Opinión

Tú no eres el «uno» y no son los «nuestros»

By 14 de julio de 2026julio 16th, 2026No Comments

Javier J. Herranz Aguayo

¡Que no te líen! No te dejes meter en el charco de mierda ni salgas a la calle con los ojos inyectados en sangre gritando que «no pasarán». No te dejes arrastrar ni intoxicar todas las mañanas con la opinión sincronizada, y entiendo que necesites buscar de un modo desesperado argumentos que te permitan neutralizar tus sensores, tu inteligencia propia o tu ética personal.

No eres facha, y alguien que te llame facha merece por tu parte que le des un buen guantazo. Y si de facha pasa a llamarte fascista, no te digo…

Nunca has tenido nada que ver con ninguna derecha, ahora tampoco, y te has movido bien en la lucha vecinal, sindical, política y cultural, a diferencia de ese que ahora defiende esta porquería. Ahora señala a fascistas por todas partes y no se da cuenta de que los encuentra ya en los barrios populares y en el sufrido mundo rural. Señala a fascistas y nadie lo recuerda plantando cara a fascistas de verdad.

Lo han intentado todo: empezaron secuestrando urnas en procesos internos o manipulando listas y, desde el minuto uno, estaban ya con sus negocios sucios y sus antros de cocaína y prostitución.

No eres el «uno», y tampoco los demás, a los que se les nota una enorme preocupación porque se quedan sin curro o porque no tienen curro al que regresar. Te hicieron creer que se abría una «ventana de oportunidad» para la gente y era una «ventana de oportunidad» para sus privilegios. No, al final no eran de los «nuestros» ni comparten nuestros barrios, nuestros colegios públicos y nuestros centros de salud.

Sacan ahora lo de los «otros», que llevan 13 años en los juzgados, con cientos de sentenciados y penas similares o mayores, y a los que nadie defendía ni defiende, pero estos no venían a librarnos de nada ni a limpiar nada.

Se siente cierta orfandad, pero también se está bien viviendo esa orfandad o a la espera de que algo te convenza o te ilusione. Y esa orfandad no significa apagar la tele, dejar de leer la prensa o escuchar la radio, y menos aún desactivarte política o socialmente.

El primer síntoma de haber recuperado cierta normalidad se nota cuando dejas de llamar facha a medio mundo, y menos aún a quien quiere opinar sobre las prioridades del gasto público, sobre todo porque cotiza y tributa trabajando largas jornadas.

También muestras cierta normalidad cuando te permites opinar sobre la degradación de tu barrio, y recuerdas que las organizaciones vecinales se curraban barrios en los que la vida mejoró y se dignificó.

Te mueves bien en tu barrio de toda la vida y sabes que hay gente de todo tipo, y aunque no compartas voto con todo aquel con el que compartes cerveza, no piensas que no tiene derecho a votar lo que le dé la gana o que se equivoca votando.

No ha sido gran cosa la «alternancia», no fue impecable la Transición, no es intocable la Constitución o el régimen político; pero, si lo sacan justo ahora y lo sacan estos, el debate es tramposo y trucado. No, no podemos dejar en manos de estos batracios procesos constituyentes o reflexiones conjuntas que necesitan un ambiente de tranquilidad, respeto y profundidad que no van a permitir.

Es como lo de la memoria revitalizada después de haber enterrado hace 50 años a un dictador muy siniestro. Los actos dopados con dinero público y vacíos de gente han servido para muy poco y han sido muy poco creíbles, sobre todo cuando se han concentrado en el Ateneo de Madrid o en el Círculo de Bellas Artes. Es como lo de las películas sobre el franquismo y la Guerra Civil, que empezamos viendo como acto liberador y que después de mil imágenes y relatos repetidos y subvencionados hasta la vergüenza nos han terminado por aburrir absolutamente; no se puede ver la misma película mil veces. Sobre la historia reciente y menos reciente de nuestro país, es necesario crear espacios de reflexión y análisis propio, y si notamos la tensión de alguien que quiere evitar esa reflexión y ese análisis haciendo ruido y gritando su relato sin fisuras y tan simplificado que parece de catecismo, se jode la cosa.

Que la gente piense tranquila, que hable tranquila, que respire tranquila… Y si tiene dudas que las exprese sin miedo. Y si ellos no somos nosotros y sus negocios no son los nuestros, que dejen de liarnos con sus mierdas.

No se cae el mundo, se caen ellos y en esa caída hacen mucho ruido.