Siempre o casi siempre se ha pensado que los votantes de izquierda están en la periferia, en los barrios más populares o vulnerables, pero en este último tiempo esto ha cambiado y existen motivos ideológicos para este cambio en la decisión de voto de estos sectores.
Estos dos sectores de votantes, populares y periferia, considerándolos a todos ellos como tradicionales barrios de clase trabajadora clásica, votantes conservadores, han sido tradicionalmente conscientes votantes del PSOE. En los datos obtenidos desde 1977, las izquierdas radicales (PCE, IU, Sumar, Podemos) no han contado con un apoyo significativo en los barrios y la periferia. Quienes se muestran como base de apoyo a esta izquierda radical se encuentran, fundamentalmente, en la clase media ilustrada, profesionales jóvenes y gente con cualificación alta, con valores y principios bastante cercanos a la izquierda, con crecientes preocupaciones por el ecologismo, el feminismo, la paz y la geopolítica, etc. La clase trabajadora clásica era más conservadora y votaba a la izquierda (PSOE) principalmente porque el trabajo se asociaba a la industria, a los sindicatos, y la izquierda se asociaba a la modernización, mejoras salariales, determinación de un estado social como garante del bienestar social en salud, educación y vivienda. Esas generaciones, de los tiempos de Felipe González, siguen siendo muy socialistas.
Los motivos que generan esta intención de voto en los barrios y la periferia no se muestran como ideológicos, sino que son provocados por motivos materiales, ya que el trabajo ya no está en las industrias, muchas desaparecidas, con sindicatos atrapados en su propia ideología al servicio del Gobierno de izquierda de turno. El trabajo ofrecido es neoliberal, flexible, precario, inestable y mal pagado. Los medios productivos en cadena y el consumo masivo y la venta de productos en grandes superficies, con gran cantidad de productos importados, han dado paso a la ley de la selva neoliberal, facilitando la penetración de ideas individualistas. Este desplazamiento es fuerte y progresivo. Esto ha llevado al surgimiento y transformación de barrios rojos tradicionales en barrios de clase media ilustrada, con buenos ingresos y poder adquisitivo e ideas liberales.
Con todo, los partidos de derecha están creciendo en estos sectores de una forma importante. Se nota fuertemente en las comunidades autónomas. El reto de la izquierda actual es atraer a los votantes desafectos, principalmente de barrios trabajadores y populares, pero no se puede hacer con acciones populistas de pan para hoy y hambre para mañana, ni tampoco con mayores impuestos, precariedad laboral y políticas erráticas en vivienda, y mucho menos, por supuesto, con políticas benéficas y privilegiadas a inmigrantes indocumentados, a la vista de los ciudadanos comunes que sufren precariedad en los servicios sanitarios y en vivienda.
La izquierda debe ofrecer un proyecto político de verdad, con expectativas de futuro (materiales, vivienda, educación y salud) que sean creíbles, que den expectativas de futuro especialmente a los jóvenes. Si se busca una izquierda unida, debe ser un conglomerado sin marcas marketeras o egoísmos partidistas, con un liderazgo claro en la búsqueda del bien común en lo social, lo económico, y en un Estado/país.
Juan Manuel Muñoz
