Javier J. Herranz Aguayo
¡Que no te líen! No te dejes meter en el charco de mierda ni salgas a la calle con los ojos inyectados en sangre gritando que «no pasarán». No te dejes arrastrar ni intoxicar todas las mañanas con la opinión sincronizada, y entiendo que necesites buscar de un modo desesperado argumentos que te permitan neutralizar tus sensores, tu inteligencia propia o tu ética personal.
No eres facha, y alguien que te llame facha merece por tu parte que le des un buen guantazo. Y si de facha pasa a llamarte fascista, no te digo…
Nunca has tenido nada que ver con ninguna derecha, ahora tampoco, y te has movido bien en la lucha vecinal, sindical, política y cultural, a diferencia de ese que ahora defiende esta porquería. Ahora señala a fascistas por todas partes y no se da cuenta de que los encuentra ya en los barrios populares y en el sufrido mundo rural. Señala a fascistas y nadie lo recuerda plantando cara a fascistas de verdad.
Lo han intentado todo: empezaron secuestrando urnas en procesos internos o manipulando listas y, desde el minuto uno, estaban ya con sus negocios sucios y sus antros de cocaína y prostitución.
No eres el «uno», y tampoco los demás, a los que se les nota una enorme preocupación porque se quedan sin curro o porque no tienen curro al que regresar. Te hicieron creer que se abría una «ventana de oportunidad» para la gente y era una «ventana de oportunidad» para sus privilegios. No, al final no eran de los «nuestros» ni comparten nuestros barrios, nuestros colegios públicos y nuestros centros de salud.
Sacan ahora lo de los «otros», que llevan 13 años en los juzgados, con cientos de sentenciados y penas similares o mayores, y a los que nadie defendía ni defiende, pero estos no venían a librarnos de nada ni a limpiar nada.
Se siente cierta orfandad, pero también se está bien viviendo esa orfandad o a la espera de que algo te convenza o te ilusione. Y esa orfandad no significa apagar la tele, dejar de leer la prensa o escuchar la radio, y menos aún desactivarte política o socialmente.
El primer síntoma de haber recuperado cierta normalidad se nota cuando dejas de llamar facha a medio mundo, y menos aún a quien quiere opinar sobre las prioridades del gasto público, sobre todo porque cotiza y tributa trabajando largas jornadas.
También muestras cierta normalidad cuando te permites opinar sobre la degradación de tu barrio, y recuerdas que las organizaciones vecinales se curraban barrios en los que la vida mejoró y se dignificó.
Te mueves bien en tu barrio de toda la vida y sabes que hay gente de todo tipo, y aunque no compartas voto con todo aquel con el que compartes cerveza, no piensas que no tiene derecho a votar lo que le dé la gana o que se equivoca votando.
No ha sido gran cosa la «alternancia», no fue impecable la Transición, no es intocable la Constitución o el régimen político; pero, si lo sacan justo ahora y lo sacan estos, el debate es tramposo y trucado. No, no podemos dejar en manos de estos batracios procesos constituyentes o reflexiones conjuntas que necesitan un ambiente de tranquilidad, respeto y profundidad que no van a permitir.
Es como lo de la memoria revitalizada después de haber enterrado hace 50 años a un dictador muy siniestro. Los actos dopados con dinero público y vacíos de gente han servido para muy poco y han sido muy poco creíbles, sobre todo cuando se han concentrado en el Ateneo de Madrid o en el Círculo de Bellas Artes. Es como lo de las películas sobre el franquismo y la Guerra Civil, que empezamos viendo como acto liberador y que después de mil imágenes y relatos repetidos y subvencionados hasta la vergüenza nos han terminado por aburrir absolutamente; no se puede ver la misma película mil veces. Sobre la historia reciente y menos reciente de nuestro país, es necesario crear espacios de reflexión y análisis propio, y si notamos la tensión de alguien que quiere evitar esa reflexión y ese análisis haciendo ruido y gritando su relato sin fisuras y tan simplificado que parece de catecismo, se jode la cosa.
Que la gente piense tranquila, que hable tranquila, que respire tranquila… Y si tiene dudas que las exprese sin miedo. Y si ellos no somos nosotros y sus negocios no son los nuestros, que dejen de liarnos con sus mierdas.
No se cae el mundo, se caen ellos y en esa caída hacen mucho ruido.
