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Entrevista a Amel el Yamani

By 5 de octubre de 2026No Comments
Retrato de Amel el Yamani ante un fondo blanco

Autora de ‘Destino Oujda’ y ahora volcada en un proyecto de literatura para niños

Nos llega desde una amiga y colaboradora del periódico la propuesta de entrevistar a Amel y, cuando se presentó en la reunión del consejo para explicar sus proyectos, el consejo entendió que tiene sentido dar espacio a nuevos escritores y nuevas propuestas culturales. Amel es amable pero firme, y tiene muy claro lo que quiere hacer y cómo lo quiere hacer. Llega sola y muy puntual a la cita para una entrevista amable y fluida. Ya nos conoce a casi todos y parece que se siente cómoda en un espacio como este. Este mes nos damos una tregua y no vamos a aprovechar la relación de Amel con Marruecos para meternos en complejidades cargadas de tensión, en esta ocasión, porque además nos aclara que su relación con Marruecos es más afectiva que política. Vamos a hablar de su obra y de sus proyectos más inmediatos…

P. Siempre lo hacemos así y, además, el modo más adecuado de empezar una entrevista como esta es que tú misma te presentes.

R. Mi nombre es Amel el Yamani y soy madrileña. He vivido en Madrid hasta los veintidós años y actualmente vivo en Euskadi, aunque he estado muchos años viviendo en la Comunidad Valenciana. Estudié Agricultura, pero me he dedicado profesionalmente al tercer sector, y esa ha sido mi carrera profesional. En las oenegés he trabajado como técnica de sensibilización y en organización de eventos y campañas con componentes de sensibilización. Las oenegés más grandes donde he estado han sido Acción contra el Hambre y ACNUR. ACNUR fue ya en mi etapa en Euskadi. En la actualidad estoy un poco de parón, digámoslo así, por el cuidado de mi hija, que tiene siete años. Además, estoy empezando un proyecto personal de escritura, centrado en la literatura infantil y juvenil, que se llama Smara Land Books y con el que he arrancado en septiembre, aunque lo que tengo publicado hasta la fecha es un libro para adultos, que sé que conocéis.

P. Eres de Madrid, pero tu nombre no es muy castizo.

R. Es de origen árabe. Mi padre era marroquí y mi madre española.

P. ¿Pero fue el nombre que te pusieron o es el que te has puesto luego tú?

R. Es el que me pusieron mis padres. Amel es el nombre. El Yamani es el primer apellido y es marroquí, y el segundo es Núñez. Lo que pasa es que me he acostumbrado a decir solo el primer apellido porque la gente ya me identificaba así. Fue a raíz de entrar a trabajar, y en el correo me ponían yamani@… Como no hacía falta un segundo apellido porque no había más Yamani, pues se quedó así. Sí, mi nombre es Amel. Amel y Amal son el mismo nombre.

P. ¿Y la traducción de Amel?

R. Esperanza.

P. Es bonito.

R. Es bonito, sí.

P. ¿Te sientes más española, más marroquí? ¿Te da un poco igual?

R. Me siento más española porque he crecido aquí. Mi padre era muy abierto, no era musulmán. Estudió Bellas Artes en la Complutense. Hablaba correctísimamente el castellano, casi castizo. Todos sus amigos aquí eran españoles, eran de la universidad. De hecho, me gustaría sentirme un poquito más marroquí porque mi padre no nos enseñó el árabe, ya que en aquella época no se les daba a los idiomas la importancia que se les da ahora. Además, no estaba tanto en casa como mi madre, pero a mí sí que me hubiese gustado conocer un poco más el país. El idioma también, por supuesto; pero, en caso de no ser posible eso, al menos haber ido una vez al año o cada dos años, porque no conozco a nadie de la familia de mi padre.

P. De hecho, tu libro va de eso, ¿no?, de un viaje buscando tus orígenes, un viaje iniciático, un viaje en busca de sentido…

R. Sí, sí, va por ahí. No es no ficción, porque es una ficción completa, pero una parte del libro está basada en ese anhelo. Indaga un poco y plantea dudas con respecto a personas que sienten que les falta una parte de sus raíces, que sienten esa curiosidad. Y también, y esto lo he dicho en alguna presentación del libro, es un poco un sentimiento de vergüenza al presentarte en un país donde, de alguna manera y en algunos momentos determinados, se te recrimina que no hables ese idioma, que estés alejada del islam, que no conozcas a la familia. Es como si para esas personas hubieses dado la espalda al país, como si no quisieses saber nada de ese país, de esos países, de Marruecos en este caso. Como si, voluntariamente, le hicieras de menos. El libro va un poco de eso.

P. ¿Es tu único libro?

R. Mi primer libro.

P. Bueno, tu único libro, de momento, ¿no?

R. De momento, de momento.

P. Estoy seguro de que habrá otro y seguro que hay alguno que está ya casi, ¿verdad?

R. Sí, exacto. Pero este es de literatura infantil y juvenil. Son cuentos de miedo para Halloween. Espero que salga.

P. ¿Y te gusta tu libro?

R. Sí, Destino Oujda me gusta.

P. ¿Me animas a que me lo lea?

R. Sí. ¿Y sabes lo que me gusta del libro, sobre todo? Creo que es un libro… Yo lo llamo feel good. No sé si encaja literalmente con esa definición, pero es un libro optimista. Es un libro que invita a la gente, y sobre todo a las mujeres, a hacer lo que realmente quieren hacer, a atreverse a dar un paso y cambiar. No digo cambiar radicalmente, porque esto muchas veces no se puede hacer, pero sí cambiar ciertas cosas en tu vida y buscar aquello que te hace sentir bien. Y es un libro que tiene mucha energía positiva y con un final feliz. Y, además, invita a mucha gente a viajar a Marruecos.

P. Cuéntame algo de ese proyecto.

R. Se llama Smara Land Books. Smara es una ciudad del Sáhara Occidental, una ciudad que antiguamente fue próspera porque tenía agua. Era un oasis en el desierto. Por allí pasaban muchas caravanas de comerciantes y montaban sus campamentos para descansar. Hacían comercio de trueques de mercancías, etc. Por las noches, contaban historias. Estaba, pues, el lenguaje oral, la transmisión oral de los cuentos, de las historias. Viene un poquito por ahí, y también tiene que ver con el nombre de mi hija, que significa Juncal, y que ha sido mi fuente de inspiración en la creación del proyecto.

P. ¿Es un proyecto de libros positivos?

R. No, esto es un proyecto de literatura infantil y juvenil. El proyecto es sacar, bajo este logo, mis cuentos para niños a partir de ocho años y para niños a partir de doce.

P. No sé por qué había entendido que era como un proyecto que juntaba a más autores.

R. No, no. No es una editorial, no es un sello editorial.

P. Sí, es como un estilo propio, ¿no?

R. Es juntar mis libros, los que me autopublico, bajo un logotipo. Es una forma de identificarlos.

P. Te autopublicas, es dificilísimo que te publiquen…

R. Conseguir que te publique una editorial es muy difícil. Yo no sé qué es lo que hay que hacer, la verdad. Sé que las editoriales, evidentemente, son empresas y tienen que asegurarse unos ingresos. Pero, realmente, con Destino Oujda he estado unos dos años buscando editorial. Tienes que buscar la editorial en cuyo catálogo creas que puede encajar tu propuesta, tu libro. O sea, enviar por enviar a cualquier editorial no tiene sentido. Si es una editorial especializada en novela histórica, Destino Oujda no cabe. Pero, aparte de eso, yo creo que no se lo leen. Reciben muchas propuestas, eso es cierto, y estarán saturados, eso también es cierto, pero creo que no hacen el trabajo editorial. El trabajo editorial, la vocación editorial, aparte de ganar dinero y mantenerse (algo en lo que están en todo su derecho, evidentemente), debería consistir en buscar nuevas voces. Esto no lo digo porque no me hayan publicado a mí, sino porque veo que es algo dificilísimo. Sospecho que no hacen el esfuerzo de, al menos, una vez a la semana, una vez al mes, dedicar tiempo a ver las propuestas que han entrado. También se mira mucho el número de seguidores que puedas tener en redes sociales, pues eso va a asegurar más ventas. No es lo mismo una persona que tenga cien que una que tenga cien mil.

P. Todo se mueve por redes, claro. Tiene mucha difusión, pero poco contenido.

R. Puedes ser un buen escritor. Yo en eso no estoy de acuerdo.

P. No, no, pero suelen ser pildoritas muy cortas.

R. Pero si tienes seguidores que puedan estar interesados en leerte… Yo creo que hay de todo: gente que se autopublica y puede tener una calidad muy baja, ínfima o mediocre, y los habrá que serán muy buenos y que, de momento, no hayan tenido la oportunidad de ser contratados por una editorial. Es decir, habrá gente que tenga muchísimos seguidores y que sea buenísima escribiendo, y gente que sea muy mediocre. Una cosa no lleva a la otra en ninguno de los dos casos.

P. La posibilidad de que se disparara el tema, ¿en qué consistiría? ¿En que alguien lo leyera y viera el modo de lanzarlo?

R. La posibilidad sería darle difusión. Yo, en principio, ofrezco presentaciones. Por ejemplo, voy a hacer una en noviembre en el Rincón Lento. Es una asociación cultural que hay en Guadalajara. Allí pondré a la venta el libro. Respecto a las librerías, hay algunas donde puedes dejar el libro, pero muchas veces no quieren trabajar sin distribución. Normalmente, la distribución la pone la editorial. Todo resta, pues con distribución se quedan con un 50-55% del precio de venta al público, entre ellos y la librería. Mientras que si lo distribuyes tú…

P. Por ejemplo, a nosotros nos llega por una muy buena amiga del periódico, por Tamara. Y Tamara dijo: “Oye, este libro es interesante y la autora también”.

R. Pretendo moverlo por presentaciones, llevarlo a librerías y ver cómo funciona. También tengo que empezar a presentarlo en programas de difusión de lectura. Y, entre todo, a ver si consigo vender esta tirada y tal vez sacar otra o mantenerla en Amazon.

P. Libros así, con contenido social, pueden coincidir con los intereses de alguna facción o algún partido. De repente, alguien puede entender que el tipo de mensaje que envías coincide con un relato.

R. Ahora estoy trabajando en unos cuentos, que es lo que más me gusta, pero que no verán la luz hasta 2027 o 2028; un conjunto de cuentos sociales para niños a partir de doce años. Al final eso es lo que transpira en mí, ya que es a lo que me he dedicado profesionalmente y cala en mi escritura.

P. Bueno, tú has dicho sensibilización, pero ¿sobre la base de qué? ¿Cómo puedes sensibilizar?

R. Sensibilizar es hacer educación para la transformación social.

P. Yo, por ejemplo, los contenidos de la Agenda 2030 no me los creo nada. Se puede sensibilizar de muchos modos. Puedes sensibilizar en valores democráticos, en libertad, en desobediencia, en transgresión, o alimentar una agenda globalista.

R. Nosotros lo que hacíamos en estas oenegés, para que lo entendamos todos, era mostrar a la ciudadanía los proyectos que llevábamos a cabo en terreno, y van muy ligados también a subvenciones públicas. Lo que hacíamos era enseñar, por ejemplo, en qué se gasta la agencia de donde sea, de cooperación, el dinero de los contribuyentes. Entonces decíamos: “Estamos llevando a cabo estos proyectos contra el hambre; pero, dentro del hambre, trabajamos en sanidad, en agua y saneamiento, en agricultura, en apoyo a la educación con otras oenegés”. Lo que hacía era ir a escuelas, a institutos y también a universidades, cambiando el tipo de sesión, los contenidos y la forma de trabajar. Les enseñaba cuál era la situación en esos países, por qué estábamos allí, cuáles eran las necesidades y cómo estábamos trabajando con ellos. Estaba muy bien porque luego siempre se creaba un debate con esas personas. Era un poco romper mitos y confrontar algunas ideas preconcebidas. Ese era el trabajo que llevábamos a cabo.

P. Yo tengo una postura desde la pandemia y algunos de aquí creemos que fue la experiencia más reciente de violencia, de la ingeniería social más monstruosa de los últimos tiempos, y se vendía como bien común. Creo que nos han dado la vuelta a la vida y que se ha perdido libertad de expresión, afecto… Te lo decía por eso. Y algunas de las agencias internacionales se nos han roto y, cuando llega alguna oenegé, siempre miramos de dónde viene la pasta y un poco en qué cuerda se está moviendo. Y siempre llegamos tanto a financiación internacional como a empresas y propuestas de negocio. Lo decía por ese lado, pero tú te mueves muy libre, ¿no?

R. Yo me financio sola.

P. Claro. Y no te ves enviando ningún mensaje ni relato…

R. A ver, eso no lo quiero hacer. Yo no quiero convencer a nadie de nada, sobre todo en literatura infantil y juvenil, pero tampoco en ningún otro tipo de literatura, ni siquiera para adultos. Y a los niños no les quiero dejar jamás una moraleja. No es bueno un libro que deje una moraleja, que les diga cómo tienen que pensar. La literatura sirve para crear personas que en el futuro tengan una conciencia crítica, que sepan dirimir, que no se crean todo a pies juntillas, que sepan leer una noticia y decir: “Necesito más información, me voy a buscar a ver qué dicen justo los del lado contrario, voy a estos del centro”. Os decía antes que ese trabajo que he llevado a cabo cala en mis cuentos. Por ejemplo, tengo uno que se llama Bulos, mentiras y cacerías, y habla de lo que pasó en Torre Pacheco el año pasado. Hubo una persona magrebí que le dio una paliza a un señor de unos sesenta y cinco años, y entonces fueron a por toda la población marroquí, pero fue gente de fuera. A eso me refiero, pero no digo qué es lo que tienen que pensar ni exculpo a esa persona magrebí que le dio la paliza al hombre de sesenta y cinco años. No, simplemente es que la literatura es un poco como el cine. La literatura al final es lo que tú sientes que quieres escribir y plasmarlo de alguna manera, pero no quiero convencer a nadie de nada, solo voy a dar mi visión. Y es algo para niños, pero creo que esos niños, de once o doce años y que están viendo esta realidad, ya están preparados para leer este tipo de cosas, sacar sus propias conclusiones y abrir un debate.

P. ¿Educamos a los niños en la obediencia o en la desobediencia? ¿Tienen que ser buenos niños o tienen que patear el tablero?

R. Un poco de todo, pero tienen que patear el tablero, desde luego. Es que les va a faltar calle si no lo hacen y se los van a merendar. Todos queremos proteger a nuestros hijos, evidentemente, y queremos que sean buenos niños porque no queremos que acaben en las drogas o en pandillas, en cosas que nos dan miedo y que pueden ser muy perjudiciales para ellos. Pero es inevitable que se enfrenten a los problemas, así que lo mejor es que salgan a la calle y que hagan amigos, que conozcan unas cosas, vean otras. Creo que ahí es importantísima la lectura, pero como forma de educación, ya que no se van a aburrir nunca y van a tener algo que hacer siempre, van a descubrir otros mundos, tienen puertas de entrada a otras formas de pensar, van a ser más tolerantes, más abiertos, más curiosos… Salir a la calle es como leer muchos libros, y tienen que hacer las dos cosas: conocer la calle y leer. No pueden estar en casa encerrados leyendo libros solamente.

P. Yo tengo una nieta de dos años y alguna gente se sorprende de que mi nieta bese y abrace, y hay otros niños que por sistema no besan y abrazan o, si lo hacen, te ponen el cogote por indicación de sus papis. Yo puedo besar y abrazar a un niño o no hacerlo, pero no beso cogotes. Los niños tienen que abrazar, tienen que expresar las emociones, ¿no?

R. Yo creo que sí, que lo bonito y lo sano es expresar las emociones y no solo cuando eres niño, seguir haciéndolo cuando te haces mayor. Supongo que eso tendrá que ver también con la educación y los hábitos que reciben en casa. Mi hija, por ejemplo, es muy cariñosa y para mí es algo tan normal que me extraña ver a niños que no sean cariñosos. A mí eso me choca, me llama un poco la atención. Quizá es que haya miedo a… Bueno, yo recuerdo cuando era niña e iba sola al cole, y no pasaba nada, no había tanto miedo.

P. Sí, sí, hoy cualquier viejito que sonríe a tu nieta puede ser un “pederasta muy peligroso”…

R. Todos pensamos así.

P. A mí me parece una monstruosidad, yo no pienso así. A mí de pequeño los viejos me daban un caramelito y me lo metía en la boca sin miedo, y nunca caí envenenado por nadie.

R. Y ahora también. Yo he ido con mi hija y ha habido viejitos que se nos han acercado para darle un caramelo a la niña. No puedes ir pensando mal de todo el mundo porque, además, es una minoría. Lo que pasa es que esa minoría tiene mucho eco y la gente tiene mucho miedo, con lo cual te haces más protector y esto puede hacer que se creen sociedades también más individualistas. Antes la gente hablaba más entre sí y había más conversación con desconocidos…

P. Te sientes más cómoda escribiendo para niños y cosas más amables, ¿no?

R. Sí. Mis cuentos para niños de ocho años, evidentemente, no tienen trasfondo social. Bueno, tengo un cuento que habla de mi colegio, el Colegio Pi I Margall, que está en la plaza del Dos de Mayo. Es una historieta de miedo en la que al final meto el tema social, porque estoy hablando de un niño que es un vampiro, pero es, en realidad, un niño pobre al que le están ayudando desde el colegio para que pueda comer. Al final hago una pequeña denuncia basándome en una historia real de una persona en Madrid. Esta persona en concreto no era capaz de alimentar a su hijo, ya que con lo que ganaba trabajando pagaba la habitación compartida en el piso compartido, la luz y el agua, y ya no le daba para más. No podía pedir ayuda a los servicios sociales porque, si se enteraban de que no podía dar de comer a su hijo, se lo quitaban, así que esa persona estaba siendo atendida por las agrupaciones vecinales.

P. ¿Tú crees que estos son los niños más cuidados de la historia?

R. Más en burbujitas.

P. Entre comillas, pero menos queridos…

R. Yo no podría decir que los niños sean menos queridos.

P. No, eso lo estoy diciendo yo. Quiero saber si lo compartes.

R. Yo creo que puede ser que, a veces, pequemos de estar sobreprotegiendo a los niños. Antiguamente, en la época de mis padres, los niños no tenían tanta importancia como ahora. De hecho, antes había la frase “Cuando seas padre comerás huevos”, y ahora se le da antes el huevo al niño que al padre. Creo que hay una sobreprotección en muchos sentidos, también en la literatura. Por ejemplo, a Caperucita, en el cuento original, se la comía el lobo, que también se comía a la abuela. Jamás verás ahora que el lobo se coma a nadie o que llegue el cazador y le pegue un tiro. Ya no muere ni el lobo ni muere nadie. Antiguamente existían esos cuentos que dices, que nos parecen ahora muy gores, hasta que ha llegado Disney y lo ha puesto todo de color de rosa y nos creemos que el cuento original es de Disney, y no es así. Pero es que todo eso tenía su sentido. A los niños, cuando se iban a dormir, les contaban Hansel y Gretel, un cuento en el que una familia muy pobre daba a los niños, los entregaba porque no los podía mantener. Pero los niños que estaban escuchando ese cuento no pensaban “ostras, como mis padres son pobres, ¿me van a dar mañana?”. Por tanto, hoy sí que hay una sobreprotección de los niños, pero no creo que sean menos queridos en esta sociedad de ahora, que planifica familiarmente el número de niños que quiere tener.

P. Algunas veces parece que es una elección en paridad: el niño o el perrete. Es decir, incluso hay gente que se presenta como antiespecista o poniendo en paridad cualquier especie animal con el ser humano…

R. A mí me queda muy claro diferenciar qué es una cosa y qué es otra. Lo que sí que creo es que hay mucha gente que se plantea no tener hijos y, de hecho, no los tienen por el modo de vida que llevan y porque no quieren renunciar a ese estilo de vida. Y es que hay que hacer muchas renuncias, hay que cambiar. Y luego es cierto que, cuando tienes un hijo, de alguna manera te vuelves más vulnerable.

P. Mucho, sí. O una nieta [risas].

R. Pero porque ya no respondes solo de ti. Tienes que cuidar a una persona porque es tu responsabilidad, tienes que darle una estabilidad, tiene que comer y cenar todos los días, ir al colegio, etc. Y eso también te va a poner límites a la hora de encontrar un trabajo, por los horarios, incluso hay muchas parejas que continúan juntas llevándose fatal porque no pueden vivir solas y estar a cargo del niño, y más como están ahora los alquileres.

P. Para tener hijos hace falta un proyecto un poquito largo de pareja.

R. Sí, evidentemente, pero hay gente, incluso en proyectos de pareja, que no quiere meterse en eso porque es un fregado.

P. O incluso, ya de origen, decides ser padre o madre sin pareja.

R. Eso también, pero generalmente la gente que conozco, las mujeres que conozco (no conozco a ningún hombre en esa situación, pero los habrá) siempre tienen un apoyo familiar, una red familiar. Yo, personalmente, no conozco a nadie que haya decidido ser padre o madre soltera sin esa red. No me puedo imaginar a una persona enfrentando ese reto en la más completa soledad: demasiado duro, con las mil cosas que te pueden pasar, faltar tantísimo al trabajo y pedir tantos permisos.

P. Bueno, ya hay que ir cerrando. Leeremos tu libro, que es tu búsqueda de sentido casi iniciática, y me alegra que, si vas a escribir para niños, los animes a patear el tablero.

R. Es que creo que eso es necesario. Gracias a vosotros por la oportunidad y cuando queráis. Hasta la próxima.

Queríamos una entrevista amable y creo que lo hemos conseguido, pero no nos podíamos limitar a un espacio de propaganda y al final, y tangencialmente, hemos abordado el tema de los valores y las relaciones con los niños, y ese no es un tema menor. La natalidad se ha reducido de un modo muy peligroso, el trato a los niños en apariencia se ha suavizado y, como le decimos a Amel, quizás no son estos los niños más queridos y acompañados de la historia. Cuando hablamos de niños y no diferenciamos entre niños, niñas y niñes, lo hacemos cargados de intención y lo hemos hablado muchas veces en el consejo. Por supuesto que no “educar” en la obediencia y valores globalistas muy impostados a nosotros nos parece importante, y vamos a abrir el debate en los cafés de los viernes. Desde luego, Amel ha expresado con toda claridad su postura, y eso le ofrecemos al barrio: un espacio de reflexión y de libre expresión con sus acuerdos y desacuerdos correspondientes…