Opinión

Migración sí, pero responsable

By 13 de julio de 2026julio 16th, 2026No Comments

José Luis Priego Sánchez

Presidente de la Asociación CAMUS (Comunidad de Apoyo a la Migración Unida y Sostenible)

En CAMUS (Comunidad de Apoyo para la Migración Unida y Sostenible) nos faltó muy poco para incorporar una letra más a nuestro nombre: la R de Responsabilidad. Porque entendemos que la Migración solo puede construirse de forma sólida cuando se apoya en tres pilares inseparables: la Unión, la Sostenibilidad y la Responsabilidad.

Llevamos meses advirtiendo de que la migración iba a ocupar un lugar central en el debate político y social. La regularización extraordinaria, las nuevas políticas migratorias que se están desarrollando en diferentes países y la cercanía de las próximas elecciones han convertido este asunto en uno de los temas más discutidos y, lamentablemente, también más utilizados para generar confrontación.

La historia nos demuestra que, cuando una sociedad atraviesa dificultades, muchas veces busca responsables fuera de sí misma. Y resulta sencillo señalar a quien acaba de llegar. Sin embargo, detrás de cada cifra y de cada titular existen personas con nombres, familias, sueños, miedos y una mochila emocional.

En CAMUS siempre hemos creído en la responsabilidad compartida. La integración no puede depender únicamente de quien llega ni únicamente de quien recibe. Es un camino que se construye desde ambos lados. Las personas migrantes deben mostrar disposición para aprender, participar y adaptarse a la sociedad que les acoge, pero también nosotros tenemos la obligación de tender la mano, acompañar, escuchar y crear oportunidades reales para que esa integración sea posible.

Nuestro refranero popular dice: “Donde fueres, haz lo que vieres”. Parece sencillo, pero encierra una enorme complejidad para quien abandona su país. Migrar implica enfrentarse a una realidad desconocida, aprender nuevas normas, costumbres y formas de vida, empezar de nuevo cuando apenas se tienen referencias, sentir nostalgia mientras se intenta construir esperanza. Y aquí surge uno de los mayores desafíos: adaptarse sin perder la propia esencia. Porque integrarse no significa renunciar a quién eres ni olvidar tus raíces, tu cultura o tu historia. Un camaleón cambia de color para adaptarse al entorno, pero nunca deja de ser un camaleón.

Como sociedad, tenemos la responsabilidad de facilitar ese proceso. No hablamos de sacrificios extraordinarios, sino de algo mucho más sencillo y poderoso: tratar a las personas con dignidad, escuchar y mirar a los ojos. La migración es mucho más que números, estadísticas o necesidades laborales. Es intercambio, aprendizaje mutuo y crecimiento compartido. Las sociedades avanzan cuando son capaces de enriquecerse con diferentes perspectivas, culturas y experiencias. Así ha ocurrido a lo largo de la historia y así debería seguir ocurriendo.

No debemos olvidar tampoco el enorme esfuerzo que realizan quienes migran: afrontan la incertidumbre, la soledad, el miedo al rechazo y la dificultad de encontrar un lugar donde sentirse parte de algo. Por eso el respeto y la educación son fundamentales. No como herramientas para imponer, sino como instrumentos para construir puentes. La convivencia no nace de la obligación, sino del entendimiento, y este requiere de paciencia, empatía y humanidad.

Desde CAMUS seguiremos defendiendo una migración responsable, humana y basada en el compromiso mutuo. Porque creemos profundamente en una sociedad donde nadie tenga que elegir entre conservar su identidad o sentirse aceptado. Porque todos compartimos algo mucho más importante que nuestro lugar de nacimiento: compartimos nuestra CONDICIÓN HUMANA. Y quizá algún día comprendamos que la verdadera riqueza de un país no se mide por lo que posee, sino por la capacidad de abrir espacio en su corazón para quienes llegan buscando una oportunidad. Nadie abandona su hogar, sus recuerdos y sus raíces por capricho; quien migra no busca privilegios, busca futuro, seguridad y dignidad. Las fronteras más difíciles de cruzar no son las que aparecen en los mapas, sino las que existen en nuestros corazones. Y si logramos derribarlas, no ganará una parte ni perderá la otra: ganaremos todas y todos.