En esta ocasión se nos complica el editorial con dos temas importantes y distintos. El primero tiene que ver con el espacio de La Polifacética, en el que nos agrupamos muchas de las asociaciones más dinámicas del barrio, y a la legítima aspiración de seguir disponiendo del local municipal que nos cedieron en su día. El otro tema que nos tiene absolutamente “tomados” en las reuniones del consejo y en los debates que se proponen es el raro y feo momento político, agravado por un adelanto electoral que obliga a que los peores monstruos salgan de sus cuevas oscuras escupiendo veneno en todas direcciones. Pero vayamos por partes…
El barrio y La Polifacética
Cuando se ha tratado de redactar el proyecto que explica quiénes somos y por qué necesitamos los espacios que se nos ceden, hemos caído en cuenta de la enorme potencia y valor de lo construido hasta ahora.
En La Polifacética, organizaciones muy distintas compartimos locales y nos organizamos para que cada cual despliegue su proyecto, y esto supone que las identidades son de cada asociación y que la identidad del conjunto ha quedado muy diluida. Muchas de las asociaciones merecerían un local como este para su uso particular, pero está muy bien acostumbrarse a compartir.
Cuando nos hemos reunido a redactar formularios nos hemos asustado a la hora de poner números a la cantidad de voluntarios, gentes implicadas en distinto grado y, sobre todo, de receptores de lo que se organiza en las salas de estos locales. Si tenemos que sumar lectores de este periódico barrial con espectadores de las representaciones teatrales o artísticas, receptores de ayuda y alimentos, asistentes a cursos, talleres y debates, hablaríamos de decenas de miles de personas con sus correspondientes cerebros y corazones. Si cuantificamos voluntarios, organizadores, activistas de causas sociales y culturales y gentes en general construyendo realidades barriales tangibles, el número y la calidad de lo que se muestra da vértigo.
Como ya nos conocemos todos, los movimientos estratégicos que se intuyen ya nos hacen temer que se van a presentar muchos en vacío, alguno de los que dentro de este espacio no han hecho nada o casi nada o de los que se colocan detrás de frentes políticos afines. En nuestro caso no ha sido fácil, y por eso sabemos que no va a ser fácil igualar nuestros méritos; y también sabemos que el no haber aplicado demasiada energía en la propaganda hueca nos puede penalizar. Nuestro proyecto y nuestros méritos se pueden auditar sin problema, pero nosotros, y esperamos que el barrio también, auditaremos si otros proyectos contienen realidades o solo humo. Y cualquier propuesta que contenga realidades perfectamente podrían compartir espacio con los que ya estamos, porque llevamos ya muchos años haciendo hueco a quienes quieren construir barrio.
En este periódico hemos entrevistado a todo el mundo, sabemos quién es quién en el barrio y también sabemos que no somos tantos los que nos curramos las cosas, pero sobre todo sabemos que somos menos aún los que nos movemos por libre.
El proceso de asignación de locales va a tener que ser algo transparente, algo que se tiene que mover con luz y taquígrafos.
Si las organizaciones que se reúnen y despliegan sus actividades en La Polifacética se ven afectadas por no disponer de unos locales modestos y discretos como estos, va a ser una catástrofe para el barrio, y un periódico como este, que lleva tantísimos años de experiencia y actividad independiente, lo va a contar con mucho detalle. Es muy buen debate y muy buena reflexión la de los espacios públicos disponibles para actividades barriales, la de la necesidad de compartir y de organizarse, la de no plegarse a partidos o facciones y la de poder ser auditados sin problema por cualquier vecino o vecina que lo quiera hacer. A nosotros nos viene muy bien dejar el periódico en el local, nos viene muy bien reunir el consejo abierto todos los lunes a partir de las 19:00 horas y los viernes a la misma hora el espacio de debate abierto y comunicación directa que hemos llamado “el café de los viernes”. No nos importa compartir espacios con organizaciones distintas y hasta nos gusta la libertad y la diversidad real que disfrutamos, y nos partimos de risa si algún recién llegado cree que esto es fácil. También tenemos la seguridad y la certeza de que, si algo tan modesto se nos niega en algún momento, nuestra actividad no se va a detener, pero nos tememos que eso no va a ser así en todos los casos. Mira que hemos discutido durante estos años con alguno de los que forman parte de este proyecto diverso, pero al final el roce hace el cariño y, si vemos naufragar por el motivo que sea tanto trabajo voluntario y tanta generosidad, nos va a gustar muy poco…
Y el otro tema… La manipulación de la política hasta la náusea
Desde siempre hemos intentado no incluir en el número del periódico coincidente con las elecciones la menor propaganda electoral tácita o explícita, y eso no incluye los artículos firmados, en los que cada cual puede argumentar lo que quiera y como quiera. En esta ocasión nos cuesta mucho no salir con nuestra enorme y santa indignación a repartir hostias como panes (hostias figuradas, por supuesto) ante el espectáculo que se nos ha desplegado ante los ojos. Nos parece que la gente no es imbécil y que muchas estrategias, decorados y simulaciones se van a volver en contra de los que las han pergeñado, pero la sensación de asco, la náusea que están produciendo altera el sueño y la digestión de las buenas gentes.
Nos preocupan mucho las tonterías que escuchamos a buenos amigos y buenas amigas porque las complicidades con según qué porquerías tienen consecuencia en el propio psiquismo y les puede explotar el corazón y el cerebro en cualquier momento.
Si te pasas todo el día mintiendo, si falseas tu pensamiento, tu sentimiento y tus acciones, vas a terminar por no saber lo que piensas, lo que sientes o lo que haces; en realidad vas a terminar no siendo capaz de limpiarte el culo tu solito.
No es suficiente con invocar el mal menor y hacer lo necesario para que no vengan los malos o para evitar que la gente se equivoque votando mal. No es suficiente si para conseguir eso tienes que comer mierda.
Una huelga es una huelga, una manifestación es una manifestación y un sindicato es un sindicato y, si llamas sindicato a un pepino, cuando veas un sindicato de verdad en acción no vas a saber de qué se trata. La marcha minera, en su día, a lo mejor no es tan estética como una batucada (depende de los gustos), pero no son exactamente lo mismo. Si una movilización sale de una feria del IFEMA o si para llevar a cabo un acto revolucionario te tiene que escoltar y proteger la policía, ya empezamos mal. En una asamblea se debate con libertad y se decide, porque una asamblea de verdad es resolutiva. La corrupción política o económica no es un mal menor en ningún caso.
En nuestros debates no eludimos ningún tema y cuando hablamos de los incendios, de la acampada de Sol, de los decretos, de la “ley de nietos”, del voto por correo, de la sanidad, de la educación, de dios o del diablo o de lo que sea que decidamos, lo hacemos con tal rigor y profundidad que los relatos o las consignas se caen en los primeros cinco minutos.
Vota a quien quieras, no votes si no quieres, vota mal o vota bien, pero sobre todo no compres porquerías indecentes porque te va a afectar de un modo muy serio a tu equilibrio mental y emocional.
Alguno y alguna del periódico hemos hecho huelgas muy bestias y por eso sabemos que eso de quemar colegios o ayuntamientos, romper escaparates para robar zapatillas de marca o móviles de alta gama no es la revolución. Lo de las bengalas rojas, las sudaderas negras y los pasamontañas forma parte de la escenografía de izquierdas y derechas de un modo extrañamente similar. La verdad es que los cambios profundos y reales se mueven con menos aspavientos. No vamos a seguir porque el cabreo monumental que destila la gente en el consejo y en los debates nos podría hacer decir cosas muy gruesas, y de momento lo vamos a evitar.
Vamos a seguir hablando los lunes y los viernes, y vamos a seguir creando inteligencia conjunta. Sirvamos un café, comamos algo rico y dulce y, sobre todo, disfrutemos de la buena gente de este barrio y de este periódico.
