Opinión

¡Estamos rodeados de franquistas!

By 3 de abril de 2026No Comments

He comenzado a ver la deficiente serie de Netflix titulada Salvador, y me está costando. Mi pareja, que es más sensible que yo, solo aguantó los primeros diez o veinte minutos, y después de que los fascistas arrojasen por la puerta del autobús a un migrante que impactó contra el techo de un coche que circulaba en paralelo, pegasen de hostias a una chica que protestó, quemasen a un policía nacional que terminó cabalgando envuelto en llamas como aquel jinete flamígero de una peli de ficción, y otras bestialidades, se levantó diciendo que estaba a punto de vomitar.

Algo vio de la escena del bar en el que la dueña rubita fascista engaña a otro “moro” para que se refugie en un trastero para facilitar una paliza bestial, en la que chicas delgaditas y frágiles completan la paliza a ese joven musulmán de un equipo francés.

No sé si la voy a seguir viendo, pero algo me han dicho de que se tira a nosequién por las escaleras del metro de Lavapiés, y de que sale una mesa de reparto de comida solo para españoles también en la plaza de Lavapiés. Sobre esto último recuerdo la anécdota de que un miembro del periódico puso en el grupo que no podíamos permitir algo así, sin darse cuenta de que se trataba de un decorado de la serie. Por cierto, hay organizaciones en el barrio que reparten comida solo para sus “nacionales” y no son precisamente españoles. Recoger y repartir alimentos solo para españoles creo que es ilegal, además de indecente, por supuesto, y lo otro también, como lo es abrir espacios públicos solo para hombres y por supuesto también es una porquería hacerlo solo para mujeres.

Volviendo a la serie, ya he descubierto que estamos rodeados de fascistas disfrazados y que la repositora del Mercadona, el vendedor de pisos de una inmobiliaria y el profe de Historia y Filosofía de tus hijos pueden pertenecer a esos grupos organizados que nos amenazan.

No estoy negando que existan grupos de ese tipo, como no niego que existan bandas latinas, o que la decisión sorprendente que están tomando las Policías vasca y catalana de publicar el origen de los agresores de todo tipo pueda corresponder a datos reales, pero cuando algo está cargado de intención y relato deformado se nota de la hostia, y esta serie es un truñaco como un camión.

Recientemente, un entrevistado del periódico nos ha dicho que en los institutos casi todos los jóvenes cantan el Cara al sol, y me parece que con esos relatos se está metiendo la pata hasta el fondo.

El voto se está moviendo a las opciones de derecha y, mientras no sean ilegalizadas con fundamento legal, nos tendremos que aguantar; y cuando Vox tiene ya muchos millones de votos, el cordón sanitario esperemos que no nos lo terminen poniendo ellos a nosotros. Me tocó discutir con muchos amigos por explicar que Bildu no puede ser ilegalizada por motivos evidentes que no voy a explicar aquí para dar espacio a ese juego pedorro de las ilegalizaciones que puede terminar en un ambiente irrespirable de verdad. Que algo no me guste no puede ser motivo para cerrarlo, cancelarlo o ilegalizarlo, y me temo que cuando esas opciones que proponen ilegalizar o silenciar vemos que se están disolviendo después de haber abandonado pueblos y barrios populares, vamos a ser gentes como nosotros los que nos vamos a quedar para discutir en la base social sobre solidaridad y libertades reales.

No estamos rodeados de fascistas por todas partes; con tontos de baba con mala hostia sí empezamos a tropezarnos con mucha frecuencia.

Ni están contra la guerra, ni les importa de verdad la memoria, ni son antifranquistas, ni les gusta la libertad de expresión y el debate horizontal, y han convertido argumentos y reflexiones en relatos de mierda. Les gusta mucho el lujo y las cámaras, no han participado en una huelga de verdad en su puta vida y alguno se ha criado con institutriz y ha estudiado la carrera diplomática, y se les nota. No proceden de barrios populares, y los que proceden han salido de esos barrios porque sus nenes no pueden compartir patios con según qué gente. 

Me molesta tanto este relato falso e hipócrita como el de los que constantemente hablan de las ayudas que reciben y nunca de lo que aportan, insultando la inteligencia de los que llevamos toda la vida currando como cabrones y cotizando, porque la atención social a quien la necesita alguien la tiene que pagar.

Netflix no es un medio revolucionario con interés social y si mueve esas fichas dopadas de subvenciones por algo será… ¿Qué pretenden realmente?

 

Javier J. Herranz Aguayo