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La muerte de los “clásicos”

By 3 de abril de 2026No Comments
Manuel Reñones. La muerte de los clásicos

En un tímido arrebato de humildad Paul Thomas Anderson, al recoger el Oscar a mejor película, rememoró los films que fueron nominados en 1975 en esta categoría: Tarde de perros, Alguien voló sobre el nido del cuco, Tiburón, Nashville y Barry Lyndon; señalando que llevarse el gato al agua no significa que haya una “mejor” y que la victoria depende más del estado de ánimo que toque ese día, cerrando su speech con un reconocimiento al resto de grandes películas que han competido este año. Y ojalá fuera comparable a día de hoy, pero no lo es. Si uno se pone a pensar en cualquiera de esas cintas mencionadas no puede decir de ninguna que no es un clásico del cine, incluso en ese mismo año algunas que se quedaron fuera de las nominaciones han terminado siendo clásicos. Ninguna de las películas nominadas en este 2026 obtendrá en un futuro la vitola de “clásico”, ni siquiera la vencedora; films que perecerán en el olvido, sepultados por una nueva e ingente cantidad de mediocridad exquisitamente ejecutada. Esto habla muy mal de la época actual del cine estadounidense, un cine que, en definitiva, es el que marca los ritmos creativos cinematográficos en este mundo globalizado y que supone una buena vara de medir de nuestros tiempos.

Hace bastante que los Oscar han dejado de premiar la excelencia para conformarse con la corrección, y paradójicamente en la era de la democratización de la obra audiovisual las grandes productoras constriñen en mayor medida el talento creativo de los artistas que hace medio siglo. Esto no significa que nos hayamos vuelto idiotas con el transcurrir de las décadas, ni que los artistas de hoy no estén a la altura…, sino que se suele apostar de forma descarada por fórmulas que ya funcionan, una manera de minimizar riesgos y garantizarse la recuperación de inversiones. La osadía creativa parece abocada a unos pocos francotiradores, ejemplos de tal especie son Yorgos Lánthimos y Park Chan-wook, que firmaron, en mi opinión, las dos mejores películas de este último año: Bugonia y No hay otra opción respectivamente. Como dato curioso ninguna de las dos es una idea original, Bugonia es directamente un remake en lengua inglesa de una película surcoreana de principios de los 2000 y No hay otra opción se basa en una novela de Donald Westlake que ya el gran Costa-Gavras adaptó en 2005. Sin embargo, no les resta ni un ápice de valor, ambas desarrollan premisas de incuestionable actualidad, lo hacen desde un prisma sugestivo y sin ánimo de aleccionar a nadie. Lánthimos aborda la encrucijada que supone el fenómeno de la posverdad en la sociedad moderna y Park Chan-wook ofrece su visión ácida del fin último del capitalismo para el individuo y la deshumanización imperante en el ámbito laboral. Probablemente jamás lleguen a la categoría de “clásicos”, con seguridad ninguna de las dos lo haya pretendido, no obstante, suponen un soplo de aire fresco frente a los Nolan, J.J. Abrams, Ritchie y compañía. 

 

Manuel Reñones Prieto