Opinión

Vendo sandías explosivas

By 12 de octubre de 2026No Comments
Ilustración de una sandía con una mecha encendida y un destello amarillo

Riday Abdur Rahaman

Desde hace unos años vendo sandías explosivas. Es un producto muy popular, lo consumen personas de todas las edades. Puede que mi tienda no sea gran cosa y que el resto de mi fruta sea vulgar. Pero las sandías son distintas. Las preparo yo mismo en casa y son lo mejor de la ciudad. Tengo un huerto donde planto las semillas cada semana. Cuando brotan y se hacen más grandes, las hincho con aire y dejo que sigan creciendo como si nada. Esto hace que tengan bastante hueco dentro cuando crecen. Una vez que tienen forma de balón de playa, las inyecto con pólvora, azufre, confeti, un reloj que hace tic tac disimuladamente y jugo de sandía. Quiero asegurarme de que mis clientes se llevan lo mejor del mercado. Un producto que realmente valga cada céntimo que están pagando.
Hace años tuve que disminuir el tamaño de mis sandías. Fue debido a que el precio del aire que usaba para hinchar mis frutas había aumentado. Por desgracia, muchos clientes se dieron cuenta. Me decían que la fruta había dejado de ser como la de antes y que, cuando se reunían en casa con sus seres queridos para comer, la cosa no daba nada de gusto ni sabor. Algunos me comentaban que la sandía sonaba a balón al que se le escapa el aire. Es normal que luego se quejaran indignados de que las explosiones no eran como las de siempre, que más bien les parecían desagradables porque les producían demasiado escozor en la piel y una ceguera extraña. También me llovían bastantes críticas, pues insinuaban que lo que yo quería era ganar dinero y aprovechar para subir los precios y dar un producto similar pero peor. Entonces, tuve que poner ofertas de 2×1 durante varios meses hasta que la gente dejó de criticar y se acostumbró al nuevo tamaño de la sandía. Sin embargo, yo, por ser un hombre honesto y de buena educación, en cuanto el precio del aire mejoró, volví a hacerlas como antes. ¡Cuánta gente feliz venía a mi negocio hablando de que las sandías explosivas de antes habían vuelto!
Siempre me acordaré de mi clienta predilecta. Una abuela que solía llevarse dos pares, ahora le da por comprarse tres. Cada vez que la veo aparece distinta, un día sin cejas, otro día con los pelos de punta, otro día cojeando. Según ella, sus nietos siempre se comen las dos sandías que compraba y a ella no le dejaban nada. Entonces, para compensar decidió llevarse una más. Definitivamente es mi clienta más fiel y a la que más cariño tengo. No sé por qué llevo días sin verla.
Hay que aclarar que para nada pienso vender mi patente de sandías explosivas. El proceso que he descrito aquí es solo la punta del iceberg. Es más, ni por los mil millones que me han ofrecido pienso dejar mi gran arte. No me gusta pensar que, si mi fruta cayera en manos equivocadas, podrían empezar a cultivar sandías defectuosas. Ya lo que me faltaría es que se repitiera el incidente que pasó en los comedores de las escuelas donde repartían la versión mini. Es cierto que algunos críos eran alérgicos a la pólvora, pero, en mi opinión, el problema eran las explosiones. Estas eran totalmente decepcionantes y nada agradables.
A día de hoy, muchos inversores me han pedido que extienda mi mercado e intente fabricar otras frutas explosivas. Intentan venderme la moto de que a la sandía explosiva solo le queda un par de años más y la gente perderá el interés. Insisten en que saben cómo funcionan las estaciones del año y que criar sandías no es fácil, que hay temporadas de auge y temporadas más secas. Después tuvieron la cara dura de plantearme un proyecto de uvas explosivas para las campanadas de fin de año. ¿Están locos o qué? Si en una uva apenas cabe un granito de pólvora. Eso no es una explosión que la gente pueda disfrutar, para nada. Eso, como mucho, da para un pequeño petardo. Puede que a los críos les guste, pero a mí no me convence. El arte de las sandías explosivas solo funciona con esta majestuosa fruta. Y también el melón.

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