La inteligencia artificial (IA) es un tipo de tecnología que busca hacer que las máquinas sean lo suficientemente inteligentes como para realizar tareas que hasta ahora han requerido inteligencia humana. Esto incluye desde el aprendizaje hasta la resolución de problemas y, por supuesto, la toma de decisiones, con procesos de pensamiento similares a los humanos para aprender y adquirir experiencia.
En las últimas semanas, las advertencias sobre sus potenciales peligros han disparado las alarmas llamando a la acción coordinada para desacelerar el desarrollo de esta tecnología. Algunos investigadores afirman que existen señales preocupantes de que sus sistemas están desarrollando capacidades y potencia con demasiada rapidez. Otros han alertado en los últimos años de fallos de seguridad, usos militares y sistemas cada vez más difíciles de controlar.
La inteligencia artificial es tan amplia que incluye diferentes ramas o técnicas que tienen sus propias aplicaciones:
- El aprendizaje automático consiste en la capacidad que tienen las máquinas/sistemas informáticos para aprender a partir de los datos, identificar patrones y tomar decisiones de forma autónoma, es decir, sin estar necesariamente programadas para hacerlo.
- El aprendizaje profundo es una rama también conocida como redes neuronales profundas, porque está basada en el uso de redes neuronales artificiales con múltiples capas, buscando imitar el cerebro humano, combinar datos, ponderaciones y sesgos con el fin de poder reconocer, clasificar, correlacionar y describir de forma precisa patrones complejos en los datos de entrada.
- El procesamiento del lenguaje natural consiste en la capacidad que tienen las máquinas/sistemas informáticos para entender, interpretar, manipular, procesar y generar lenguaje humano de forma automática.
- La visión por computadora permite analizar e interpretar imágenes y vídeos de la misma forma que lo haría un humano, detectando objetos, analizando vídeos, reconociendo rostros, etc.
Los sistemas de IA se entrenan utilizando datos históricos. Si no se abordan adecuadamente, los sesgos pueden llevar a decisiones discriminatorias en áreas como la contratación, los préstamos bancarios o el sistema judicial; por ejemplo, desplazar trabajadores en ciertos sectores del mercado laboral generando desigualdades económicas para las personas cuyas habilidades se vuelven obsoletas. En sistemas críticos, como vehículos autónomos, atención médica o infraestructura, conlleva riesgos significativos si estos sistemas fallan. Un error en un sistema autónomo puede tener consecuencias catastróficas, desde accidentes hasta la interrupción de servicios esenciales.
¿Y te has dado cuenta de que, al delegar tareas en la IA como escribir correos, resumir libros o resolver problemas, corremos el riesgo de debilitar nuestra capacidad de comprensión lectora, memoria y pensamiento propio? También cada vez es más común el uso de «compañeros de IA» o chats afectivos, reduciendo la práctica de interactuar con personas reales. La clonación de voz y los deepfakes permiten que un ciberdelincuente llame a una persona imitando a la perfección la voz de su hijo o pareja para pedir dinero por una supuesta emergencia. Y, por supuesto, los algoritmos de IA de las redes sociales conocen tus gustos exactos y debilidades psicológicas, diseñados para mostrarte contenido que te mantenga enganchado. Además, creará «burbujas de información» si muestras interés por una postura política y solo te enseñará contenidos que te den la razón.
Cada minuto, en algún lugar, un sistema de inteligencia artificial toma decisiones que pueden afectar a tu privacidad. La mayoría de las veces sin que lo sepas y sin que puedas cuestionarlo. La IA aporta eficiencia y nuevas oportunidades, pero también introduce riesgos que pueden comprometer derechos fundamentales y la seguridad colectiva.
La toma de decisiones autónoma por parte de sistemas de IA plantea cuestiones éticas fundamentales, especialmente cuando dichas decisiones tienen un impacto significativo en la vida de las personas. Tendríamos que preguntarnos si las decisiones de la IA serán justas, transparentes y estarán alineadas con los valores humanos. Y, desde luego, plantearnos si estas “inteligencias” pueden operar solas si no hay una inteligencia humana emocional que las direccione.
María Ángeles Fuentes
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