Cultura

El pinar de las de Gómez

By 3 de abril de 2026No Comments
María Asunción Cobo. El pinar de las de Gómez copia

Hay un lugar de Madrid que la historia de la ciudad registra con este nombre.
¿Surge curiosidad por conocer cuál es la historia?
En nuestra calle de Alcalá, en los tramos situados en la calle de Virgen de los Peligros y la plaza de Cibeles, en 1888 el Gobierno de Madrid trasplanta unos cien pinos de la sierra de Guadarrama, en dos filas. Su finalidad era adornar y dar sombra a estas calles de los Madriles de la época.
Había siete hermanas, “las de GÓMEZ”, que paseaban, como muchas otras de las mujeres de la época, por este entramado de calles, con una finalidad: la de buscar un marido.
Estas damas eran de lo que se llamó de quiero y no puedo.
Hay que situarse en la época en la que estaban. Recordemos que la mujer tenía esa finalidad, salvo las pocas que se rebelaban, y eran raras en su especie.
La mujer comienza a tener capacidad jurídica en España en 1975 con la reforma del Código Civil, apenas hace cincuenta y pico de años.
Hecho este inciso, continuamos con nuestra historia o leyenda. Como no eran de familia acaudalada, tenían poco vestuario: se dice que un único vestido y sombrero, con el que paseaban por esta zona de Madrid.
En esta época las damas casaderas de familia con posibles paseaban por la nueva Castellana en sus coches.
Enrique Sepúlveda, en su libro La vida en Madrid en 1887, se refiere a ellas como “casi todas son descoloridas por falta de nutrición, casi todas tienen el sentimiento de la novela por entregas y son dadas a construir castillos en el aire. Son atildadas en el vestir trapitos de moda y muy refinadas en el hablar. Su empeño principal consiste en que las consideren y confundan con las señoritas de buen tono. Son, por último, cursis a nativitate, por esencia y potencia, por afición y por instinto; cursis de índole contagiosa, que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.
Anteriormente a plantarse los pinos de Guadarrama, había plantadas acacias y plátanos. Parece que los pinos no prendieron bien y fueron muriéndose.
La gente llamó durante mucho tiempo a la acera de los impares del tramo de la calle de Alcalá el “pinar de las de GÓMEZ“.
Se dice que, cuando alguna joven dama pedía permiso a la madre para hablar con un pretendiente, le respondía con un “vete al quinto pino, donde yo pueda veros”.
El último pino vivió hasta 1960. Posteriormente fueron plantadas nuevamente acacias.

 

María Asunción Cobo