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Accidentes ‘in itinere’ XI

By 4 de noviembre de 2026No Comments

Matías Kítever

La vida fracturada. Sin porvenir. A ciegas. No futuro. ¿Qué es el horizonte? El horizonte es una línea que divide el cielo de la tierra. ¿Hay algo en el horizonte? Pregunta Colón a bordo de la Santa María. ¿Y qué es el horizonte para un prisionero condenado a cadena perpetua? Unas cuantas líneas negras, el cielo en parcelas y una línea de fuga que canta. Para uno que se ha quedado ciego, el horizonte es una frontera, un olor, un sonido, una textura. ¿Qué es el horizonte? ¿Por qué es importante contar con el horizonte? Porque hay que anticipar. El horizonte es la alarma que ha visto la dana, la advertencia es horizonte, no vayas en esa dirección, no por esa calle, a esa hora, no con esas personas, no con ese, no de esa manera porque te puedes caer o hacer daño. El horizonte es lo que adviene inevitablemente y te aplasta como el sol al final del día. Son las deudas, es la especulación, la incertidumbre. Por eso la protección social, por eso las leyes sobre los accidentes de trabajo o la pensión, porque es necesario poder planear, proyectarse como buenos modernos o, por lo menos, tener la posibilidad de verse en algún lugar, allá, más adelante, años después, de cierta manera y no de otra. Este horizonte del que hablamos, que es la línea que separa el cielo de la tierra, el continente poblado de indios, la certeza de estar en el mismo lugar o el perfume inconfundible, esa dimensión que nos permite organizar de alguna manera la existencia de papel y la vida biológica, se ha convertido en un privilegio, en el meollo de esta batalla, la mía y la de todos. En esto pensaba cuando supe que iba a ser padre y podía acceder a la baja por paternidad si cotizaba lo suficiente. Por eso necesitaba el contrato. Esos fueron los meses más felices de mi experiencia como cocinero. Es increíble lo que un contrato puede hacerle a tu alma. En lo mismo pensaría Julián cuando empezó a trabajar a los veinte años con un contrato a término indefinido, el horizonte deseable, el ahorro y la casa en el campo para el final de sus días. También María pensaba en eso cuando cumplió cincuenta años y se sentó a organizar sus cientos de contratos precarios, en las migajas que debía recoger para tener una vida digna. En el horizonte. Los hay que nacen con él debajo del brazo, los que se dan el lujo de perderse en él, improvisar o jugar, los que siempre pueden empezar de nuevo, los que nunca lo verán, los que lo han construido con esfuerzo, aquellos a los que no les importa y los que no piensan en estas cosas. Pero yo estaba avisado. Cuando llegué a la cocina del Barco era de lo único que se hablaba. De la decepción y de los días amargos que durante el confinamiento tuvieron que pasar los miembros de la cuadrilla. El Capitán no había declarado ni el diez por ciento de las horas que habían hecho. Eso significaba que no recibirían el paro y que tendrían que afrontar los próximos meses sin un duro. La prestación social, el paro o la baja por paternidad permite reducir el impacto de la contingencia, pandemia o paternidad, en la vida de las personas. Así funciona. Tío, tú eres el primero que hace algo parecido en el Barco, me dijo Antoine, ¿en serio? Me preguntó Juli. Sabía que tenía que dar un preaviso de tres meses antes. Sabía que debía esperar hasta ese momento y tener cuidado, por ejemplo, de no ir caminando con la panza de mi esposa por lugares frecuentados por el Capitán, el puerto o la plaza de mercado. Una de las razones que me di para postergar lo más posible esta verdad que cambiaría el rumbo de las cosas era la opinión del Capitán sobre la paternidad, no te equivoques, tío, no cometas ese gran error, es lo peor, tío, es lo peor que te puede pasar, ¿por qué no la abandonas? Le dije entonces, hay gente que lo hace. Se quedó en silencio. Como el día que le dije que me cogería la baja, se quedó en silencio y me miró con esos ojos de payaso triste que puede ver la tormenta en el horizonte.

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