Entrevista a Gerjo Pérez Meliá, de Acción Triángulo
Referente LGTBI en Lavapiés y en defensa de los derechos de los migrantes
Ya habíamos estado alguna que otra vez en el local de Acción Triángulo de Lavapiés. Son frecuentes las convocatorias de esta asociación, que es, seguramente, una de las más activas del barrio. Su actividad no se limita al barrio de Lavapiés, pero su arraigo es indiscutible. En la última visita nos sorprendió su actividad frenética apoyando el proceso de regularización impulsado por el Gobierno.
El acceso al local es por un callejón oscuro y poco atractivo, pero el local es grande, cuidado y con distintos ámbitos. A pesar de las frecuentes confrontaciones con el Ayuntamiento de Madrid, se nota que la relación es fluida y nos parece que lo mismo ocurre con la Comunidad de Madrid, que les facilita el acceso a los centros educativos para impartir talleres.
Con el proceso de regularización el Ayuntamiento del PP no se ha mostrado muy colaborador, y de eso vamos a hablar en la entrevista. Gerjo no es nuevo en casi ningún frente social y, por supuesto, en materia de defensa de los derechos LGTBI. Su afinidad política es evidente y su relación con la Fundación Pedro Zerolo lo acredita. Hasta Zapatero forma parte de su patronato.
A Gerjo no le intimida el color político del Ayuntamiento y el Ayuntamiento también necesita llevarse bien con alguien así. De todos modos, la normalidad democrática pasa por conseguir que los cambios políticos no afecten a la actividad social y asociativa del barrio, y eso lo hemos hablado mil veces.
Nos recibe afable, como siempre. Desde el principio entramos en tema y hay que frenar a Gerjo, porque lo que dice desde el primer minuto merece formar parte de la entrevista. Gerjo es muy directo y nosotros también lo vamos a ser…
P. ¿Gerjo? Supongo que ese no es tu nombre «formal».
R. Gerjo viene de Gerardo José Pérez Meliá, pero ahora soy Gerjo en todas partes. Y ya no solo me llaman así mis amigos y mi familia.
P. Muy conocido y con una larga trayectoria de militancias.
R. Empecé en el año 1988, aunque en realidad mi interés por los temas sociales viene de mucho antes. Desde que estaba en el Colegio del Pilar ya participaba en campañas de recogida de juguetes y en distintas actividades solidarias. También fui boy scout, así que todo ese compromiso con lo social ha estado siempre muy presente en mi vida. Después participé en Manos Unidas, donde fui coordinador de jóvenes, y en 1988 dirigí un proyecto de cooperación internacional en Arequipa, en Perú, con la propia organización.
P. O sea que llevas tiempo en la militancia.
R. Toda la vida.
P. Y no solamente en el colectivo LGTBI.
R. Para mí siempre ha habido una idea de fondo: cuando defiendes un derecho, en realidad tienes que defenderlos todos. No entiendo la defensa de los derechos LGTBI separada de la lucha contra la pobreza, la exclusión, el racismo o cualquier otra forma de discriminación. Siempre he estado muy vinculado a los derechos humanos y a la cooperación internacional. He trabajado en la Cañada Real, con el pueblo saharaui e incluso tuve acogidos a dos niños saharauis que hoy ya son adultos. Para mí todo forma parte de lo mismo: defender los derechos humanos en cualquiera de sus ámbitos.
Mi activismo LGTBI también comenzó en 1988, en COGAM, donde estuve hasta 1996. Después pusimos en marcha Fundación Triángulo y, desde 2020 hasta hoy, continúo ese trabajo a través de Acción Triángulo.
P. ¿Eres el presidente actualmente?
R. No, soy el responsable del Área de Cooperación de la Fundación Pedro Zerolo y el director de la Cinemateca Pedro Zerolo, que es un proyecto concreto de la Fundación. Y aquí soy el «alma», una especie de coordinador. Mi voluntariado está en Acción Triángulo.
P. A mí me interesa mucho tu actividad aquí, en el barrio. He visto que, con el tema de la regularización, habéis estado más activos que nadie en el barrio.
R. En el barrio y en Madrid.
P. ¿En Madrid?
R. Esta medida tiene un impacto grandísimo en la vida de las personas. Yo creo que de todo lo que he hecho en mi vida nada ha sido de tanto impacto como esto. A mí me dicen «mira, Gerjo, te voy a dar mil millones de euros para que hagas proyectos y trabajes con las personas migrantes o te dejo que puedas hacer que seas entidad colaborada de la UTEX, de la Unidad de Extranjería, para ayudar en este proceso de regularización», y yo contesto que sin duda la regularización.
P. ¿Y todo con voluntarios?
R. Todo esto lo hacemos con voluntariado. Desde Acción Triángulo nos acreditamos como entidad colaboradora y nos habilitaron el acceso a Mercurio, que es la plataforma con la que se hacen los trámites de Extranjería. Eso nos permite gestionar gratuitamente los procedimientos en representación de otras personas, como puede hacer un despacho de abogados o una gestoría.
El problema es que muchos trámites no son nada sencillos. Hay que tener la documentación preparada, escanear pasaportes, subir archivos…, y hay personas mayores o con muy pocas habilidades digitales para las que todo esto es una barrera enorme. Antes los locutorios cumplían mucho esa función: tenían ordenadores, escáneres y ayudaban con todo tipo de gestiones. Pero muchos han desaparecido o se han transformado, y ese apoyo de proximidad prácticamente se ha perdido. Por eso entidades como la nuestra terminamos haciendo también ese acompañamiento digital que, aunque pueda parecer menor, muchas veces es lo que permite que una persona pueda completar realmente un trámite administrativo y poder ejercer sus derechos.
P. A mí me gusta meter siempre alguna pullita para que no sea todo un «masaje» y, si tú quieres responder, me respondes. Me parece muy curioso que haya colectivos con prejuicios culturales y religiosos contra el colectivo LGTBI y que han sido muy bien tratados por vosotros. Eso tiene un punto de ironía, ¿no?
R. Aquí, en el barrio, hay mucha gente musulmana, sobre todo de Bangladés, Marruecos, Argelia…, que al principio llegaba sin saber muy bien qué era esto ni quiénes éramos. Algunos seguramente pensarían que nos deberían colgar de un pino y luego venían aquí porque les habían dicho que ayudábamos a la gente. Al principio se sorprendían casi como si pensaran que teníamos cuernos, pero poco a poco nos hemos ido conociendo, generando confianza, y eso también rompe muchas barreras.
Al final, como te decía, para mí defender un derecho significa defenderlos todos. Yo no puedo pedir respeto para mí y olvidarme de los demás. Aquí no preguntamos a nadie a quién ama, a quién reza, qué religión tiene o de dónde viene. Ayudamos a personas a ejercer sus derechos, y punto.
P. Claro, en este país tocó bregar con la Iglesia católica, y ahora con otras Iglesias…
R. Con la Iglesia católica, con las Iglesias evangélicas, con el Partido Popular, con Vox… Pero al final casi todo parte de lo mismo: de los prejuicios. El odio aparece muchas veces cuando no conocemos algo y construimos un estereotipo. Y además la estrategia del odio está muy pensada: primero deshumanizas a un grupo y luego es mucho más fácil creerte cualquier cosa sobre él.
Con las personas migrantes pasa muchísimo. Se dice que van a ser delincuentes, que vienen a quitarnos cosas, que son un problema…, y al final hay gente que se lo cree. Pero, cuando rascas un poco, descubres que hay muchísimo talento, muchísimas ganas y muchísimas cosas que aportar. Son personas, no categorías. Lo mismo pasa con los menores migrantes: no son «menas», son chavales que han pasado por situaciones tremendas y que muchas veces no sé ni cómo han conseguido llegar vivos hasta aquí. Luego escuchas cosas como «todos son violadores». Pues no. Que una persona haya cometido un delito no convierte a todo un colectivo en delincuente.
Con las personas LGTBI ha pasado exactamente lo mismo. Yo empecé mi militancia en 1988 y entonces se nos veía como vagos, maleantes, peligrosos sociales, sidosos, promiscuos, enfermos… Éramos casi la representación de todo lo malo. Y con el tiempo hemos ido desmontando muchos de esos prejuicios. Al final, cuando conoces a las personas, el estereotipo se cae.
P. Tienes una fama excelente aquí, en el barrio. Una fama de tío comprometido, de tío superactivo y, además, bastante sencillo en el trato. La Fundación Pedro Zerolo, más que Acción Triángulo, es PSOE, es PSOE a tope. He estado viendo que hasta Zapatero está como patrono y un montón de gente. ¿Tú marcas distancia con ese tipo de historia?
R. No te acabo de entender la pregunta.
P. Que si marcas distancia con tu militancia socialista.
R. Yo no soy socialista.
P. Pero la Fundación sí lo es.
R. La Fundación tiene diferentes patronos y patronas, personas con trayectorias y sensibilidades muy distintas, pero es una organización totalmente independiente. Evidentemente, lleva el nombre y recoge el legado de Pedro Zerolo, que fue un político socialista, pero también un activista ejemplar, moderno y muy adelantado a su tiempo en la defensa de la igualdad y de los derechos LGTBI. Para mí eso no convierte a la Fundación en una organización de partido. Los derechos humanos, la igualdad o la dignidad de las personas no pueden ser patrimonio ni de la izquierda ni de la derecha. Y precisamente por eso la Fundación tiene que ser capaz de trabajar, dialogar y colaborar con personas e instituciones diferentes manteniendo siempre su independencia.
P. Si tuvieras que dar caña al PSOE, ¿se la darías?
R. Al PSOE le hemos dado caña con un montón de cosas, claro. En temas LGTBI, cuando hemos considerado que se quedaban cortos, cuando determinadas leyes tardaban demasiado o cuando había compromisos que no terminaban de concretarse. Y también en otros ámbitos: migración, derechos humanos, cooperación internacional o políticas sociales. Si pensamos que algo no se está haciendo bien, lo decimos, gobierne quien gobierne. Para nosotros la crítica no depende del partido, depende de lo que se haga.
P. ¿Y al PP cuándo?
R. Y al PP cuando corresponde. Y, si hay que ser amigo del PSOE y amigo del PP, se es. Este espacio lo tenemos porque José Fernández, antiguo concejal de Centro en la época de la pandemia, confió en nosotros.
P. ¿Mejor con José Fernández que con el actual concejal?
R. Cien mil veces mejor. José Fernández fue una persona muy comprometida e implicada con el barrio. Con Carlos Segura, sinceramente, no hemos percibido hasta ahora ese mismo nivel de implicación en algunos temas que para nosotros son muy importantes. Uno de ellos es el chemsex. En el distrito Centro estamos viendo situaciones muy graves vinculadas al consumo problemático de sustancias y no creo que podamos mirar hacia otro lado. Hemos conocido varios casos de fallecimientos asociados a esta realidad en un local del barrio y pensamos que hace falta una respuesta más clara y más coordinada.
Nosotros le hemos planteado propuestas concretas, algunas inspiradas en iniciativas que ya se han puesto en marcha en otras ciudades, como Barcelona, donde se han desarrollado herramientas municipales específicas para abordar un problema tan complejo. Se lo trasladamos hace ya muchos meses y, de momento, no hemos visto avances significativos. No digo que sea un problema sencillo ni que tenga una solución inmediata, pero sí echo de menos más interés, más iniciativa y más voluntad de sentarse a trabajar sobre ello. Porque, cuando estamos hablando de salud y de vidas, creo que las Administraciones tienen que intentar anticiparse y no limitarse a actuar cuando el problema ya está encima de la mesa.
P. Este local es municipal, ¿no? No te llevarás tan mal con Segura entonces…
R. No, es un negocio privado, pero está abierto en la calle Valverde.
P. No, no, te estoy preguntando por este local de Acción Triángulo.
R. Ah, te explico un poco la historia. Este local se llamaba El Jamonero, porque esto es un mercado municipal y todos funcionan así: le dan una concesión a una asociación de comerciantes del mercado y lo gestiona esa asociación de comerciantes. Pero, en concreto, este espacio, El Jamonero, se lo quedó el propio Ayuntamiento de Madrid porque, durante la etapa de Carmena, la EMV invirtió e hizo esta reforma. Está, como ves, en perfecto estado.
P. Este local es de la EMV sin la menor duda. Lo que te quería preguntar es que entre la gente que os subvenciona veo el logotipo del Ayuntamiento y de la Comunidad. Veo que tenéis hasta un convenio con el Ayuntamiento de Madrid. No he visto el logo, como sí lo veo en otro tipo de colectivos, ni del Gobierno ni de los fondos europeos.
R. En este caso, hasta ahora la entidad era local. Ya hemos cambiado eso. Hace nada constituimos una junta directiva, una asamblea, y ya somos de ámbito estatal. Desde mayo del año pasado.
P. ¿Recibís ayudas?
R. Estatales hasta ahora no hemos tenido porque nuestro ámbito de actuación era la Comunidad de Madrid. Desde la Fundación Pedro Zerolo, que es de ámbito estatal, tenemos un proyecto del Ministerio de Sanidad, un tema de prevención del VIH y del sida. Respecto a Acción Triángulo, hasta ahora no hemos tenido proyectos estatales porque hasta mayo éramos solo de ámbito de la Comunidad de Madrid.
P. Veo que en el listado de entidades que os apoyan está COGAM, está la Fundación 26 de Diciembre…
R. Para nosotros es fundamental trabajar en red y de forma colaborativa. Tenemos muy buena relación con muchas entidades del ámbito LGTBI y social, porque creemos que cada organización aporta una experiencia distinta y que, sumando esfuerzos, se llega mucho más lejos.
Además de COGAM, trabajamos y mantenemos una relación muy cercana con entidades como In Género, Imagina Más, Apoyo Positivo y Fundación Eddy, que también están presentes en el barrio. Compartimos espacios, preocupaciones y muchas veces también proyectos o formas de coordinarnos. Y luego está la Fundación 26 de Diciembre, con la que también tenemos muy buena relación y que, además, tiene ámbito estatal.
P. Ellos sí que reciben, como recibe el Teatro del Barrio, como recibe El Salto, como reciben todos.
R. Nosotros, hasta ahora, no hemos recibido porque éramos de ámbito local. Presentamos una, en concreto al Ministerio de Cultura, y no la sacamos.
P. La pregunta es si este ayuntamiento, con el que tú dices que hay una relación, os está recortando o se mantienen las ayudas.
R. Es que las ayudas no te las dan porque caigas muy bien. Afortunadamente, vivimos en un Estado de derecho y hay un marco jurídico. Por ejemplo, el IRPF, que es lo que marcas del 0,7% de la declaración de la renta y que puedes decir que vaya a fines de interés social o que vaya a la Iglesia católica, pues eso lo manejan las comunidades autónomas, y hay unas bases de unas subvenciones que cuando llegue otra gente las cambiarán, pero ahora mismo es una concurrencia competitiva. Tienes un marco jurídico en el que dices cómo te van a donar tu proyecto. Tú te presentas y, según saques más puntos, pues te toca dinero o no. Nosotros tenemos dinero de la Comunidad de Madrid de hace muchísimos años, por el tema de prevención del VIH y el sida. Nos dan muy poquito, pero nos dan. Tenemos proyectos ahora de una subvención específica para el tema de adicciones, que es una subvención nueva por esto que os estaba comentando del chemsex. En cuanto al Ayuntamiento de Madrid, hemos logrado desde hace varios años subvenciones del Área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad.
P. Pero no has percibido recortes, ¿no?
R. No.
P. Lo que sí parece, por lo que hemos hablado, es que este ayuntamiento con el tema de la regularización se ha puesto un poco de perfil.
R. Con este proceso de la regularización extraordinaria, yo creo que se han puesto bastante de perfil tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid. Y estamos hablando de una medida que tiene un impacto directo en la vida de las personas. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, tiene ocho Centros de Participación e Integración, los CEPI. Allí se hace asesoramiento jurídico, apoyo psicosocial, orientación laboral, cursos de español, el programa «Conoce tus leyes»… Y todo eso está muy bien, claro que está bien. Pero yo digo: si tenemos recursos, profesionales y dinero público para ayudar a una persona porque está en una situación de vulnerabilidad, ¿no sería mucho mejor facilitar que esa persona pudiera trabajar, cotizar y construir su vida de manera autónoma? Porque al final puedes darle ayudas, puedes acompañarla, puedes darle una tarjeta porque evidentemente no vas a dejar a una familia sin comer, pero lo que de verdad cambia una vida es poder decirle: «Toma, aquí tienes tu autorización, puedes trabajar». Eso está a años luz de cualquier subsidio.
Y ahí es donde yo echo de menos una actitud más constructiva por parte de la Comunidad de Madrid y también del Ayuntamiento. Se ha presentado la regularización como una medida improvisada, y, hombre, improvisada no es. Esto viene de una iniciativa legislativa popular que lleva años recorriendo el Parlamento y que consiguió cerca de 700.000 apoyos. No apareció de repente de la noche a la mañana. Y luego está el argumento de que esto va a sobrecargar los servicios públicos. Yo lo veo justamente al revés. Una persona que puede trabajar legalmente, que cotiza, que paga impuestos y que deja de depender de determinadas ayudas también está contribuyendo al sostenimiento de esos servicios públicos. Entonces podemos discutir cómo se hace, los plazos, los requisitos, todo lo que queramos. Pero convertir a esas personas en parte activa de la sociedad me parece bastante más inteligente que condenarlas a permanecer durante años en la economía informal.
P. Está bien darle caña a la Comunidad, pero a mí el sanchismo no me parece muy de izquierdas. Con esta regularización me preocupa mucho el tema de que primero dijeron medio millón, después se han ido a un millón y medio, y serán cuatro, cinco, seis millones de personas reagrupando. Y eso tiene que ser cubierto con atención pública, con sanidad, con educación…
R. Pero justo ahora está cubierto, y esas personas aportan solo cuando compran, por ejemplo, una botella de agua y pagan el IVA.
P. No generan recursos, es una acción de solidaridad de este país, de este barrio, de este ayuntamiento y de esta comunidad, gobierne quien gobierne. No vienen los migrantes a salvarnos. Si decimos esas cosas la gente se va a enfadar, y en concreto las clases más populares. Desde luego que aquí no puede estar la gente sin poder ganarse la vida.
R. Te sorprenderías, de los siete mil que han venido…
P. Nos cuesta dinero, la migración cuesta dinero, y el esfuerzo fiscal que hay que hacer es enorme. Ya lo que faltaba es que se presente ese esfuerzo de acogida como un negocio lucrativo.
R. Pero vas a dar la oportunidad para que trabajen y coticen, y entonces sí que van a aportar al sistema.
P. Claro, no pueden estar ilegales. Yo estoy de acuerdo.
R. Las personas no podemos ser nunca ilegales. Una persona puede estar en proceso de regularización, pero no es ilegal.
P. La frase «Ningún ser humano es ilegal» viene de un entorno muy próximo a la gente de este periódico, y el trabajo con migrantes también. No me vendas la bondad de Pedro Sánchez y de este Gobierno, porque yo no creo en ella.
R. Esto no nace de Pedro Sánchez. Viene de una iniciativa legislativa popular impulsada por colectivos sociales y personas migrantes, con 700.000 firmas. Después, Sumar la impulsó desde el Gobierno y Podemos presionó para desbloquearla, hasta alcanzar el acuerdo que permitió poner en marcha la regularización extraordinaria. Y, además, fue una medida apoyada por sectores muy distintos: organizaciones sociales, sindicatos…
P. Y la Iglesia, y la patronal, y…
R. Es curioso, yo no sé si alguna vez en este país han estado de acuerdo los empresarios y los sindicatos en algo.
P. A mí eso me descoloca, lo del «negocio» de los migrantes me gusta muy poco. Si es por justicia y solidaridad hay que valorarlo. No se puede simplificar un problema así y va a suponer grandes esfuerzos.
R. El empresario necesita mano de obra en el sector de hostelería, en el sector de cuidado de adultos mayores, en el sector sanitario… Yo necesito contratar a esta persona que, encima, está trabajando fenomenal. De las personas que han venido aquí, a muchísimas no había hecho falta hacerles el informe de vulnerabilidad. ¿Por qué? Porque tienen un precontrato de trabajo. El empresario para el que trabajan está deseando contratarlos porque son personas muy currantes que le sacan las castañas del fuego. Le gustaría contratarlos, pero no quiere arriesgarse a que le llegue la Seguridad Social y le ponga una multa.
P. Hemos estado en muchos procesos que iban con oferta de empleo, con contrato de trabajo, y mi temor es ver hasta qué nivel pueden trabajan con dignidad. Nosotros vamos a dar seguimiento.
R. La dignidad está, por lo menos ahora mismo, en si no tienes contrato trabajas seis días a la semana y, a veces, diez horas al día por mil euros. Eso es algo muy normal, que libres un día a la semana y que trabajes diez horas al día: de diez de la mañana a ocho de la tarde, o de ocho de la mañana a seis de la tarde, como mínimo, en sectores como hostelería o cuidado de adultos mayores. Encima, no faltes un día a trabajar porque, si faltas un día, te lo descuento de los mil euros que te doy al mes. Y ahora, por lo menos, hay un salario mínimo al que vas a tener que acogerte, hay unas horas que tienes que cumplir a la semana, hay unos derechos en cuanto a que, si me pongo enfermo, claro que tengo que cobrar y tener una prestación sanitaria.
P. Y por la acción del Gobierno hay dos comunidades que no aportan un céntimo, que son Cataluña y el País Vasco, que quieren gestionar sus propias políticas de inmigración, así que se quedan muy poquitas comunidades aportando.
R. Pero, si hablamos de las personas del barrio, no puede ser que haya venido muchísima gente de Bangladés o de Marruecos.
P. Bueno, lo cierto es que os habéis mojado como nadie.
R. Porque tenemos aquí un valioso equipo de cerca de doscientas personas voluntarias muy solidarias y comprometidas. Había que sostener un dispositivo de lunes a domingo al que venían en torno a ochenta y cien personas al día a ser regularizadas y tener que informarles en varios idiomas, ya que algunos no hablan ni inglés ni español. Había luego que escanear y revisar sus documentos, que tengan su pasaporte, que tengan sus pruebas de permanencia en España. Y era muy difícil, era todo un reto que las personas pudieran acreditar que estaban aquí residiendo. Si no aportabas una prueba por cada mes, no hay forma de que te regularices. Tienes que demostrar que has llegado antes del 1 de enero del 2026. Pero, si resulta que tengo mi pasaporte y lo tengo en blanco, ¿cómo acredito que he entrado? Porque he entrado en patera… Pues con el informe de la Policía acerca de la patera, que ha llegado el día tal, la noche cual. Aquí hemos tenido un montón de gente que ha venido en patera y que, claro, no tiene el sello de entrada y les lees el informe de la Policía, que dice: «Llegó tal día a la playa no sé cuál, en la patera no sé qué, no sé cuántos, y luego pasó al dispositivo de CEAR, de Cruz Roja». Y ya tienes la entrada acreditada.
Hay muchísimas historias, pero es que ha habido un chico de Argelia, que lo tengo aquí, que no es que el informe de la Policía diga que había llegado en patera, no: fue rescatado en el mar de Alborán, a no sé cuántas millas náuticas de la costa de Almería, la noche del 25 de mayo del año 2025. La embarcación naufragó y recogieron a diecinueve personas que se ahogaron, y solo se salvó él y otro. Y resulta que todos los expedientes van atrasadísimos; de hecho, tenemos expedientes presentados el día 16 que se supone que en tres semanas se iban a resolver. ¿Y cuántas semanas han pasado ya? No están resueltos. Van con un atraso tremendo.
P. En todo caso, el curro serio empieza ahora: trabajo, educación, salud…
R. No, déjame que termine de contarte lo de este chico, por favor.
P. Vale, vale.
R. Viene porque en cinco días se lo aprueban. Nosotros presentamos toda la documentación un sábado y el viernes siguiente ya tenía el permiso aprobado. Poco después empezó a trabajar de conserje en un edificio cerca del aeropuerto, por la zona de Plenilunio. Un día, coincidiendo con la Fiesta del Cordero, vino con unos dulces para darnos las gracias y me decía: «Pero ¿qué habéis hecho para conseguirlo tan rápido?». Y yo le decía: «Nada especial, de verdad, simplemente hemos hecho el trámite». Él había pasado antes por un dispositivo de Cruz Roja, pero, según nos contó, no había conseguido allí el acompañamiento que necesitaba para poner en marcha este proceso. Aquí vino varias veces, preparamos todo y finalmente se lo admitieron. Entonces me dice: «Si no ha sido usted, han sido mi mujer y mis hijos, que desde el cielo me están ayudando». Y es en ese momento cuando me cuenta su historia. Su mujer y sus dos hijos, un bebé de poco más de un año y una niña de siete, murieron ahogados durante la travesía. Él estuvo allí con ellos durante horas, hasta que finalmente fue rescatado. Y ahora ves a este hombre trabajando, contento porque por fin tiene una oportunidad para rehacer su vida, y piensas en todo lo que ha tenido que pasar para llegar hasta aquí. Era ingeniero. Intentó venir legalmente a Europa varias veces, a Francia y a España, pero le denegaron los visados. Al final terminó pagando doce mil euros para viajar con su mujer y sus dos hijos en una lancha que acabó volcando.
Y ahí es donde yo me hago una pregunta muy sencilla: somos capaces de mantener relaciones comerciales con Argelia, de traer el gas que necesitamos libremente, otras mercancías, de mover dinero de un país a otro con absoluta normalidad…, ¿y por qué hacemos prácticamente imposible que una persona pueda venir de manera segura y legal? Porque, cuando cierras todas las vías legales, al final estás empujando a mucha gente a jugarse la vida.
La entrevista es muchísimo más larga y ocuparía entero el periódico de septiembre, y seguramente es mejor dejarla aquí sin tocar ni una coma de las respuestas de Gerjo. Las cifras de los procesos atendidos por Acción Triángulo son de vértigo y la implicación personal de Gerjo es enorme. Desde luego que para él los casos tienen cara e identidad concretas.
Otra razón para dejar aquí la entrevista es lo ocurrido en Ceuta, que ha sido posterior al día en el que preguntamos a Gerjo por el proceso de regularización. El debate sobre migración y la necesidad de contar con la gente de este país y del resto de Europa es evidente. Todo se mueve con dinero público y son los barrios populares y el mundo rural los que reciben a los migrantes, y hay que evitar un conflicto de pobres contra pobres. Y todo el mundo no cabe en Europa, y la soberanía de los países de origen y la disposición de sus propios recursos y evitar la sangría que supone que los jóvenes más activos y más dinámicos migren es otra prioridad.
Es una pena porque Gerjo abre otros debates en la entrevista muy interesantes que tienen que ver con el rol de Acción Triángulo en los talleres que se imparten en centros escolares sobre identidades sexuales para jóvenes. Los temas quedan abiertos, pero mejor tratar uno con rigor que varios tan importantes de un modo superficial.
Desde luego que Gerjo tiene estas páginas abiertas, y los debates, análisis y espacios de reflexión son lo nuestro y no tenemos la menor intención de apartar la vista de nada que nos afecte. Ahora toca hablar de migración y de migraciones, con todas sus implicaciones y derivadas. Más de media entrevista queda para otra ocasión…
