Cervantes verosímil
Lo verosímil es lo probable, lo posible, lo que se puede creer. Y se contrapone a lo absurdo, a lo inaceptable, a lo que puede haber sido inventado. Mientras la ciencia histórica únicamente puede construir a partir de lo probado y lo verificado para establecer la verdad de un hecho del pasado, la ficción es el reino de la imaginación y la fantasía, nuestra mente puede crear libremente sin límites.
De la misma forma, en el caso de un relato histórico su creador se encuentra igualmente limitado por los datos históricos para que su texto sea verosímil, aunque haya introducido elementos de fantasía por necesidades de la propia historia que quisiera transmitir y que han de ser coherentes con dichos datos históricos. De lo contrario, su historia se volvería inverosímil y, por tanto, no creíble, absurda. Sin embargo, existen determinados autores que intencionadamente abordan un relato histórico sin tener en cuenta todos los límites históricos aplicables al contexto de su obra, bien porque alguno de estos límites no les interese para poder transmitir un determinado discurso o bien porque simplemente los rechacen moralmente. En ambos casos el lector/espectador puede plantearse si no se trata simplemente de una manipulación de la historia con la intención de adoctrinarlo en alguna ideología o tendencia social.
Veamos el caso de Miguel de Cervantes Saavedra, la cumbre de las letras del Siglo de Oro. En un principio, comparado con las otras dos glorias literarias de su tiempo, Lope de Vega y Shakespeare, su perfil es más misterioso. Lope es un libertino que alcanza el éxito literario muy pronto y cuyas múltiples relaciones con diferentes mujeres dan lugar a varios descendientes legítimos y naturales. Shakespeare, por su lado, lleva la vida de un hombre de familia convencional, con una sola mujer y varios hijos, que va alcanzando progresivamente el éxito teatral. La vida de Cervantes no se asemeja a ninguna de las dos: desde niño ha de mudarse con su familia de ciudad en ciudad sin dejar mucho rastro, su padre es un cirujano de poco éxito y origen judeoconverso, a menudo endeudado, lo que le empuja a convertirse en un aventurero. En Madrid, donde estudiaba de forma destacada con López de Hoyos, ha de huir por un duelo ante acusaciones de inmoralidad. Para conseguirlo, se convierte en el paje del joven cardenal Acquaviva, un supuesto homosexual con el que recorrerá Italia hasta que decide enrolarse como soldado para luchar en Lepanto. De dicha batalla saldrá con un brazo malherido con tan mala suerte que, en su viaje de retorno a España, es apresado por piratas berberiscos que lo encierran en Argel hasta que se pague su rescate. Aquellos serán largos años en los que hubo varios intentos de fuga, liderados por el propio Cervantes, que fracasaron sin que fuera severamente castigado por la amistad que le unía con el bey de Argel, como si él hubiera sido un favorito. Que Cervantes pagara con favores sexuales su supervivencia es verosímil dado el contexto, lo sabe cualquiera que haya pasado circunstancias parecidas. Sin embargo, que el bey se enamorara de Cervantes y juntos entablaran una relación homoerótica entra ya dentro de la pura invención de Alejandro Amenábar, director de la película que trata de esos años de cautiverio.
No obstante, esa veleidad de Amenábar no parece inverosímil si tenemos en cuenta la vida posterior de Cervantes. Una vez rescatado de Argel, nuestro héroe continuó con esa vida errática por España trabajando como recaudador de impuestos al servicio del rey. Pero su vida sentimental fue bastante reducida; tiene una hija ilegitima, Isabel, con una mujer casada y él mismo se casa con otra mujer, Catalina, con la que apenas convive y de la que no hay descendencia. Su trabajo le lleva por distintos lugares y sus finanzas mejoran considerablemente. Cuando los padres legales de su hija mueren, él la reconoce y la integra con sus hermanas, viviendo todos juntos en Valladolid, aunque parece que padre e hija nunca se llevaran bien. Finalmente le llegará a Cervantes el éxito literario con la publicación del Quijote, la historia de un solterón enloquecido, y a los pocos años también su propia muerte. Fue enterrado en el convento de las Trinitarias de Madrid, donde posteriormente ingresaría su hija tras sus matrimonios fracasados. En conclusión, la gran pasión de la vida de Cervantes no fueron las mujeres ni tampoco los hombres. En un escritor genial como él lo único real son sus obras y lo único verosímil es ver a Cervantes como un espíritu libre y aventurero que estimula sin descanso su febril imaginación creativa.
Eduardo Soto-Trillo
