Problemas, información, pandemias y miedo
Es difícil hablar de los problemas, entre otras causas porque el sistema de (des)información nos aísla en burbujas. ¿Que ves un vídeo en YouTube sobre la chía y el lino dorado? A partir de ahí lo sabrás todo sobre esas semillas (por cierto, muy saludables), mientras que tus amigas no habrán oído jamás hablar de ellas.
Claro que peor es tener 10 años y entrar en la burbuja de la pornografía violenta (valga la redundancia). O tener 6 años y estar ya diagnosticada de síndrome de adicción a las pantallas. O ser el padre o la madre que le ponías el móvil para que dejara de chillar, porque nadie te había advertido. O tener 12 años y que te «desnuden» tus compañeros con la IA. O que te birlen todos tus ahorros en un timo vía internet. O que pierdas tu puesto de trabajo porque te sustituye la IA.
¿Qué hacen los gobiernos? Nada relevante. Alguna declaración, alguna propuesta, como la de prohibir las redes sociales a menores de 16 años, aunque ya advierten que será difícil llevarlo a cabo; y además sabemos que eso no resolvería el problema porque basta con encender el móvil. Por cierto, ¿os acordáis de cuando se debatía sobre los peligros de las pantallas para la infancia? Eso desapareció en 2020 con el confinamiento que dio paso a la «nueva normalidad».
Pues bien, además de los problemas personales, tanto «virtuales» como los también «reales» del día a día, ¿de qué debemos preocuparnos? ¿De la guerra? ¿De los genocidios en curso, y particularmente del operado por Israel sobre el pueblo palestino? ¿De las mujeres sin derechos humanos? ¿De la grave crisis económica que ya está aquí como consecuencia de las guerras y de otros comportamientos indecentes de quienes (des)gobiernan el mundo?
No, no, nada de eso. Este mes de mayo, durante más de una semana, el 99% de los telediarios de la televisión pública han estado ocupados por la llamada «crisis del hantavirus». Gran coordinación internacional, esa que por lo demás nos dicen que es imposible. Todo por un virus endémico en la región de los Andes que es de extremadamente difícil transmisión entre personas y que no ha mutado, así que es lo de antes si excluimos el ruido mediático.
Sin darnos un respiro, a continuación la OMS ha declarado la «emergencia de salud pública de importancia internacional» por otro virus endémico: la variante Bundibugyo del ébola, que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda. En el momento de la declaración («el segundo nivel de alerta más alto») había 8 casos confirmados con tests (no nos cuentan si con síntomas o sin ellos), «al menos 80 fallecidos sospechosos» y «336 casos sospechosos».
Como no se puede responder a estos movimientos con impresiones sin fundamentar, aconsejo recurrir a la doctora Karina Acevedo Whitehouse, que nos ofrece información científica en su canal de Telegram (se llama Akasha Comunidad). El 16 de mayo publicó una tabla detallada sobre los brotes de ébola declarados cada año desde 1976 (por ejemplo, ese año: 318 casos reportados; 280 muertes; 3 meses de duración). El 8 de mayo emitió un vídeo de una hora con lo que se sabe del hantavirus.
La Dra. Acevedo no nos dice lo que debemos pensar; nos pide que saquemos conclusiones por nuestra cuenta. Yo saco la mía: en cuanto a los virus no parece que haya pasado nada muy diferente ahora. En cuanto a lo demás, todo cambia por momentos. Cuando escribo estas líneas, el presidente Pedro Sánchez y la ministra de Sanidad están en la asamblea anual de la OMS (del 18 al 23 de mayo). Porque «el mundo sigue sin escudo ante una futura pandemia y la OMS inicia su cita anual con intención de evitarlo». Por ello… «el encuentro busca desbloquear las negociaciones del Tratado de Pandemias» (publico.es). Este tratado (del cual se habla mucho en algunas burbujas y del que no se tiene noticia en la mayoría) se aprobó en la asamblea de 2025 (sí, España lo aprobó y ratificó), pero no entrará en vigor porque algunos países se resisten a tener que compartir datos…
La secuencia temporal es bastante curiosa, pero no saquemos conclusiones apresuradas; quizás sea simple casualidad que se hayan presentado estos dos virus turnándose justo las dos semanas anteriores a esa asamblea de la que quizás el mundo salga «preparado». En resumen, miedo, mucho miedo. Como si no tuviésemos ya bastante miedo.
Le he querido contar estas preocupaciones a una amiga y me ha cortado: «¿Es que no vamos a poder desconectar?». ¡Ella que llevaba una semana pegada al hantavirus televisivo! Me ha dolido.
