Ana María López Expósito
Fue la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Pintura en España, en 1959. Benjamín Palencia, uno de sus maestros y figura clave de la Escuela de Madrid, valoró su extraordinaria sensibilidad para el color y la naturaleza. Consideraba que poseía una voz propia alejada de cualquier imitación. Hablo de Carmen Gal Orendain (Irún [1919]-San Sebastián [2008]). Los pintores que la conocieron coincidían en tres aspectos esenciales de su obra: su extraordinario uso del color, heredero del fauvismo; su fidelidad a la pintura figurativa y al paisaje, y su independencia, tanto artística como personal, en una época en la que las mujeres tenían muy poca presencia en el mundo del arte. Con tan solo nueve años ya tenía claro su propósito de vida, “ser pintora, que no artista”, según palabras de Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Con apenas 13 años viajó a París para formarse en la academia del pintor Amédée Ozenfant. Aquella experiencia le permitió conocer las vanguardias europeas mucho antes que muchos artistas españoles de su generación. De París viajó a Madrid, a la escuela de Bellas Artes de San Fernando. Aquí conoció a futuros pintores y a los conocidos poetas Lorca y Neruda. También conoció al que se convertiría en su profesor: el pintor vasco Aurelio Arteta.
Menchu Gal es recordada como una artista libre, pionera y profundamente innovadora, cuya pintura transmitió la alegría del color y la emoción de la naturaleza. Su legado sigue vivo en exposiciones, fundaciones y espacios culturales dedicados a su obra. Antonio López manifestó en distintas ocasiones su respeto por la personalidad pictórica de Menchu Gal y por la autenticidad con la que abordaba el paisaje, ajena a modas pasajeras. Pintó muchas obras. Entre las más representativas se encuentran Paisaje del pueblo navarro en Arráyoz, La plaza del pueblo (influencia del fauvismo y de Henri Matisse), Azoteas de Madrid, Jarrón con flores… Alcanzó gran reconocimiento por los paisajes de Castilla, del País Vasco, de Navarra, y por sus bodegones florales.
Su obra me inspira algunos versos:
Tu pintura es luz en el corazón,
arquitectura y refugio de colores libres de ataduras;
abierta a la esperanza
tus trazos ecos azules del mar,
verdes bosques de Navarra,
hay memoria en tus bodegones.
En tus lienzos aflora la mañana
con pigmentos de destellos musicales.
Dejas huella en el cosmos,
eres encina milenaria,
abres tus ramas al firmamento,
ofreces cobijo; en días de primavera,
te conviertes en jardín silencioso,
eres álgebra de la sensibilidad terrenal.
