, porque para mí eso no es un trabajo: es una forma de esclavitud contemporánea.
P. Como trabajador de la EMT, lo de no coger un Uber me parece muy bien porque, además, van a por el transporte público.
R. Lo que no me parece normal es que estas empresas tributen en Holanda y ocupen nuestras calles. Si yo pago por algo, quiero que por lo menos revierta parte de lo que pago en mi país, en mi ciudad.
P. ¿Qué proyectos tienes?
R. Pues ahora mismo seguir escribiendo. Sigo, por supuesto, ejerciendo de docente y estoy intentando terminar mi próxima novela.
P. ¿Está casi terminada?
R. Sí, estoy terminándola. Es una novela también ambientada en los años de la Transición, en los años 70, y que va a tener que ver un poco con las relaciones que hay entre España y la independencia de Argelia.
P. No creo que quieras ser un novelista de éxito póstumo.
R. El éxito es muy relativo.
P. Pero te gustaría.
R. Me encantaría poder vivir, lógicamente, de lo que escribo, pero eso es muy complicado y más teniendo en cuenta que yo firmo con una editorial bastante pequeña, una editorial independiente. Además, no tengo detrás un programa de televisión ni lo presento, y tampoco presento un telediario.
P. Ahora escribe medio mundo.
R. Ya, pero una cosa es el negocio de la literatura de entretenimiento, que siempre ha existido, y otra cosa bien distinta es intentar escribir literatura de verdad.
P. En la novela tuya que estoy leyendo, Un hombre detrás de la lluvia, te presentas con mucha modestia, te haces poca propaganda.
R. Era mi tercera novela y, cuando la escribí, me conocía muy poca gente. A raíz de quedar finalista del Premio de la Crítica con Crónica del último invierno, sí que he tenido un poquito más de proyección en algún medio. Me han invitado a clubes de lectura, a dar conferencias o charlas, y así he podido presentar mi obra. Poco a poco sí que he ido notando que mi obra ha suscitado cada vez más interés. Pero el éxito literario… ¿Qué es el éxito literario? ¿Vender muchos libros y escribir como la presentadora de televisión que ganó el Planeta, Sonsoles Ónega, o como el contertulio de El hormiguero, que no me acuerdo ni cómo se llama?
P. Juan del Val.
R. No tengo nada en contra de ellos, pero para mí eso no es tener éxito literario.
P. Para que funcione el “boca a oreja”, hay que superar un número crítico. Por ejemplo, en este periódico no estaría mal hacer un llamamiento a los vecinos del barrio para que se acerquen a tu obra y, si les gustan tus libros, que los recomienden. Si tu barrio no te apoya…
R. Sí, estoy de acuerdo. En el barrio me conoce mucha gente. Yo siempre recomiendo leer literatura de verdad y, para disfrutar de esa literatura, recomiendo, por ejemplo, los libros de Galdós. Cuando alguien me pide que le recomiende un libro, le digo que se lea Fortunata y Jacinta, o La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín.
P. El tuyo que estoy leyendo está bien escrito.
R. Sí. Lo que pasa es que, cuando termino una novela y miro en mi estantería, en el despacho donde escribo y donde tengo miles de libros, me pregunto qué he aportado yo a lo que ya ha dicho Flaubert hace ciento setenta años.
P. Es que Madame Bobary es lo más.
R. En efecto, Madame Bovary es lo más. Ya tienes titular para la entrevista [risas]. O La Regenta.
P. Es que yo con el libro de Madame Bovary me puse muy cachondo cuando era adolescente [risas]. Claro, es porno duro, tío.
R. Bueno, pero la imaginación la pones tú, no la pone Flaubert [risas]; o sea, el cachondo eres tú. Pero lo que quería decir es que yo recomendaría siempre las Novelas ejemplares de Cervantes o los Episodios nacionales de Galdós.
P. Pero tú te sientes escritor con todas las letras. Cuando me leo tu novela, es la novela de un escritor.
R. Cuando escribo, lo que intento es profundizar en el oficio del escritor. Por cierto, el oficio de escritor tiene dos vertientes, pues no se puede ser escritor sin leer. Y esto es fundamental. Yo siempre digo que no sé qué me gusta más, si leer o escribir, y a mí casi me gusta más leer. El viaje ha sido así: empecé leyendo y termino escribiendo, pero siempre seguiré leyendo. Lo que no se puede es pretender escribir libros sin haber leído, sin tener bagaje alguno, que es lo que creo que les pasa a muchos de estos escritores que airean los medios de comunicación y que hacen una literatura acomodaticia, por calificarla de alguna manera.
P. A ver, a lo mejor no te va a gustar, pero para mí el wokismo aplana el talento. Además, vivimos en un tiempo de mucha uniformidad.
R. Más que de uniformidad, yo diría de simpleza. Es decir, estamos acostumbrados a leer libros planos, con personajes planos, sin profundidad psicológica y con prosas muy malas, muy flojas. Se abandona, hoy en día, el lenguaje literario, y esto es todo un debate. ¿Y qué es el lenguaje literario? Desde luego, el lenguaje literario no es el lenguaje habitual. A estas novelas que lee muchísima gente, los best sellers, yo las llamo literatura del “entonces va y dice”.
P. Tú, como escritor, nunca puedes decir que un personaje “va y dice, dos puntos, comillas”. Esta simpleza es, en el fondo, escasez de pensamiento.
R. Claro.
P. Alejandro, nuestro corrector, dice que el día que le coloquemos una @ o una X se va.
R. Esas simplificaciones a mí me recuerdan al neolenguaje o a la neolengua de Orwell. Por otro lado, ¿para qué decir feo si podemos decir no bonito? Y esa simplificación tiene que ver con un adelgazamiento inaceptable del pensamiento, y no sé quién está interesado en que seamos igual de planos hablando que pensando. Por eso te decía que me considero un hombre crítico. Y no, no es una tendencia marcada políticamente. No tiene que ver con eso, sino con un permanente cuestionamiento de la realidad.
P. ¿A ti no te asusta escandalizar o provocar sentimientos contradictorios?
R. No, ¿por qué? Mi trabajo es ese como escritor. Tú me lo acabas de decir ahora mismo: a ti Flaubert, ¿no te genera sentimientos contradictorios? ¿O Galdós? Cuando lees a Galdós, ¿no sientes compasión por algunos de sus personajes más perversos?
P. Es que, además, ese buenismo no me lo creo.
R. Claro, es que la vida no es así.
P. Y la gente no somos así.
R. La vida no es así. Otra cosa es que alguien esté empeñado en contarnos una versión naif de la existencia, pero la existencia tiene mucho más que ver con Camus que con Juan del Val.
P. Seguro.
R. Ya tienes otro titular [risas].
P. Dirígete a la gente del barrio que no ha tomado contacto con tu obra. Yo sé que eres conocido en el barrio, al igual que tu pareja, pero hay gente que seguramente no te ha leído. ¿Qué les recomiendas? ¿Por dónde tienen que empezar?
R. ¿Dices de mi obra?
P. Sí, sí.
R. Les recomendaría, sobre todo, abrir la mente a nuevos nombres. Creo que estamos muy mediatizados por lo que nos venden, por la publicidad permanente de este mercado editorial. El mercado editorial es un mercado, así que lo que pretenden las editoriales es lícito: vender sus libros. Lo que les recomiendo a mis vecinos es que abran su mente a otros nombres, a otros discursos, a otras formas de entender la vida, a otras formas de entender la literatura. Que no se queden en el simplismo. No lo digo por mí, aunque me encantaría que me leyeran y hay algunos que me leen ya. Pero me gustaría que descubrieran en la literatura una fuente de conocimiento, de reflexión, que no ofrece muchas veces la mera literatura de entretenimiento de los best sellers y de muchos de los grandes nombres. Ahora mismo venimos de estar en la Feria del Libro y nos reíamos porque decíamos: “No tengo cola porque soy escritor”. Si tuviera cola sería youtuber, sería un mamarracho de estos que salen por internet. Creo que lo que hay que hacer es incentivar a la gente a leer discursos alternativos, porque esos discursos alternativos son los que precisamente van a cuestionar la realidad.
P. Pero, para acercarse a tu obra, ¿no propones ningún orden?
R. No propongo ningún orden. He escrito novela y ensayo. A mí me encantaría que la gente empezara por el ensayo, por La oveja negra que devoró el manual de literatura, porque lo que hago es arremeter contra la cultura del best seller, arremeter contra la cultura de la inmediatez, contra la frivolidad. Animo a los lectores no a que me lean a mí, sino a que lean a los clásicos, y son clásicos porque todavía en ellos encontramos claves para interpretar nuestro presente. Sí, les recomendaría La oveja negra que devoró el manual de literatura para que la gente pegara el salto; es decir, de ese pequeño manifiesto en favor de la literatura de verdad, pegara el salto a los clásicos. Y, cuando hayan leído a los clásicos, que luego sigan con Luis Quiñones porque tengo cuatro novelas bastante interesantes, pero que no son imprescindibles de leer.
P. Y con la cosa política no te vas a meter.
R. No he parado de hablar de política.
P. Ya, ya. Digo de un modo un poco más descarado.
R. Es que yo creo que escribir una novela ya es una forma de hacer política. Escribir un libro o reivindicar que se lea a los clásicos y analizar con cierta perspectiva la realidad es, sin ninguna duda, un acto político.
P. Y no metiéndose solo con Abascal, que eso está chupado. Eso es para facilones.
R. Por ejemplo, Crónica del último invierno es quizá mi novela más política porque, de algún modo, pongo en evidencia que los que perdieron la Guerra Civil también perdieron la Transición. Hablo de esa gente que vino de los pueblos y de las provincias a vivir en los barrios que creyeron suyos, pues los construyeron con sus propias manos, y de repente se vieron despojados de su libertad. Esas personas, por decirlo así, son quienes perdieron también la Transición.
P. La Transición ahora la están degradando cuatro pintamonas. Yo, que estuve en lo sindical, que estuve en lo vecinal, creo que hubo mucho heroísmo, hubo mucha lucha, hubo mucha valentía.
R. Pues es lo que estoy diciendo. No estoy, ni mucho menos, desvirtuando la lucha de los barrios. Al contrario: lo que estoy diciendo es que esa batalla se perdió y que esos que perdieron la guerra también perdieron la Transición. Ahí tienes otro titular. Como he dicho, siempre que escribes un libro estás haciendo un acto político. ¿Por qué? Pues porque estás tomando una postura. Es hablar explícitamente de cómo las democracias se están acabando o de cómo están cambiando y no sabemos a dónde vamos. Ya hay libros que nos cuentan que estamos en un periodo de cambio hacia otro sistema político que no sabemos cuál es, no sabemos a dónde vamos a llegar, lo que se conoce como democracias autoritarias o como “fascismo 2.0”, que Chomsky incluso lo ha definido así.
P. Y Taibo habla de ecofascismo…
R. También.
P. Mira, yo vengo del mundo sindical, y ahora veo que los trabajadores públicos están desplegando la pancarta tras haber firmado un acuerdo plurianual con un incremento salarial que no tiene el resto y que, para el 2027, os van a clavar un 4,5 de subida. Eso entiendo que es comprar votos porque hay elecciones.
R. Para mí está claro que, por ejemplo, los sindicatos de educación han firmado un acuerdo sobre el número de horas lectivas que tenemos que hacer que no se corresponde con las demandas reales de los profesores. La lucha sindical va por otra vía.
P. Pero tú sabes que este momento en concreto es el momento de menor libertad en nuestra historia reciente, en el sentido de que no hay un solo colectivo, asociación o medio que no esté dopado con chorros de dinero público. Por ejemplo, esa perversión de los Next Generation.
R. Es que creo que el único espacio de absoluta libertad es la escritura, es la creación literaria. Pero luego volvemos a lo mismo: no deja de publicarte una editorial que responde a unos intereses. Es decir, las grandes editoriales de España están en manos de quienes están, como el Grupo Planeta y otros parecidos.
P. Sinceramente, no ves fácil salir de ese círculo y proyectarte. Si uno no tiene éxito porque lo que hace no gusta, vale; pero, si no lo tiene porque no se puede mostrar, eso es injusto.
R. Pero volvemos a lo mismo: ¿qué es el éxito?
P. Claro, sí, sí.
R. Yo, por ejemplo, tengo cuatro novelas publicadas y el ensayo. Eso para mí ya es un éxito personal.
P. Seguro, y te lo has currado.
R. Me encantaría, como ya te he dicho, vivir de lo que escribo porque considero que también es mi oficio y me gusta el oficio de escribir, pero no pienso que sea un fracaso el hecho de no haber firmado con un gran sello editorial o no tener una proyección internacional. No sé si ocurrirá en algún momento que tenga la oferta de alguna otra editorial, pero de momento no considero que sea un fracaso.
P. De repente, pegas un pelotazo y te da la vuelta a la vida.
R. Es muy difícil vivir de cualquier actividad creativa, lo sabéis de sobra. El sector de la cultura en España está muy maltratado. No te lo digo solo como escritor, te lo digo como docente también. Hablad con actores, con personas dedicadas al cine o al teatro. Son situaciones bastante precarias las que se viven en algunos casos. Por fortuna, creo que escribir es un ejercicio para mí saludable y maravilloso, es un espacio de libertad como no hay otro y me ha permitido publicar libros y conectar con mucha gente, porque al final la literatura no deja de ser comunicación.
P. Y te gusta tu barrio, tu vida, tu pareja, tu gente, tu curro.
R. Sí, sí, estoy encantado, pero me gustaría mejorar algunas cosas de mi trabajo, por ejemplo. Ya te he contado antes que la situación en la que estamos currando los docentes es bastante compleja.
P. ¿Pero solo en Madrid o en todas partes?
R. Trabajo en Madrid. Soy funcionario desde hace veintipico años.
P. Pero sabes lo que pasa en otros lugares.
R. Sí, pero ser docente en Madrid es muy complicado. Los salarios están por debajo de la media de España y la ratio de alumnos está por encima.
P. ¿Son veinticinco?
R. Veinticinco más un diez por ciento. En bachillerato se puede llegar hasta treinta.
P. Y las horas lectivas, ¿cuántas son?
R. Lectivas, de tiza, veinte. Seguimos con veinte horas lectivas. Y una reivindicación nuestra es volver a las dieciocho, que era lo que teníamos antes de la crisis de 2009. La crisis ha acabado, la economía ha crecido y nosotros continuamos con veinte horas.
P. Un profesor de universidad tiene treinta días de vacaciones como todos los demás.
R. Yo tengo, en realidad, las vacaciones en agosto. En julio estás al servicio de la Administración.
P. Pero te puede pillar en las Hurdes o en Ibiza.
R. Sí, pero también es cierto que un funcionario de nuestro nivel, equivalente a un nivel A24, en el que estamos los docentes, gana del orden de cuatrocientos euros menos de lo que gana un funcionario de mi nivel del Ayuntamiento de Madrid, es decir, un técnico.
P. Sí, os lleváis netos como unos dos mil y pico pavos
R. Tampoco es un sueldo como para tirar cohetes.
P. Dos mil doscientos, dos mil trescientos netos.
R. Con varios sexenios, sí. Hay docentes que ya no están opositando en Madrid porque el precio de la vivienda les impide alquilarse un piso aquí. Pegas el salto a Guadalajara o a Toledo, y no solo ganas lo mismo, sino que además la vivienda es más barata. Eso es un hecho. ¡Luego dicen que faltan médicos y profesores! Un informático, una persona cualificada, alguien que haya estudiado una carrera como Matemáticas, y que se dedique a la inteligencia artificial, no quiere ser docente porque hay empresas tecnológicas que ahora mismo están pagando muy bien.
P. Yo presumo de que no nos han conseguido colar en este periódico un artículo escrito con inteligencia artificial.
R. A mí la inteligencia artificial, de momento, no me preocupa mucho. Me preocupa más la estupidez natural.
P. Terminamos con eso, es un buen final: es peor la estupidez natural que la inteligencia artificial. Otro titular…
Al final casi ha parecido más una conversación que una entrevista, y eso que no ha quedado grabado y transcrito lo que siguió después, cuando alguna gente del periódico que estaba presente preguntaba por la participación de padres y alumnos en la educación pública, los diagnósticos de TDAH o el uso disparado de psicofármacos en jóvenes y niños. Desde luego que la entrevista al docente también hubiera sido muy interesante, como la entrevista al funcionario o el empleado público y su situación laboral comparada con quienes trabajan cada vez más de un modo precario.
Esto es lo bueno de un medio como este: que todo el mundo se siente concernido. Interesante saber del escritor, interesante saber del vecino, interesante saber del docente y del empleado público, y si además se trata de alguien como Luis, que dice lo que piensa sin disfraces, mejor aún. Compartimos una entrevista con Luis Quiñones, y el buen rato que hemos pasado esperamos haberlo compartido de algún modo también con los lectores.
