Opinión

Te quieren pero no: cebos para entrar en un periódico profesional remunerado

By 30 de abril de 2026No Comments
Carlota Magdaleno Ruiz. Te quieren pero no

Alguna que otra empresa juega con eso que se llama “vocación” para considerar si sigues en el ruedo. Pero, en 1973, la crisis energética se caracterizó por la recesión del empleo, y ha afectado a todos los grupos de población, incluidos los de mayor nivel educativo. El incremento de la cantidad misma de universitarios ha saturado el mercado laboral y no puede absorberlos todos, razón por la cual pierde relevancia el pleno empleo y el aumento de la demanda de mano de obra cualificada que caracterizó a los años 50 y 60. La inversión en educación tiene resultados distintos a los años mencionados debido a las elevadas tasas de desempleo en la población universitaria, que se contraponen a su constante aumento en base a la necesidad de aumentar la cantidad de credenciales para competir por la escasez de puestos. A todo esto, hay que sumarle diversas noticias que han señalado tanto a periódicos como El Mundo, ABC y El País por no solo instrumentalizar las prácticas para sustituir personal, sino también por despedir a personal en plantilla bajo “criterios profesionales”, para reemplazarlos por becarios a los que se les ha extendido el tiempo en prácticas para que pudieran seguir haciendo funciones de trabajadores a jornada completa y horas extras a un sueldo de becario.

Como ilustración, hace pocos años, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social señaló que, entre 2013 y 2015, se llegó a pasar de 20.000 becarios en España a 70.000. Debido a este contexto, como buena demandante de empleo, un buen día me dio por ir a una feria de empleo. Vi un rebosante taco de papeles en la mesa sin supervisión alguna. Le eché un ojillo y, antes de leer la hoja entera, me abordó un señor mayor, delgado y de pelo blanco. No pude formular ningún tipo de pregunta porque enseguida soltó: “Cuéntame tu vocación de periodista”. No iba a responder que se basaba en las probabilidades de conseguir algún contrato. “Pero no he estudiado periodismo”, respondí. “¡No pasa nada, aceptamos a todos! Aquí tienes la hoja, completa las tareas y tendrás la posibilidad de entrar en el proceso”. Mira tú por dónde, qué fácil. No te van a decir desde el principio que solo quieren a los mejores.

Las prácticas que se ofrecían eran de media jornada o de jornada completa, siendo la remuneración mensual entre 200-300 euros. No quedaba claro si en bruto o en neto, pero si es pasional todo vale. La sede estaba en el reino de muy muy lejos. Y allí que llegué. Para hacer otra prueba. Y porque solo duraba 30 minutos, había que rellenar el resto del tiempo para llegar a las dos horas, así que se puso a contar toda la historia de la marca y a darnos una vuelta por las instalaciones. Después de todo el proceso que ya habíamos hecho, desde tareas mundanas a ligeramente más creativas, todos esos logros los acabó resumiendo a “esto funciona como el juego de las sillas”.

Cada sección del periódico era una silla porque las plazas que tiene cada cual era solo una. Te empuja a que aceptes cualquier vacante. Si asumió que iban a aplicar unas 500 personas, por ejemplo, para la primera ronda de prácticas, y realmente máximo podrían entrar 10, en un sentido hipotético, porque a medida que se acababa la charla añadía que en realidad eran menos plazas porque había ya gente en estas, ¿para qué hacerme perder el tiempo? Todo esto lo combinaba con lo mal que hacemos los jóvenes al no comprar el periódico y cómo esto acaba en que el periódico vaya mal (sí, siempre la culpa es de los jóvenes). Así que, como quien no quiere la cosa, con sutileza marcada nos dijo que pagáramos la suscripción anual al periódico, que de paso estaba de oferta. Si entrábamos, como aquí es todo pedir, teníamos que manejar las redes sociales y buscar temas para los jefes, al ser jovencitos que “sabíamos más de eso”. Las instalaciones son a juicio de a quien le guste el estilo: mesas con ordenadores y personas con una ergonomía encajada a estos.

Carlota Magdaleno Ruiz