José Luis Priego Sánchez
¿Por qué siempre las personas terminan pagando las consecuencias de las malas decisiones que toman otros?
Miles de personas llegaron a la ciudad de Ceuta en una situación extraordinaria que ha desbordado servicios, instituciones y convivencia. La ciudadanía ceutí tiene derecho a sentirse preocupada, a reclamar seguridad, respuestas y unas condiciones de vida dignas, pero reconocer esa realidad no puede llevarnos a convertir a quienes han llegado en el enemigo.
Hay una diferencia fundamental entre una migración masiva y una invasión: la hostilidad. Las personas migrantes que llegan buscando una oportunidad, huyendo de la pobreza o simplemente intentando encontrar un futuro diferente no son, por sí mismas, una fuerza hostil. El problema es que se ha permitido que una situación migratoria se convierta en una emergencia social, y la inoperancia ha hecho la hostilidad.
Hoy sabemos que existían alertas y comunicaciones institucionales antes de los acontecimientos del 30 y 31 de julio. El propio Gobierno ha publicado documentación que recoge avisos previos de distintos organismos, también sabemos que la situación ha requerido medidas extraordinarias y que actualmente están siendo objeto de investigación judicial.
Por eso es legítimo preguntarse si se hizo todo lo necesario, en el momento adecuado y con los medios disponibles, preguntarse por qué no se actuó antes y por qué una situación que podía haberse gestionado preventivamente terminó alcanzando estas dimensiones. Son preguntas que deben responder las instituciones con transparencia y sin utilizar a las personas como piezas de una batalla política y mediática.
Desde CAMUS queremos señalar algo que quizá se esté perdiendo entre cifras, declaraciones y enfrentamientos: hacer una guerra entre personas nunca solucionará una crisis provocada por decisiones institucionales. Ceutíes y marroquíes han convivido durante generaciones. Una frontera puede separar territorios, pero no tiene por qué separar a las personas, convertir esa convivencia en una confrontación sería sembrar hoy problemas sociales cuyas consecuencias podríamos sufrir durante muchos años.
CAMUS nació defendiendo los derechos y la dignidad de las personas migrantes, y seguiremos haciéndolo, pero defender la migración no significa defender el desorden, la improvisación ni una situación que termina perjudicando precisamente a quienes migran y a quienes reciben a estas personas.
Desde nuestros comienzos hemos defendido una migración responsable, segura, ordenada y acompañada de integración, porque quienes llegan necesitan oportunidades reales para construir una vida, y quienes ya viven en el territorio necesitan sentir que las instituciones son capaces de garantizar la convivencia.
Esta crisis también nos ha afectado directamente, algunas instituciones y entidades que hasta hace poco planteaban colaboraciones con organizaciones como la nuestra ahora muestran dudas e incertidumbre ante el miedo a verse vinculadas a una situación que todavía no sabemos cómo terminará.
Y también lo sufrimos en NHU, cuando se planteó “Mirando a Ceuta desde el barrio de Lavapiés” en los debates del viernes (con el propósito de medir y consultar cómo se está viviendo la situación en el barrio del periódico) y nos sorprendió que los carteles del evento fueron arrancados en la calle, comprobando que es un tema que crea animadversión.
Hoy necesitamos menos enemigos y más responsabilidad; necesitamos que se proteja a la población de Ceuta; necesitamos proteger los derechos de quienes han llegado; necesitamos fronteras seguras, procedimientos eficaces, cooperación con Marruecos (aunque su actitud no invite a ello) y una implicación real de la Unión Europea (Ceuta es una frontera europea y merece una respuesta europea); necesitamos responsabilidades. Y, sobre todo, que las instituciones estén a la altura antes de que una emergencia vuelva a convertirse en una tragedia (71 fallecidos es una barbaridad).
Porque al final hay algo que no deberíamos olvidar: ninguna frontera debería ser más grande que nuestra Humanidad, Ceuta no necesita que sus vecinos se miren con miedo, necesita que las personas vuelvan a mirarse como personas, porque ellas no son el problema, pero sí el sistema que no las defiende y quien ha provocado este movimiento de confrontación.
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