Opinión

La «miamización» de Madrid (o cómo morir de éxito con un modelo turístico neoliberal)

By 12 de diciembre de 2025No Comments

El modelo neoliberal que Isabel Díaz Ayuso está imponiendo en la Comunidad de Madrid se basa en el desmontaje progresivo del Estado del bienestar, lo cual convierte en papel mojado siglos de conquistas sociales. 

La lógica que lo sustenta beneficia principalmente a los entornos económicos cercanos al poder político y se traduce en una agenda antisocial: recortes en sanidad y educación pública —para satisfacción de grupos como Quirón o de universidades privadas a las que se les facilita el camino—; racanería en vivienda pública; y un obsesivo antisanchismo que le impide aplicar políticas de vivienda que ya están generando brotes verdes en territorios como Cataluña o Navarra. Esta dinámica asfixia a las clases medias y bajas, que ven cómo el coste de la vida se dispara mientras los servicios públicos se deterioran y las oportunidades se reducen.

Uno de los ejemplos más claros de esta deriva es el fenómeno de los pisos turísticos, que convierten las ciudades en parques temáticos en favor del turista. Miles de estos pisos siguen operando sin licencia gracias a la inacción del Ayuntamiento de Madrid, que evita perseguirlos.

Resulta irónico que ahora el consistorio presuma de que hay menos viviendas anunciadas en plataformas como Airbnb, cuando buena parte de esa reducción responde a la presión ejercida por el Ministerio de Derechos Sociales, y no a la reciente normativa municipal.

El Gobierno de España también tiene su parte de responsabilidad por no limitar la compra de viviendas por parte de inversores extranjeros millonarios, fondos de inversión y compañías que se lanzan sobre barrios enteros con un claro objetivo especulativo. 

El resultado es la “miamización” de algunas zonas de Madrid, donde la vivienda solo se concibe como un activo financiero al servicio de grandes buitres. La capital parece encaminada a morir de éxito, y Ayuso alimenta este camino con una gestión ineficaz para la mayoría social y una dialéctica permanente de confrontación que a largo plazo limitará sus ambiciones estatales. 

Paradójicamente, el PP madrileño —tan catalonófobo— ha convertido a Barcelona en su modelo turístico. La Ciudad Condal lleva años mostrando síntomas evidentes de saturación: un crecimiento turístico descontrolado, pérdida de población residente en el centro y un deterioro de la vida cotidiana que ha llevado a su Ayuntamiento a anunciar el cierre de todos los pisos turísticos en 2028. 

Barcelona, que durante décadas fue un referente de vanguardia cultural y urbana, terminó devorada por su propia imagen global, alimentada por macroeventos como la Fórmula 1 o por el auge turístico al que ayuda en pequeña parte la decisión de patrocinar películas de directores como Woody Allen. 

Y ahora Ayuso decide repetir el patrón: se van a dedicar 100 millones de euros a traer la F1 a Madrid y pagar 1,5 millones al propio cineasta para que ruede una película titulada con el nombre de la ciudad, con el objetivo de reforzar una marca que no necesita más publicidad, sino más cuidado.

Madrid no necesita más turistas: necesita políticas públicas que protejan a las madrileñas y madrileños asfixiados por alquileres prohibitivos, una cesta de la compra disparada y salarios que llevan años sin acompañar la inflación. 

Mientras tanto, se repite que no hay dinero para apuntalar la atención primaria, reforzar a la Universidad Complutense o invertir en un modelo de turismo sostenible que preserve la vida de los barrios. Pero sí lo hay para Telemadrid, las corridas de toros, las kilométricas banderas rojigualdas y los caprichos de este tándem que la ciudad se ve obligada a padecer: José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz Ayuso, que dejan a demasiada gente atrás y están transformando Madrid en un lugar cada vez más atractivo para el turista y menos habitable.