Opinión

El Madrid que tenemos

By 12 de octubre de 2026No Comments
Vista de un pasillo estrecho entre barandilla y pared metálica con ropa y residuos en el suelo

María Isabel Dorado Marín
Mientras se trucan las listas de espera, las ratas campan a sus anchas, las cucarachas invaden las calles y se meten por las ventanas y bajo las puertas de los domicilios, se asfaltan las calles de día con el consabido riesgo y nocividad para vecinos y transeúntes, o se colapsa el tráfico y se demora el transporte público haciéndolo antes de las 12 de la noche en calles como la Gran Vía… Mientras los autobuses tienen frecuencias de hasta 45 minutos, o en el metro la deshidratación está asegurada…
La basura está presente en las calles, se dejan secar las zonas de ajardinamientos, o los saneamientos se ven afectados por las raíces invasivas de arbolados no aptos para estar a escasos 4 metros de una edificación, que dan al traste con sus cimientos, y el alcalde y la presidenta de la Comunidad sacan pecho por el GP de Fórmula 1, desoyendo permanentemente las peticiones ciudadanas.
De nada sirve avisar al 010 para que desraticen. Se acumulan los avisos y no hacen nada. De nada sirve llamar porque los coches circulan libremente por zonas peatonales, o que en una calle la acera es intransitable por deteriorada y peligrosa. Se acumulan los avisos. De nada sirve denunciar nuevos pisos turísticos sin licencia y con habitaciones bajo rasante. Nadie hace nada.
Y si, por fin, alguien contesta es para decir que agradecen que hayas contactado y su mayor interés es mejorar. Brindis al sol.
Este es el Madrid que tenemos, y que algunos venden como modélico. No es que Madrid, mi ciudad, no me guste, nada más lejos, pero dista mucho de ser lo que nos pretenden vender.
Los dirigentes de esta ciudad capital dejan bastante que desear en lo que a gestión se refiere, y que revierte para mal en la ciudad y los ciudadanos, que por otro lado nos vemos claramente diferenciados como de primera y segunda, en función de nuestro lugar de residencia en el foro.
Pasear por Serrano o la plaza de San Juan de la Cruz no es igual que hacerlo por Lavapiés o por barrios de gentes trabajadoras. La suciedad no es la misma, y el mantenimiento tampoco. Si todo esto fuese insuficiente, la gentrificación y puesta en bandeja de la ciudad al servicio del turismo relega al ciudadano nativo al último lugar en cuanto a derechos se refiere.
Intentar circular a pie por calles anexas a la Puerta del Sol es correr el riesgo de ser atropellados por la horda de turistas que hacen visitas en grupo, en bicicletas. Andar por el Retiro a veces es correr el riesgo de ser atropellados por un quad de alquiler, que incluso circula por las aceras de la calle de Alcalá para evitar dar la vuelta y usar la calzada.
Pretender bajarse del autobús en la Puerta de Alcalá en la parada, pegados al acerado, y con seguridad, es un sueño. Las motos invaden los confines de las aceras y, al parar el autobús, se corre el riesgo de romperse una pierna al bajar e intentar hacer pie en lugar seguro. El remate es el escaso espacio de ancho de acerado que queda para poder transitar, por la proliferación de estos vehículos de dos ruedas estacionados, las inmensas terrazas instaladas y la circulación de monopatines que nadie multa.
La isla de calor generada tras talas inentendibles o la falta de «hospitalidad» de las nuevas plazas alejan al vecino del disfrute de una ciudad amable y acogedora. Sentarse a descansar en un banco granítico de la granítica Puerta del Sol es sinónimo de quemaduras en el trasero, además de sufrir el insoportable calor que produce la inmensa carga de ese mineral en la plaza.
La inexistencia cada vez mayor de bancos en las aceras, fomentando el uso de terrazas, conduce a que las personas mayores o viandantes fatigados no puedan disfrutar de un momento de descanso si lo necesitan, salvo que se sienten a «tomar una caña en libertad» en el chiringuito más cercano.
Y no hablemos de desahucios por fondos buitre.
La desidia, la falta de empatía y sensibilidad hacia los ciudadanos, por parte de nuestros gobernantes municipal y autonómico, están convirtiendo Madrid en una ciudad hostil para sus habitantes, una ciudad que, lejos de ser ejemplar, se transforma en un lugar insufrible, y da que pensar si no es lo que buscan, conseguir que los nativos y longevos ciudadanos cedamos nuestro espacio a otros ciudadanos pasajeros, que satisfagan el ego de nuestros dirigentes cuando cuenten las cifras de turistas/año.
Lo de gestionar adecuadamente y favorecer a la población oriunda, o mantener un Madrid limpio y saludable, es otro capítulo que aún no se ha escrito.

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