A las 24 horas de hacerse público el plan de paz de Trump para Ucrania, Zelenski dirige un mensaje a su pueblo en el que anuncia que EE.UU. le ha dado un ultimátum: “O la pérdida de dignidad o el riesgo de perder un socio clave”; “28 puntos complicados o un invierno extremadamente duro”. Del conjunto del mensaje se deduce que “por duro que sea”, peor sería no aceptarlo.
La difusión de las informaciones sobre la corrupción en Ucrania, cuando se conoce desde hace años, es un chantaje político para presionar a la cúpula de Kiev hacia el acuerdo.
Sobre la posición de Rusia no hay ningún misterio. Sus líneas rojas son las que planteó en Estambul en 2022 y que viene repitiendo desde entonces como objetivos innegociables de la Operación Militar Especial: protección de la población del Dombás y demás comunidades de lengua y cultura rusa, y desmilitarización, neutralidad y desnazificación de Ucrania. Todo ello para garantizar la seguridad de Rusia, cercada militarmente de forma progresiva por la OTAN desde la desaparición de la URSS en 1991.
Tanto en la reunión de Trump y Putin en Alaska como ahora, ni Ucrania ni la UE han participado; se les ha colocado ante hechos consumados.
El acuerdo pone a la UE en una situación muy complicada. El eje central de su política es la prolongación sine die de la guerra en Ucrania, con dos objetivos: uno, inyectar cantidades descomunales de dinero público a la industria armamentística, intentando así paliar la desindustrialización que asola a la UE; otro, la militarización y la represión de unos pueblos que empiezan a rebelarse ante el paro creciente y el deterioro de sus vidas.
Para justificarlo, han puesto en marcha una asfixiante propaganda de guerra basada en la demonización de Rusia. Hace pocos días, el comisario de Defensa de la UE afirmaba que en “dos años o tres Rusia podría atacar aeropuertos españoles y afectar gravemente al turismo”; recientemente, el jefe de Estado Mayor de Francia declaraba que la población debía prepararse para ver morir a sus hijos en la guerra contra Rusia.
No cabe duda de que el plan de paz en Ucrania es un poderoso torpedo en la línea de flotación de la UE. El hundimiento de la cotización en bolsa de las empresas de armamento refleja la gravedad del asunto.
¿Por qué Estados Unidos ha presionado a Ucrania para que acepte un plan que admite los objetivos básicos de Rusia?
Las razones son:
- La victoria indiscutible de Rusia frente a la OTAN en el campo de batalla. El invento de “victorias” para justificar el envío de fondos a Zelenski no ha cambiado la realidad.
- EE.UU., inmerso en una gran crisis económica, no puede seguir manteniendo el apoyo militar y económico a Ucrania.
- Una vez garantizados los beneficios de las grandes armamentísticas norteamericanas con los presupuestos europeos, los grandes fondos de inversión de EE.UU. se aprestan a lanzarse sobre los recursos de Ucrania.
– BlackRock, para “reconstruirla”. ¿Recuerdan Irak?
– Los mayores terratenientes de Ucrania son Vanguard, Goldman Sachs, etc.
– Bayer-Monsanto, Cargill o DuPont tienen grandes intereses en la producción de semillas, pesticidas y fertilizantes.
– EE.UU. y Ucrania firmaron en julio pasado un acuerdo para la explotación de minerales estratégicos “tierras raras” por parte de empresas de EE.UU.
Los datos anteriores explican con claridad que la fracción dominante de la oligarquía estadounidense considera que, hoy por hoy, es un negocio más interesante vampirizar los recursos ucranianos, para lo cual necesitan que los misiles rusos dejen de caer sobre Ucrania, que continuar la guerra. Su representante político, la administración republicana, ha jugado así, también, el papel de quitarse competidores europeos, como Polonia, interesados en un posible reparto de Ucrania.
Ángeles Maestro
Referencias bibliográficas:
Mensaje de Zelenski al pueblo: Este es uno de los momentos más difíciles en la historia de Ucrania
