Opinión

Vendido

By 4 de septiembre de 2026No Comments

El autónomo

José Antonio Tejedor Herranz

Y si somos marcados con un punto rojo en nuestra vida, en nuestro entorno, en nuestra casa, ¿qué pasaría?, ¿qué tendría de especial?

Como observador, ¿lo podríamos asociar a un código de conducta o quizás a un mensaje oculto? ¿O tal vez existe una cierta polarización interpretativa? Puede ser interpretado como una dualidad entre el bien y el mal, entre el éxito y el fracaso, entre el comienzo y el fin, entre materializar la venta de un trabajo y el inicio de un proyecto. Son innumerables las preguntas que me hago, puesto que su interpretación y significado simbólico llama la atención cuando lo vemos sobre cualquier objeto inerte o escrito valorado. Si miramos la rueda cromática vemos infinidad de colores y gamas. Pero el color rojo en sí es el que más se pronuncia, al margen de simbolismos causa inquietud, altera nuestro ritmo cardíaco. Por eso llama tanto la atención en el mundillo artístico, es el que más destaca, como si fuera el centro de la diana.

Tanto lo pequeño como lo grande es absorbido por un punto rojo sin tener en cuenta su dimensión. El telescopio acerca lo grande, el microscopio aumenta lo pequeño. Da valor tanto a lo diminuto como a lo enorme. Da el mismo valor a un artista emergente que a un Picasso o Dalí. Y es que en esencia está exento de interpretación populista.

Yo lo he llevado al mundo artístico a través de mi marca personal, Mr.Jath, tratando de unir dos mundos en uno, asociando el círculo rojo al cielo y su proyección y muestra, lo plasmo en un lienzo de geometría cuadrada que representa lo terrenal. Conceptualmente cada discernimiento u opinión se puede asociar a identidades personalizadas, sociales o religiosas, pero al margen de ello para mí es arte en movimiento porque algo está transmitiendo sin cuestionarse. Para ello, tomo prestada de mi colección Barro y cenizas una obra artística con significado conceptual que trata de conectar el esfuerzo con el resultado. Y es que, en el mundo comercial, en la arquitectura o en cualquier proyecto de vida, es necesaria una base. Alzando la mirada a la obra y observando con detenimiento, ella sola comienza a hablar. Primero llevamos la mirada a la parte oscura y matérica representada con el movimiento en el trazo de la ceniza. Eso es el trabajo diario, el desgaste, la constancia y la superación de obstáculos cuando el camino es duro. Tras la liberación de esa etapa se contempla una fase de luz, materializada por ese blanco roto sobre el que se proyecta el punto rojo. Lo asociamos al triunfo, al éxito, a la consecución de un objetivo, pues felizmente lo podemos interpretar como “vendido”, y no por necesidad, sino como algo asociado a la coronación del esfuerzo con origen en una estructura bien construida. Hace que en ese camino duro desaparezcan los elementos negativos, apartando y frenando las malas energías.

Es curioso que, siempre que expongo, las personas más críticas sin ver mi trabajo me preguntan: “¿Cuántos puntos rojos tienes?”. Lo interpretan como venta, éxito, progreso, valor, futuro. Ellos se olvidan del tiempo, la constancia y la dedicación, el esfuerzo y la capacidad creativa; quieren ver resultados de inmediato.

Los artistas emergentes, entre los que me incluyo, considero que dan menos prioridad al punto rojo y se centran en el proceso, en la crítica constructiva, en qué pueden mejorar, en si van por el camino correcto.

A veces, escuchamos opiniones sencillas de personas que han estado toda una vida ligadas al mundo del arte, basadas en el gusto personal como “la pegatina roja es lo que más me gustaba”. Actúa inconscientemente como un jurado protector que ancla y aparta del resto lo que nuestros ojos quieren. Esto sugiere que no lo utiliza bajo ninguna norma establecida, sino que simplemente elige colocarlo porque le resulta estéticamente agradable o porque le genera una conexión positiva e intuitiva con el objeto.

El punto rojo o la pegatina roja tiene un valor muy subjetivo para cada persona, pero el éxito lo determinan más factores, como la dignidad del camino de cenizas y barro que hay por debajo. ¡Gracias!