Opinión

¿Estamos en manos de psicópatas? La riada de Valencia de 2024 

By 13 de diciembre de 2025No Comments

El 29 de octubre ha hecho un año de la riada que desoló a la población de Valencia y afectó también gravemente a algunos pueblos de Albacete (Castilla-La Mancha). Ver las imágenes, los vídeos y testimonios que los propios afectados colgaron en las redes fue más que impactante. Un hecho que ha cambiado sus vidas y se la ha quitado a muchos.

¿Se sabe a día de hoy qué ocurrió? En las zonas más afectadas como Paiporta apenas llovió. En otras, más arriba, como Utiel, sí lo hizo y mucho. Se abrió la presa de Forata ese día porque hay hidrogramas (gráfico que representa la variación del caudal) y se soltaron 1100 metros cúbicos por segundo, que es muchísimo, pero no se sabe si se abrió la presa del Turia. Se abre una presa, ¿y no se avisa a la población? ¿De quién es la responsabilidad de la apertura de presas? Los vecinos del entorno del barranco del Poyo han vivido ya desbordes, pero sus testimonios son claros: no en estas dimensiones. Valencia es una zona afectada por la gota fría, por inundaciones; hay registros desde el siglo XIII. Después de la llamada “gran riada de Valencia” de 1957, se llevó a cabo el llamado Plan Sur, una obra de ingeniería civil que consistió en el desvío artificial del río Turia hacia la zona sur. Desde 1994 ha habido proyectos dirigidos al barranco del Poyo con el objetivo de proteger de las inundaciones a la población, pero ninguno se ha llevado a cabo…

A esto se le suma que no se limpian los cauces de los ríos, así no se drena y los desbordes están asegurados. Desde Europa y el Ministerio de Transición Ecológica nos llegan las “leyes verdes” que quieren restaurar el curso natural de los ríos, y esto se logra derribando presas y azudes; en España estamos siendo líderes en ello. Son los agricultores y las poblaciones de entornos rurales los que levantan la voz contra estas leyes por los desastres que producen. 

Y después de la desolación que dejó el agua a su paso, vino un silencio y una oscuridad que solo los que lo vivieron saben cómo se sintieron. Pasaron tres días con sus noches sin que aparecieran el ejército, los bomberos, la Guardia Civil, la UME…, y ni mucho menos se les pone en duda a ellos, porque no recibieron la orden de sus superiores. Sabemos que la actuación de estos cuerpos del Estado es primordial para salvar vidas durante las primeras horas. España ha enviado ayuda en bastantes ocasiones a otros países frente a grandes catástrofes. ¿Es que esto no era una emergencia nacional? ¿Responsabilidad de Sánchez, responsabilidad de Mazón? La Ley del Sistema Nacional de Protección Civil, al respecto de declaración de emergencia nacional, dice: “Aquellas en las que sea necesario prever la coordinación de Administraciones diversas porque afecten a varias comunidades autónomas y exijan una aportación de recursos a nivel supraautónomico. Corresponderá la declaración de interés nacional al titular del Ministerio del Interior, bien por propia iniciativa o a instancia de las comunidades autónomas o de los delegados del Gobierno en las mismas”. Pero la emergencia no se declaró y a la gente se la dejó tirada, con lo que conlleva en el coste de vidas y sufrimiento. Según la ley de defensa nacional “las Fuerzas Armadas, junto con las instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas”. Fue el jueves 31 de octubre cuando el periodista Iker Jiménez se hizo presente en la zona cero junto con gente de su equipo, los únicos. Ellos se ocuparon esa noche de que toda España viera a través del programa Horizonte en qué condiciones estaban los afectados: sin luz, sin agua, sin cobertura de teléfono, sin poder salir de sus casas por estar los coches bloqueando los portales, con inseguridad porque había grupos que se dedicaron a robar en los locales, en algunas casas y a fallecidos. Estaban abandonados. Y fue esta acción y estas imágenes que vieron los españoles lo que produjo que riadas y riadas de gente fueran a ayudar. Fueron muchos, muchos jóvenes y desde muchos sitios y muchos días a ayudar. De ahí dicen que el pueblo salva al pueblo, porque así fue, que no nos mientan. 

Aprovecho para recomendar el documental de Riadas y el relato Viaje a la oscuridad, que ha hecho Iker Jiménez sobre lo vivido en Valencia (es gratis el PDF).