Natividad Jiménez López
En septiembre hemos subido la tirada de este nuestro querido periódico en cinco mil ejemplares, nos hemos puesto en quince mil ejemplares mensuales y estamos más que contentos por ello. Se confirma que, aunque vivimos en “tiempos digitales”, a muchos nos sigue gustando el papel.
Para que mes a mes salga un nuevo número hay detrás gente voluntaria muy valiosa (curritos, estudiantes, parados, jubilados…) metiendo tiempo, trabajo, esfuerzo y mucha generosidad. Tiene mucho sentido que un medio así llegue a los vecinos, que sepan que pueden formar parte de sus contenidos siendo los protagonistas, y esto no es una frase hecha. La riqueza de esta publicación está en la gente, en su esfuerzo por sentarse lunes a lunes en torno a una mesa para hablar y decidir los contenidos mensuales. Una mesa que lleva trece años de recorrido, una mesa abierta por la que han pasado muchos vecinos, asociaciones, comerciantes, políticos, artistas, escritores, poetas, músicos…, gente conocida y gente anónima.
Este espacio se ha ido construyendo de forma muy intencional y no es nada fácil de mantener. Porque es real, no es un “como si”, el que se pueda hablar de todo entre gentes de diferentes ideologías, posturas políticas, religiones, diferentes puntos de vista y experiencias. Es verdad que, en estas reuniones del consejo de redacción o en los debates del “Café de los viernes”, no todo fluye porque no es eso lo que se busca. El propósito es claro: un medio libre de censuras y un espacio de comunicación directa, y ante esta apuesta la tensión está presente porque las posiciones son muy dispares, pero ahí está la construcción, pudiendo expresarnos y escucharnos. Tenemos reuniones y debates apasionados, tensos, divertidos, duros, complicados… Un lujo poder intercambiar experiencias y tener una mirada más amplia. Bueno, ya sabemos que vivir no es fácil y así son nuestros espacios, nuestro periódico. Nos alejamos de lo uniforme, de lo “políticamente correcto”, del relato oficial, de la pureza, de lo que está de moda… Ponemos el centro en la gente y ahí vamos aprendiendo, con aciertos y errores. Tratan de ponernos la etiqueta de si somos “rojos, azules…”, pero no lo tienen fácil. En su día decidimos que fuera una publicación del barrio, abierta a todos los vecinos y no solo a los de “nuestra cuerda”, y ahí seguimos en nuestro empeño.
Cuando ya está todo a punto, el periódico se manda a impresión y, como por arte de mucho curro y no de magia, de un día para otro Alejandro recibe en el local los quince mil ejemplares dispuestos a ser repartidos. Él es el que se ocupa de hacer ese reparto minucioso y con mucho mimo, es el guardián que asegura que el periódico llegue a los vecinos y estos ya saben dónde encontrarlo: en estancos, panaderías, centros culturales, mercados, salas de teatro, librerías, bibliotecas… Si no fuera por las cuestas de la Ribera de Curtidores, de la calle Embajadores y de las inclemencias del tiempo, se podría decir que este momento de dar difusión a nuestra publicación es muy especial. De hecho, los primeros lunes de mes en el consejo de redacción prestamos mucha atención a que Alejandro nos cuente lo que dicen los vecinos de la lectura mensual, nos viene muy bien tener vuelta de cada número. Ahora yo me he sumado a esta tarea del reparto ampliando la zona a Imperial, Palos de la Frontera, Pasillo Verde, Delicias, Chopera y Legazpi. Toca abrir la nueva zona, repartir comercio a comercio, hablar con los sitios públicos y asegurarnos de que los periódicos no se tiran y son bien recibidos. Es un gusto entablar conversación con comerciantes y vecinos porque uno va haciendo amigos. A Alejandro ya le pasa que le invitan a refrescarse con un helado o en invierno a tomar un caldo. Espero hacerlo la mitad de bien que él.
Pero también nos topamos con lugares y gentes no tan gratas porque ponen dificultades en la distribución. Eso me pasó en el espacio Matadero, donde el trato fue distante y me remitieron a escribir un correo desde donde me contestaron de forma anónima. Eso no es de recibo siendo un espacio público. Algunos funcionarios me han facilitado mucho y otros han sido verdaderos “policías”; parecía que llevaba un artefacto explosivo más que un periódico barrial.
Y es que esto de repartir el periódico Lavapiés, La Latina y Embajadores no es cualquier cosa, somos muy conscientes de lo que nos traemos entre manos y sabemos que repartimos un verdadero tesoro.
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