Opinión

Federico Mayor Zaragoza: una vida para la paz y el pensamiento libre

By 3 de septiembre de 2026septiembre 7th, 2026No Comments

Francisco José Alonso Rodríguez

Presidente de la Liga Española Pro Derechos Humanos

Federico Mayor Zaragoza fue una gran persona que trabajó incansablemente para la paz en el mundo, así como un digno ateneísta. Su figura representa una de las cumbres del humanismo contemporáneo español, logrando tender puentes entre la rigurosidad de la ciencia y el compromiso inquebrantable por la convivencia armónica de los pueblos. Científico de formación y pacificador por profunda convicción, su trayectoria es el reflejo de un ciudadano del mundo que jamás olvidó la fuerza transformadora de la palabra.

Nacido en Barcelona en 1934, su andadura profesional comenzó en el ámbito de la bioquímica y la farmacia, donde alcanzó el éxito académico como catedrático y rector de la Universidad de Granada. Sin embargo, su verdadera vocación universal se consolidó al frente de la UNESCO, institución que dirigió con brillantez entre 1987 y 1999. Durante sus doce años de mandato, Mayor Zaragoza impulsó un giro histórico en la organización, promoviendo el concepto de una «cultura de paz». Bajo su liderazgo, la UNESCO no solo defendió el patrimonio material, sino que batalló para sustituir la secular cultura de la violencia y el conflicto por una cultura basada en el diálogo, la justicia social, los derechos humanos y la tolerancia. Para él, la paz no era la simple ausencia de guerra, sino una actitud activa arraigada en la mente de los seres humanos.

Más allá de los grandes despachos internacionales, Mayor Zaragoza mantuvo siempre un fuerte lazo con los espacios de debate libre y democrático. En este sentido, destacó como un digno y convencido ateneísta. En el Ateneo de Madrid, institución histórica consagrada a la libertad de cátedra y a la libre discusión de las ideas, encontró un hogar natural. Su vinculación con las distintas secciones de la docta casa y su constante participación en conferencias y foros ateneístas demostraron su firme creencia en que las sociedades progresan cuando el pensamiento no se somete a los intereses económicos o partidistas. Como bien refleja la proclama frente a los grupos financieros en el Ateneo, Mayor Zaragoza defendió que la cultura, la ciencia y el debate intelectual deben permanecer limpios, autónomos y al servicio exclusivo de la ciudadanía.

Incluso tras finalizar sus altas responsabilidades institucionales, continuó su cruzada pacífica a través de la Fundación Cultura de Paz, recordando incansablemente a las nuevas generaciones que un futuro más justo es posible si se priorizan la educación y la sostenibilidad.

Federico Mayor Zaragoza nos dejó un legado imperecedero. Fue un hombre noble que demostró que la ciencia debe tener conciencia y que la política carece de sentido si se aparta de la ética. Su memoria perdura tanto en los anales de la diplomacia internacional como en el corazón de los ateneístas, quienes ven en él un ejemplo imperecedero de lo que significa ser un constructor de la paz universal y un guardián de la libertad de pensamiento. Federico fue el primer presidente de honor del Centro de Estudios Ateneos. Siempre hemos permanecido unidos desde finales de los 60. Nuestra relación vino de nuestra amistad con Pepín Vidal Beneyto.