Durante décadas fue uno de los principales escenarios de la cultura popular madrileña. Su historia también refleja algunos de los episodios más convulsos del siglo XX. En los años cincuenta el teatro fue transformado en sala de cine y sufrió varias reformas. Tras un intento de recuperación como espacio teatral en 1978, cerró sus puertas en 1985. Durante los años de abandono llegó a utilizarse como escenario cinematográfico.
El edificio fue recuperado a comienzos del siglo XXI y volvió a la actividad teatral, primero como sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y posteriormente con la compañía Kamikaze, Premio Nacional de Teatro en 2017.
