SECCIÓN DEL AUTÓNOMO
Tengo el hábito saludable de hacer deporte, y al aplicarlo pienso si lo que escribo se tiene en cuenta o se olvida, o si, al hacer crítica de ello, se juzga desde un estado copioso o carente, o tal vez sea aplicado a modo de terapia obsesiva.
Se trata de mi historia, esta vez es mi historia económica. Para su desarrollo he elegido una obra artística de mi cosecha y he añadido una pluma de ave, pertenece a una paloma.
¿Qué percibimos en esta imagen? ¿Se puede considerar que lo interpretativo está siempre presente en la utilización de lo novedoso aplicable al proceso creativo? Para exponerlo, parto de una ambigüedad pictórica: la pluma es el motor, el movimiento, lo que está en el aire, mi yo creativo. Y está en un primer plano. Se muestra un posado en estado de empoderamiento y reposo, a lomos de decenas de libros manuscritos con diferentes tonalidades naturales que evidencian sutileza de lo áspero en los elementos que conforman esa composición bidireccional y escalonada perteneciente a los trabajos que realicé con mi empresa. Al comienzo de mi vida laboral trabajé como asalariado en diferentes empresas de la construcción. Después, mi ambición por emprender como autónomo, creando mi propia compañía, que estuvo operativa unos años hasta que una recesión económica cesó mi sueño debido a los sucesivos impagados y concursos de acreedores sufridos, y es que fueron hasta ocho empresas en un periodo de año y medio las que me notificaron su insolvencia. Como consecuencia, mis recursos económicos se vieron limitados para atender mis obligaciones. En lugar de aventurarme y huir de este trato autoimpuesto por las circunstancias de crisis, declino plantearme cumplir con la ley mediante la presentación de mi concurso voluntario. Traté de reunir con esperanza y celeridad todos los recursos económicos disponibles, afectando y alterando el entorno familiar, puesto que la cifra exigida y formulada por el abogado que me propuso un gestor de una entidad bancaria con la que trabajaba me garantizaba la ayuda para reflotar mi empresa. Así, le confié y redacté, con todo detalle, la situación revolucionaria e irrecuperable que estaba viviendo mi talón de Aquiles. Preocupado por las notificaciones de Hacienda, por las devoluciones de pagarés y nóminas, por la cancelación de préstamos y líneas de crédito, por la cancelación de certificaciones y facturación; alegando perjuicios ocasionados en la obra, por la reclamación de manera violenta y descontrolada por parte de proveedores y empleados, por las amenazas hacia mi persona sufridas por familiares allegados en sus domicilios, teniendo que ser auxiliados por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Todo un cúmulo de acontecimientos en cadena fuera de mi dominio. Mi única acción en ese momento era confiar en él. Mientras tanto, seguía recibiendo impagados de alto valor económico y falta de dinero para completar la cantidad presupuestada, incluso hubo familiares que pusieron bienes de su propiedad como garantes, que resultaron ser escasos para llevar a cabo su presentación. Lo que resultó ser un hurto, pues dilató el plazo para su presentación alegando falta de pago; ya le había entregado miles de euros, negándose a admitir el endose de varios pagarés de las empresas que me acusaron concurso, para completar la cantidad a satisfacer de mi defensa. Esta situación me hizo que abriera otro procedimiento judicial mercantil paralelo para tratar de recuperar ese dinero.
A la postre, sin ningún tipo de recurso, me fue asignado un abogado de oficio para tratar de salvarme, poniendo así fin a mi emprendimiento y vulnerabilidad.
Pasé por varios centros de ayuda y, finalmente, mi abogado de oficio presentó mi concurso voluntario de persona física.
Presentar un concurso de persona física no es escribir una carta de amor al universo o presentar mis últimas voluntades. Considero un nuevo renacer sin olvidar el aprendizaje recibido, saliendo fortalecido de mis debilidades y transformarlas con alegría en una fuente de fuerza.
José Antonio Tejedor Herranz
