Cultura

Pongamos que hablo de teatro… y de ese personaje que habita en todos nosotros: el ego

By 12 de octubre de 2026No Comments
Ilustración de una persona junto a una figura ovalada con la palabra EGO

Pongamos que hablo de teatro…
Esther Bravo
Feliz octubre a todos y todas, comenzamos la temporada fuerte: hoy escribiré sobre el ego.
Aunque el nombre parece un personaje sacado de una tragedia griega, no se trata de un Ulises o Medea o Electra o Edipo. Se trata de otro personaje.
Seguro que ustedes lo poseen o conocen a alguien que lo tenga más acentuado, porque eso sí: el ego tiene tamaños y no tiene nada que ver con nuestro peso o altura. Pero, antes de seguir, vamos a presentarlo, porque quizá haya alguien que no lo conozca o le pase desapercibido, también habrá otros que lo cuidan y alimentan como si de un Tamagotchi se tratara.
El ego, señoras y señores, es esa parte de nosotros que necesita tener razón, que necesita también reconocimiento, que valoren lo que hace. El ego se suele medir constantemente con los demás, tiene una necesidad de control: se enfada si las cosas no salen como quieren (¿a alguien le suena?). A veces, el ego tiene dificultad para recibir críticas, se lo toma como un ataque personal; otras veces, es víctima y curiosamente se siente superior; y, otras veces, lo contrario: inferior.
¿Lo conocen? ¿Lo han visto? ¿Tienen uno? Si es así, que sepan ustedes que aún no se ha creado el teléfono o algo para llamar e informar. Yo sí lo conozco, bueno, conozco muchos: de los buenos, de los malos, de los grandes, de los pequeñitos, de todas las clases. Es más, les diré un secreto: tengo uno. Pero el mío es un rollo.
Bien, ahora que tenemos los egos identificados, les diré que están en todas partes y en todas las profesiones (en el Congreso de los Diputados podemos encontrar una gran variedad de ellos), pero yo tengo que hablar de teatro, así que hablaré del ego como personaje en el mundo teatral, ¿a que mola? Pues a veces no mola nada.
El teatro es un entorno especialmente propicio para que aparezca el ego.
No solo en los actores, el ego puede aparecer en todos los oficios teatrales: en la dirección, en la producción, en los creadores de iluminación o de vestuario o de escenografía, hasta en los autores… Yo, que me dedico a la producción, a veces pienso: “A esta persona habría que descontarle algo del caché porque no es solo una persona, es una persona y su ego que sale a pasear, y eso hay que valorarlo”. También ocurre lo contrario: “A esta persona habría que pagarle más, su ego estaba ahí, pero controlado”.
Les diré algunas frases que he escuchado en mi viaje teatral, que ya dura más de 20 años. Eso sí, no puedo decir ni quién, ni cuándo, ni dónde. Primero, porque no me acuerdo (ya saben que, a veces, nos acordamos de algo, pero no sabemos dónde lo vimos o leímos o lo oímos). La segunda es porque sería aburrido, así ustedes tiran de imaginación y se imaginan quién podría haberlo dicho. Allá que voy:
“No me cambies ni una coma (del texto)”; “Esta es mi visión y no quiero que se cuestione”; “Tú no te juegas el dinero”; “Esta función existe gracias a mí”; “Mi camerino”; “Mi público”; “Mi posición en el cartel”; “Este teatro necesita una reforma”; “Si ella tiene peluquero, yo también”… Mi, mi, mi, yo, yo, yo.
Pero… también escuché: “No lo sé, me he equivocado”; “Tu idea es mejor”; “Esto no me corresponde”; “Necesito ayuda”. Y la mejor: “Gracias”.
Vemos, como en casi todo, dos caras de la moneda. El verdadero conflicto viene cuando hay dos personas con mucho ego y una tiene poder jerárquico sobre otra. Bastaría con plantear esta pregunta: “¿Estoy tomando esta decisión porque creo que mejora el espectáculo o porque necesito que prevalezca mi criterio?”. Claro, dependiendo de la respuesta, ahí tenemos el Tamagotchi más gordito o en su peso ideal.
Como todo en la vida, todo es bueno y necesario, pero en su justa medida, hasta el ego. El ego es necesario, es bueno, siempre y cuando esté sujeto y bien cuidado.
Pero ¿quién está libre de pecado? Hagamos un ejercicio e intentemos ser mejores cada día, observemos a nuestro compañero el ego y eduquémoslo. Entre tanto, vayan al teatro: estamos de estrenos y abriendo temporada.
Nos leemos el mes que viene.

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