Opinión

Materia y cenizas

By 8 de marzo de 2026No Comments
Materia y cenizas

Acompañado por la piedra que soporta mi mantra, “¡NO LO DEJES! ¡Tú PUEDES!”, presto labor al orden y limpieza del espacio de la antigua vaquería.
Removiendo objetos y trasladándolos a otras estancias para su clasificación y valía, me llamó la atención el hallazgo de una caja de cartón en la que había una nota que decía: “Proyecto C. Salud”. Sorprendido, la abrí y pude leer: “Acondicionamiento de local para centro de salud en la calle Viuda del Marqués de Pontejos, n.º 5, Madrid. Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica, febrero de 1998”. Era mi proyecto fin de carrera. Se trataba de la rehabilitación de un edificio que albergaba una antigua mercería donde se vendían hilos y botones principalmente.
La conservación de los objetos en las cajas que iba abriendo estaba en buen estado pese al paso de los años, y es debido a la vigilancia permanente de un grupo de felinos que merodeaba continuamente este lugar.
Enseguida, recordé momentos inolvidables que ocurrieron cuando se fraguó el proyecto, noches sin dormir, pero animadas, pues éramos un grupo de 5 compañeros con carácter, serios en nuestro quehacer y por supuesto bastante jóvenes, ¡y es que ya han pasado 28 años! Es como una aparición, un “espejo” que me devuelve la mirada de quien fui.
La transformación de ese espacio en servicio a la salud, en aquel entonces, lo veíamos como un reto técnico. Pero hoy, pensándolo bien, fue una premonición hecha realidad, pues la vida me ha despojado de adornos materiales obligándome a rehabilitar mi propia estructura interna enfocada hacia mi paz y mi esencia. Los cuatro compañeros y yo ya estábamos diseñando espacios para “curar” cuerpos, sin percatarnos de que, años después, yo tendría que tomarlo de ejemplo para sanar mi propia situación. A ellos dirijo mi gratitud.
Esta nueva mirada me ha llevado a revisar y aplicar mis archivos de estudiante de forma paralela en mi vida, ese proyecto de la mercería, su extenso índice que hace referencia al estado actual, al diagnóstico, a la limpieza y desecho de lo viejo, a la curación y conservación de elementos protegidos, al diseño y construcción de nuevos elementos. Es como si el edificio en rehabilitación fuera yo.
Pero hay un elemento esencial y ancestral con origen en la cultura romana que cumple una función muy liberadora y es la “gloria castellana” que tienen mis padres integrada en la casa. Su construcción subterránea está realizada mediante un canal con material refractario que tiene su recorrido desde un patio exterior donde está la boca (es por donde se alimenta quemando todo tipo de materia orgánica), pasando por los habitáculos principales y más activos de la casa como son la cocina y el salón, finalizando su salida en un tiro vertical o chimenea, por donde expulsa los humos o gases a la atmósfera. El aire caliente y el humo que se genera en la combustión circulan por ese túnel calentando las baldosas y la estructura del pavimento, convirtiendo el suelo en un radiador natural y manteniendo la temperatura durante horas. Es en ese silencio, sobre esas baldosas cálidas, donde mi mente encuentra el espacio para la verdadera contemplación en esos días de frío invernal.
Su uso continuado genera, al quemarse la materia, cenizas, que es necesario retirar y limpiar cada dos o tres semanas para evitar taponamientos y mala combustión. Pero las cenizas no son el final, sino la semilla de algo nuevo que el mismo viento se encarga de dictar su destino.
Y ahí, finalmente, nace mi obra artística que muestro como resultado de quemar lo inservible que estaba almacenado físicamente en la vaquería y moralmente en mi conciencia. Y lo descubro, una mañana matutina, gracias a mi madre, pues fue la que me pidió que limpiara la gloria. Y así lo hice, abrí el portón y me encontré la escena: cenizas brillando y un trozo de madera ennegrecido y resistente al fuego que las llamas no pudieron devorar. Inmediatamente tomé mi teléfono e inmortalicé lo que mis ojos veían, para posteriormente realizar la obra artística hecha realidad. ¡Gracias!

José Antonio Tejedor Herranz