Opinión

Los unicornios sí existen

By 4 de septiembre de 2026No Comments

Sección: Palabra de perroflauta

Eduardo Levaggi Mendoza

Después de un parón de medio año he vuelto con nuevas ganas de escribir. Debo indicar que NHU ha sido el único medio en Madrid que ha dado espacio a mi palabra cuando he querido poner una denuncia o expresar mi opinión. Y he puesto también denuncias sabiendo de antemano que caerían en saco roto, pero ahí están publicadas. Pero de todas formas soy consciente de que los perroflautas como yo no tenemos mucha credibilidad. Hemos carecido del don de procurar ser exitosos. Nuestra opinión no se encuentra avalada por una casa o un coche, bienes visibles de éxito. A pesar de estas desventajas, me niego a dejar de expresarme, aunque solo cuento con mi cualificación, que últimamente no sirve para nada. Muy especialmente en estos tiempos confusos en los que son referentes intelectuales, además de los influencers, los malversadores, los mentirosos patológicos, los sobornados, los delincuentes fiscales, los fabricantes de pruebas falsas tanto con dinero público o privado, los mercenarios de información incorrecta, los plagiadores, aquellos que sin pinganillo no pueden hilar dos frases seguidas portadoras de sentido, teniendo todos ellos un seguimiento y una aceptación altísima. Con todo este totum revolutum van moldeando la percepción de la realidad de millones de personas, en la mayoría de los casos sin pruebas. Porque, además, decir imbecilidades es un valor en alza, tales como que la comunidad autónoma tiene vocación de una sanidad universal por haber construido un barracón hospitalario cerca del aeropuerto. El que lo dice queda satisfecho de haberlo dicho, y los periodistas, mudos. Es más, cuantas más mentiras e idioteces digas, más probabilidades tienes de gobernar.

En los medios hay una ristra de opinólogos de todo con la petulancia de aseverar que dominan la información global. Y, hablando de globalidad, hay expertos especialistas en relaciones internacionales que manifiestan su dificultad de dar una opinión, en definitiva, no se atreven a dar un diagnóstico definitivo porque en muchísimos hechos internacionales y locales falta mucha información y hay tertulianos e influencers con una certeza absoluta de verdades indiscutibles sin información contrastada. Desde el caso del Maine, seguido por la prensa, sabemos que cuando se produce un hecho primero vemos las imágenes, y aquí ocurren dos cosas: o la imagen está manipulada o el relato de los periodistas solo tiene la finalidad de apelar a los sentimientos más básicos, desvirtuando la percepción real de lo que realmente ocurrió, que seguramente tiene muchos protagonistas con intereses diversos. Para los opinólogos actuales, la complejidad es un obstáculo salvable y se dedican a dar opiniones sin fundamento, contribuyendo a una desinformación programada. Y para que la desinformación tenga éxito también es importante que en los planes educativos se hable de sumerios, asirios, egipcios, la memorización de batallas y fechas del resto de la historia, y pasemos por el siglo XX de puntillas. Sin darlo como factor o causa fundamental, es para reflexionar que cien años después comienza a haber un resurgimiento del fascismo o de un neoliberalismo devastador que se creía, desde la segunda postguerra del siglo XX, erradicado. Estaba latente. Como perroflauta, estoy arrepentido de no haber participado de todo este circo mediático y político. Es posible que mi vida hubiese sido más exitosa. Pero nunca es tarde. Me voy a unir a todo este despropósito poniendo mi grano de arena, inclusive tengo en cuenta la posibilidad de formar un partido político o tal vez recibir una revelación divina para formar una nueva religión. Ambos aportan para sus líderes un buen nivel de vida, además de reconocimiento. Sin más dilación, propongo para el debate un nuevo dato. Tengo el honor de afirmar rotundamente, sin prueba alguna y sin que se me ruboricen las mejillas, que hay una especie proveniente de Ganímedes que ha habitado entre nosotros por milenios: LOS UNICORNIOS. Esperando a quien se atreva a rebatirme.