Editorial
Cuidado con los policías e inquisidores en los debates sociales y políticos
Se presentan cargados de superioridad ética e intelectual, y repiten como loros lo que se ha preparado para ellos por parte de la «opinión sincronizada», repiten calificativos o, mejor dicho, «descalificativos» para no entrar a debatir o reflexionar sobre cualquier cosa. Estos «batracios» y «batracias» de medio pelo dan por cerrados muchos temas de acuerdo con una agenda que ellos no han pensado ni decidido, y nos joden cualquier intento de reflexión conjunta.
El imbécil o la imbécil que llama fascista a medio mundo (el día que se enfrenten de verdad al fascismo se van a cagar encima) o negacionista, bulero, desinformador, seudomedio, conspiranoico, terraplanista y decenas de lindezas similares se cree que en lugares de libre expresión y libre pensamiento le va a funcionar algo así, y viene ocurriendo que en nuestros debates abiertos o en los consejos también abiertos no se come ni «medio rosco». Por supuesto que pueden hablar y decir lo que quieran o pueden publicar sus artículos firmados, pero lo que no pueden esperar es que su intento cobarde de silenciar a los demás con una sentencia insulsa les vaya a funcionar aquí.
Lo de «facha», en un medio y en ámbitos formados por gentes curtidas en mil luchas y en mil intentos fracasados de cambio social humanizador, es muy ridículo y, cuando intentan decírselo a según quién, se pueden encontrar con el bostezo, la risa o algo mucho menos amable, según el carácter y el ánimo del interpelado.
Con los temas de género, las mujeres que se mueven por aquí son un dique de contención de simplificaciones muy seguro; lo mismo ocurre con identidades sexuales, y no te digo nada si se trata de darnos lecciones sindicales, políticas, culturales, vecinales…
Por lo que sea, este medio ha actuado como un imán muy poderoso para disidentes y librepensadores, y se han ido acercando gentes muy valientes y lúcidas. Y ahora sigue ocurriendo sin prisa, pero sin pausa.
Aquí se habla con libertad de migración, de salud, de educación, de sexo, de política, de religión…, y quien lo dude que lo intente. No aseguramos que en algún momento la discusión se pueda tensar un poco, pero la sangre nunca llega al río.
Lo primero que cuestionamos absolutamente es que, en este momento, se respire más libertad, mayor seguridad para mujeres y otros colectivos violentados y agredidos o mayor bienestar para la gente en general. Nadie intentó librar al PP de las consecuencias de lo poco o lo mucho que se descubrió de sus corrupciones, absolutamente nadie, y ahora sentimos una vergüenza enorme cuando vemos a gentes que parecían decentes e inteligentes justificar las porquerías de los «suyos». Se ha escrito en este medio sobre la Transición y las herencias de una larga y monstruosa dictadura, pero, más de cincuenta años después de enterrar a la «momia», decir que ahora los jueces franquistas se ponen de acuerdo para joder la vida a este Gobierno de «izquierdas» es lo más tramposo y cutre que podíamos esperar. Lo que está saliendo, lo que está en los juzgados, lo que se publica en algunos medios y lo que consiguen investigar los agentes de la UCO o la UDEF es una pequeña parte después de los intentos de control, censura y manipulación de quienes intentan evitar que se sepa.
Aquí, en este barrio, el asunto de la migración y las migraciones nos afecta mucho, y lo que faltaba es que la gente no pudiera hablar con toda libertad de lo que piensa y siente. Y las organizaciones de migrantes del barrio son las primeras que tienen que decir lo que piensan del asalto violento que ha sufrido la ciudad de Ceuta, y no solo de la gente que aún, cuando cerramos este editorial, transita por las calles de esa ciudad indiscutiblemente española, aunque no estemos seguros de entender todos igual ese concepto de españolidad.
Que no habrá futuro si no es de todos y para todos es una verdad tan profunda que casi asusta pensar en las derivadas que pueden salir de esa reflexión, y también es verdad que Europa, con todos sus errores, no es un lugar de destino que se pueda estirar hasta el infinito. Desde luego no es vaciando de los jóvenes más formados y más dinámicos los países de origen de esa migración, o degradando la convivencia en los lugares de destino en una guerra de pobres contra pobres.
Si alguien se dice de izquierdas y normaliza que la gente viva en la calle entre suciedad y degradación física extrema, está mintiendo, y si alguien llama diversidad cultural a que se fortalezcan organizaciones autoritarias propias y foráneas, también.
Las asociaciones vecinales dignificaron los barrios populares de este Madrid complejo y amplio, y ahora simplificamos diciendo que esa dignidad se recupera dando voz a un tejido asociativo distinto y que responde a intereses y financiación muy poco limpios. La voz no es la de las asociaciones, y a esas asociaciones hay que exigirles transparencia y rendición de cuentas del dinero público que reciben o recibimos y además de sus parentescos ideológicos, pero la voz es de los vecinos y vecinas sin la menor intermediación.
Cuando alguien dice que es la «voz del barrio», la «voz de las mujeres», la «voz de los migrantes», la «voz de los trabajadores», entre otras portavocías autoadjudicadas, prepárate para evitar que te roben el alma o la cartera.
Este medio es abierto al barrio y sus gentes, y abre espacios de libre expresión, pero no es la «voz del barrio» y menos la «única voz del barrio», por mucho que lo intentemos.
Tenemos problemas muy serios y difíciles, pero no vamos a dejar que nos los «resuelvan» sin contar con lo que tengamos que decir y aportar. Es más, cuando vengan con sus soluciones de expertos les vamos a patear el tablero. Y esto es una rotunda y clara advertencia…
