Opinión

Cuando hablen de la patria

By 4 de septiembre de 2026No Comments

Ante las crecientes tensiones globales, el aumento de conflictos internacionales y los cambios en las políticas de defensa en varios países, me siento muy vulnerable. Desde el comienzo de la guerra en Ucrania, no puedo dejar de darle vueltas al tema de que tengo gente muy querida que, en caso de una posible movilización, sería reclamada. En España, de momento, no se contempla el regreso del servicio militar obligatorio, pero la ley contempla, de forma general, que, en caso de extrema emergencia nacional y si el Congreso lo aprueba, se podría convocar a ciudadanos (empezando por la franja de 19 a 25 años) como reservistas.

En nuestro país tenemos ejemplos de varios episodios ciudadanos de revueltas contra un reclutamiento militar forzoso (conocido como las “quintas”). El rechazo era popular porque, en su día, las clases altas podían pagar una gran suma de dinero (redención en metálico) o contratar a un sustituto pobre para librar a sus hijos del servicio militar.

En 1773, en el motín de las Quintas de Barcelona, la población civil asaltó el ayuntamiento, quemó los padrones de los sorteos y persiguió a las autoridades por la aprobación de una ordenanza que obligaba a reclutar, por sorteo, a un quinto de los jóvenes en las ciudades.

En 1868, durante las revueltas de la Revolución Gloriosa, el Gobierno rompió su promesa de abolir las quintas si llegaban al poder. Tras triunfar, decretó un reclutamiento masivo de 25.000 jóvenes para enviarlos a la guerra de los Diez Años en Cuba. En Jerez de la Frontera, Málaga, Cádiz y de nuevo en Barcelona, las madres y los jóvenes levantaron barricadas para impedir que los soldados partieran hacia Cuba, enfrentándose al ejército a tiro limpio durante días.

En 1898, España movilizó de forma forzosa a cientos de miles de jóvenes de clases humildes para defender Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Muchos de esos jóvenes huyeron a las montañas, se exiliaban en Francia o se cortaban un dedo de la mano para ser declarados inútiles para el servicio militar.

Un decreto del Gobierno de Antonio Maura, en 1909, para el envío de tropas de reserva a la guerra de Melilla, provocó un fuerte descontento social en la Ciudad Condal y otras ciudades de Cataluña, lo que provocó la Semana Trágica de Barcelona. La mayoría de los reservistas eran padres de familia de las clases obreras y la ciudadanía se movilizó, con las mujeres al frente. Durante una semana, en varios barrios vivieron tiroteos, asaltos y saqueos, barricadas y violentos enfrentamientos, cuerpo a cuerpo, entre los insurrectos y las fuerzas de seguridad. El Gobierno declaró el estado de guerra, pero en muchas ocasiones los soldados desobedecieron las órdenes de sus superiores y se negaron a disparar contra la población.

En España, a finales del siglo XX, el servicio militar obligatorio (la “mili”) seguía vigente y los jóvenes españoles optaron por una respuesta no violenta. Decenas de miles de jóvenes se declararon insumisos; no solo se negaron a ir al cuartel, sino también a realizar la prestación social sustitutoria (el servicio social alternativo). Cerca de 1600 jóvenes terminaron en prisiones militares y civiles por desobediencia, pero esta presión social masiva, pacífica e imparable desgastó por completo la legitimidad del sistema y obligó al Gobierno a abolir la mili obligatoria en el año 2001.

¿Qué seríamos capaces de hacer en el hipotético caso de que a nuestros hijos los llamaran a filas? Creo que cualquier cosa si su vida corre peligro, comenzando por la movilización social y con el objetivo claro de cambiar la sociedad. Ya se ha hecho en otras ocasiones: métodos específicos de desobediencia civil como saturar el sistema legal con la presentación masiva y simultánea de apelaciones, recursos y objeciones de conciencia individuales para colapsar los tribunales; negativa sistemática de los familiares a firmar las notificaciones de reclutamiento dirigidas a los jóvenes, o redes de hogares organizadas para trasladar a los jóvenes en edad de reclutamiento a otros países, provincias o áreas rurales.

A raíz de estas cosas, me ronda en la cabeza una estrofa de una canción cantada por Víctor Manuel, que plantea una reflexión sobre el significado de sentir un país, y que dice: “Cuando hablen de la patria no olviden que es mejor sentirla a nuestro lado que ser su salvador…”.

M.ª Ángeles Fuentes Moreno