Octubre en Lavapiés, la izquierda madrileña y qué hacer contra Ayuso
Por Pedro Pérez Bozal
La autoestima de la izquierda madrileña se ha desplomado a cuenta de sus derrotas electorales. La derecha madrileña no deja de ganar pese a sus innumerables casos de corrupción (Lezo, Gürtel o Púnica) gracias a la exitosa guerra cultural que promulgan (que es una mezcla de neoliberalismo, nacionalismo español e izquierdofobia).
Las urnas han arrastrado al desánimo a la izquierda, especialmente tras la derrota de 2021 (convocadas bajo el mantra «cervezas o comunismo») que consolidó la impunidad electoral de la trumpista Ayuso, arropada por un nutrido ejército mediático.
La presidenta autonómica colecciona charcos, desmantela los servicios públicos en favor de sus amigos y vive en un polémico ático de lujo mientras se niega a aplicar la ley de vivienda que permite topar las eternas subidas de los alquileres. También manipula Telemadrid, le ríe los bulos a su jefe de Gabinete MAR y, tras dos años siendo incapaz de solidarizarse con las víctimas del genocidio perpetrado por Israel en Gaza, no se corta para echarse unas fotos con un equipo israelí, ¡qué vergüenza!
La izquierda madrileña no se debe frustrar porque Ayuso compense sus incapacidades de gestión con sus disparates diarios contra el Gobierno central (mientras bendice que se hagan de oro Quirón, las nuevas millonarias universidades privadas y los especuladores forasteros que no molestan porque son migrantes ricos). Y en este tiempo de ruido se evapora en silencio la atención primaria, la educación pública y los precios racionales de alquiler.
Al menos, el PSOE madrileño ha vuelto a la senda progresista tras la caída de Juan Lobato, y Más Madrid está acertando al bajar a la calle, aunque se equivocará si desecha la trayectoria de IU y el motor Podemos para 2027.
Otoño en Lavapiés
Decía el futbolista Borja Iglesias que a algunos les molestan más las vallas tiradas al paso de la Vuelta Ciclista que un genocidio, qué razón tenía, y acciones como esta, la exitosa manifestación del 4 de octubre y la huelga general del 15 mostraron que el Estado español, con Madrid a su vanguardia, se ha convertido en un faro de dignidad global frente a tanto silencio cómplice que arropó a Israel.
Este octubre en Lavapiés también nos ha dejado la manifestación convocada por el Sindicato de Estudiantes en el 15-O, o varias actividades en el Teatro del Barrio (con doble jornada contra la tortura que debería haber presenciado el defensor del pueblo, Ángel Gabilondo).
La izquierda madrileña debe cambiar Malasaña por Lavapiés, mezcla de casticismo, multiculturalidad y elementos combativos.
¿Qué hacer?
Díaz Ayuso es una nefasta presidenta, pero la izquierda tiene pendiente desnudar su gestión neoliberal. La presidenta regional es la pareja del nuevo rico Alberto González Amador, la hermana del pandémico Tomás Díaz Ayuso, la exgestora del Twitter del perro de Esperanza Aguirre, la patrocinadora con dinero público de Jiménez Losantos, la amiga de las birras y enemiga de las drogas (todavía no sabe que el alcohol es una de las más peligrosas) y la que pregona libertad mientras les grita a las mujeres que se vayan a abortar fuera de Madrid.
Ayuso es la principal responsable de la gestión de las residencias (7291 muertos ligados a un nefasto protocolo), es una predicadora de la iniciativa privada (pese a que empezó a vivir de la política en 2008), es la que en 2023 se gastó más de 20 millones de euros en publicidad institucional, es la que se inventa amenazas del lehendakari Pradales y es una dirigente cuyo peligro debe obligar a la izquierda madrileña a volver a conectar con la ciudadanía y cambiar el humor social.
Y para ello la izquierda debe hacer una campaña didáctica que no consista en responder a sus barbaridades dialécticas, sino esmerarse en denunciar su gestión contra la mayoría social que no desayuna bandera rojigualda, sino precariedad.
