Cultura

Vicente Pastor y Lavapiés: el torero que nunca abandonó su barrio

By 4 de noviembre de 2026No Comments
Retrato sepia de una persona con montera y traje de torero bordado

Pocas figuras representan tan bien el vínculo entre la tauromaquia y el Madrid popular de comienzos del siglo XX como Vicente Pastor Durán (1879-1966). Alcanzó la fama, pero nunca renunció a sus orígenes ni a las calles de Embajadores y Lavapiés, el barrio que marcó su carácter y al que permaneció unido toda la vida.
Nació el 30 de enero de 1879 en la calle de Santiago el Verde, en el corazón de Embajadores, en una familia humilde y trabajadora. Su padre, Miguel Pastor, era guarnicionero; su madre, Antonia Durán, sostuvo el hogar y fue una presencia decisiva en su vida. La familia residió después en la calle de Embajadores, número 9, una dirección que se convirtió en punto de encuentro de periodistas, amigos y aficionados. Allí seguían viviendo su madre y varios de sus hermanos, y allí regresaba Vicente, consciente de que el bienestar familiar dependía en buena medida de su trabajo.
Su historia es también la de tantos muchachos de Lavapiés que tuvieron que ganarse la vida desde muy jóvenes. A los doce años entró como aprendiz en un taller de guarnicionería dedicado a reparar carruajes. De aquel oficio conservó una prenda que acabaría haciéndose famosa: la blusa azul con la que saltaba al ruedo en las capeas populares. El público comenzó a llamarlo Chico de la Blusa. El apodo nació en la arena y entre la gente corriente, no en los salones elegantes; por eso simbolizaba algo más que una indumentaria: recordaba el origen trabajador del torero y su orgullo de pertenecer al Madrid popular.
Las crónicas de la época describen a un hombre serio, austero y metódico, poco amigo de las juergas y de la ostentación. Era, según la prensa de 1911, “el hijo cariñosísimo y el amigo excelente”. El éxito no lo apartó de los suyos. Cuando dejó la casa donde había nacido para instalarse en otra algo más confortable, lo hizo por insistencia de sus amigos y con disgusto. Tampoco olvidó a las personas sencillas que lo habían acompañado en sus comienzos. Su apoderado, Antonio Gallardo, vivía en la calle de Tres Peces, en el mismo entorno de Lavapiés y Embajadores: otra muestra de cómo el barrio formaba parte de las redes profesionales que sostenían el mundo taurino madrileño.
Su ascenso fue lento y exigente. En 1902 tomó la alternativa de manos de Luis Mazzantini y fue consolidándose hasta convertirse en una de las grandes figuras del toreo. El 2 de octubre de 1910 alcanzó uno de sus momentos más recordados al matar a Carbonero, de Concha y Sierra, en una faena que entusiasmó al público de Madrid. La petición de la oreja fue un precedente destacado en la plaza madrileña y la ovación terminó con el torero llevado a hombros hasta la calle de Alcalá.
Pero la fama nunca borró al muchacho de Embajadores. En 1913 murió su padre, y el entierro congregó a numerosos compañeros y aficionados. Cinco años después, el 23 de mayo de 1918, tras una corrida benéfica del Montepío de Toreros, Vicente volvió a su domicilio de Embajadores. Allí estaban su madre y sus hermanos. Pidió unas tijeras a su madre y le dijo: “Córteme usted la coleta, que no vuelvo a torear”. La retirada fue definitiva, y aquella escena familiar resume como pocas su relación con los suyos.
Vivió todavía casi medio siglo. Siguió asistiendo a los toros y fue una figura respetada por la profesión. En 1952 recibió la Medalla de Plata de Madrid. Falleció en 1966, a los 87 años, dejando el recuerdo de un hombre definido por la disciplina, la honradez y la fidelidad a sus afectos.
La memoria de Vicente Pastor sigue ligada a Santiago el Verde, Embajadores y Lavapiés: calles donde empezó su vida, donde su familia permaneció y donde el torero nunca dejó de reconocerse. Su trayectoria cuenta el ascenso de un trabajador que llegó a lo más alto sin renegar del barrio que lo vio crecer. En su blusa azul, en la casa familiar de Embajadores y en el cariño de sus vecinos permanece una imagen del Madrid popular de hace más de un siglo.

Carlos Sánchez Tárrago

Retrato vertical sepia de una persona de pie con montera y traje de torero
Diario La Mañana, 22 julio 1911. Restaurada digitalmente con ayuda de la IA

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