Cultura

La guardiana del lenguaje

By 4 de noviembre de 2026No Comments
Retrato de una persona de cabello canoso y pañuelo rojo ante un fondo naranja

Ana María López Expósito

La novela El cuento de la criada (1986), escrita por Margaret Eleanor Atwood (una de las escritoras imprescindibles en esta época, poeta, crítica literaria, activista y novelista), es su obra más famosa. En la República de Gilead, un régimen teocrático en Estados Unidos, las mujeres fértiles son esclavizadas como criadas para procrear. Su traje rojo y su cofia blanca se han convertido en un símbolo universal de protesta feminista. Estar en desacuerdo político con una teocracia es herejía y una buena cantidad de golpes de pecho con una sonrisa de satisfacción puede ser utilizada para dar inicio a la exterminación de los herejes, como lo ha demostrado la historia por medio de las cruzadas, las conversiones forzadas al islam, la Inquisición española…
Autora muy prolífica de novelas como Resurgir (1972), Doña oráculo (1976), Ojo de gato (1989), La novia ladrona (1993), Alias Grace (1996), El asesino ciego (2000) y Penélope y las doce criadas (2005). Margaret Atwood situó en el centro de sus ficciones a personajes femeninos agitados por un mundo en el que se llama a la mujer a vivir y a obrar según reglas establecidas por los hombres.
Es también una consumada poetisa, género en el que empezó con diecinueve años y en el que recurre a referencias mitológicas, culturales, literarias y pictóricas, como en Double Persephone (1961), The Circle Game (1964) y Procedures for Underground (1970), así como en You are Happy (1974) y en Two-Headed Poems (1978). Podríamos decir que Margaret no escribe: disecciona. Aprendió a mirar en los bosques del norte, donde su padre contaba insectos y ella aprendió que la naturaleza no es maternal, es indiferente. Por eso su poesía nunca es decorativa. Un árbol no es símbolo, es madera que cruje. Un cuerpo no es metáfora, es un lugar donde dejar huellas dactilares. En unas declaraciones afirmó: “No pertenezco a ningún partido político y suelo votar en función de lo que probablemente hará la persona”. Es una de las dos únicas mujeres que han ganado dos veces el Booker Prize (El asesino ciego en 2000 y Los testamentos en 2019). Cuando ganó, donó el dinero a proyectos de protección de bosques y causas ecologistas. Sus obsesiones son el poder, el cuerpo y el lenguaje. Bajo mi humilde punto de vista, su obra tiene un estilo quirúrgico: frases cortas, irónicas, llenas de doble sentido. Maestra en crear atmósferas opresivas con pocas palabras, The Guardian la definió como un cerebrito, poeta frágil, feminista de mirada de medusa, profeta inquietante y una de las grandes novelistas de nuestro tiempo. En cambio, Bernardine Evaristo le reprocha su feminismo blanco.
Como escritora admiradora de su obra le dedico unos versos:

Margaret, despiertas al mundo,
tu palabra ilumina,
eres fuego en la noche.
Grito que derriba muros de miedo.
En Gilead se grabó tu voz
que fulmina al que oprime y al que hiere.
Aprendiz de bosques canadienses.
Prolífica arquitecta de futuros.
Nada de lo escrito es inventado.
Reescribiste a Penélope estratega.
Desmontaste a Odiseo.
Tus palabras no tienen carcelero.

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