El otro día escuché por el barrio “error no se escribe con hache”. Esto quiere decir que, si se escribe error con hache, se supone que estamos cometiendo un disparate. En cambio, a la hora de decirlo, ¡nadie se entera! Claro, como la hache es una letra muda que casi nunca se pronuncia, pues quién sabrá si se dice algo con hache o no. Esto me lleva a confesar uno de mis secretos mejores guardados hasta ahora. Antes de que lo cuente, por favor, no vayamos a difundir secretos ajenos. Pido total discreción a todo el que lea esto. Que nadie vaya por ahí contando no sé qué historias de que este tipo habla mal, ¿okey?
Resulta que, cuando me encuentro en una conversación con quien sea, le comento cosas como si fuera cualquier persona normal. Pero sin que nadie se dé cuenta, ¡en realidad estoy poniendo la hache en todas partes! No me acuerdo exactamente de cuándo fue la primera vez que lo hice o por qué. Me da la impresión de que he sido así de raro desde que era un renacuajo. Así que mi lucha contra lo normativo y la opresión social empezó por aquel entonces. Otra cosa que quiero confesar, y ya no más, es que de pequeño pensaba que la palabra huevo llevaba una ge. Hasta que no aprendí a leer y escribir como es debido, no supe de la gravedad de mis errores. A día de hoy, sigo pensando que se dice con la ge aunque se escriba con hache. Me da igual lo que diga la RAE. En fin, supongamos que empecé mi rebeldía a temprana edad.
Tal vez mi naturaleza de rebelde se ve reforzada porque me encanta la cultura punk o la anarquista, como la que se encuentra en algunos barrios, Vallecas, por ejemplo. Aunque no suelo visitar Vallecas —o “Vallekas” como dirían los Bukaneros, hinchas del Rayo—, siempre me han parecido curiosos los cambios de la ce por la ka que se encuentran en la zona. Por lo tanto, me fascinan los Bukaneros. No por el fútbol, o por su espíritu, o por ser buena gente, que no. Lo que me interesa de los Bukaneros es la ka que plantan en su nombre en lugar de la ce. Igual que ellos, yo también me propongo la rebelión contra el Estado español y la indignante tiranía de la RAE. Es por esto que me gusta pronunciar las haches mudas. Es cierto que no es algo que se note a simple oído. Pero la rebelión está ahí. A plena vista de todo el mundo y nadie sabe lo que les estoy haciendo delante de sus orejas. Soy el mayor anarquista punk que jamás se ha escuchado.
Hasta ahora, no me han pillado. Sigo haciendo mi trabajo y delinquiendo como si fuera un político. Pronuncio todas las haches mudas de todas las palabras que se me crucen por delante. También todas las palabras que no deberían llevar hache las digo como si la tuvieran. Es cierto que la hache sigue siendo muda, por lo que decirlo o no suena igual casi siempre. Esto puede parecer algo inofensivo o irrelevante. El que piense esto comete un craso error. Si la gente no se ha dado cuenta de las haches que digo es porque soy demasiado sutil con estas cosas. Y esto no solo lo digo para echarme mérito propio, sino para reivindicar lo ignorante que es la gente, en general.
A pesar de que haya revelado mi mayor secreto, no estoy para nada preocupado por las reacciones de la gente del barrio. Sé que muchos se sentirán indignados, engañados o maltratados, pues con razón tendrían que estarlo. Les he estado ninguneando desde hace muchísimo tiempo. Pero quiero que entiendan que más me duele a mí, el que se rebela contra las leyes del castellano. Estoy listo para afrontar cualquier queja o insulto porque sé que la rebelión y la lucha por la libertad no son trabajo limpio.
En fin, quisiera añadir que esto de la hache es solo la punta del iceberg. Nunca desvelaré el resto de las barbaridades que he hecho y seguiré haciendo con este idioma. Me refiero entre otras cosas a mi secreto de la y griega y la doble ele, eso sí que no pienso contarlo nunca y, además, ¡hasta ahora nadie se ha dado cuenta!
