Hay frases que a lo largo de la vida se nos han quedado incrustadas mentalmente y que ipso facto asociamos con algo o alguien. Por ejemplo: “Y si no queda satisfecho, le devolvemos el dinero”; “La chispa de la vida”; “Váyase, señor González”; o “Andreíta, coño, cómete el pollo”.
En este periódico hay una que se repite número a número como un mantra y, personalmente, en cualquier lugar donde escucho la frase enseguida veo una imagen mental del periódico del barrio: “No nos van a acallar”. Solo son 16 letras, pero tienen una fuerza imperial, una frase muy democrática, inclusiva, libertaria y con una profundidad que te llena los pulmones de aire fresco y limpio.
En los últimos días, el PSOE está sufriendo una de las mayores deshonras que puede tener un partido político y, más aún, si está gobernando el país. El caso Koldo, con Cerdán y Ábalos a la cabeza, es de una bajeza moral imperdonable. Este tipo de actuaciones en personas que están trabajando, supuestamente, por el bien general hace que dichas personas debieran estar ya en la cárcel y luego, llegado el caso, demostrar su inocencia.
El PSOE ya ha actuado, pero el mal ya está hecho. Dicho esto, qué suerte tienen otros muchos dirigentes de este país de no pertenecer al PSOE; ahora mismo estarían en la puta calle. Existen multitud de casos, algunos muy muy muy cercanos, de políticos cuya gestión es más que cuestionable y en los que muchos de los afectados ya no están en este mundo para defenderse o, dicho de otro modo, por si alguno no lo entiende, están muertos. Recordemos dónde está el anterior secretario general del PP por denunciar una supuesta corrupción.
Hace pocos días leí, no recuerdo dónde y tampoco quién lo escribía, que “las derechas no tienen votantes, tienen feligreses”. Es cierto, su capacidad moral está muy por encima, ellos no juzgan a las personas, ellos juzgan la idea y, si la idea les complace, por sencilla que sea, pues hasta el infinito y más allá, como diría Buzz Lightyear.
En la izquierda, no. Aquí estrujamos las ideas y a las personas, y nos llenamos de argumentos tipo “ya lo dije yo, cómo lo sabía, ese no era de fiar”; o el típico “¿quién se cree ese?”. En la izquierda algunos quieren tumbar al líder, no limpiar la política. No me creo que en este país, con un pasado a sus espaldas, haya más liberales que progresistas, no me lo creo. Pero tanta izquierda distinta sí divide y, además, somos tan librepensadores y nos abrazamos tanto tanto que terminamos por ahogarnos entre nosotros mismos.
Yo no veo programas de televisión ni escucho tertulias de radio cuyos contenidos son contrarios a mis ideas, porque no pretendo parecer especial y juzgar y analizar opiniones con las que, de antemano, estoy en desacuerdo. Llámame bobo o simple.
Vivo en un barrio donde, a pesar de su multitud de contradicciones, todavía es un reducto de izquierdas, una isla en la inmensidad del mar, y eso de momento no me lo va a quitar nadie. Además, tengo la suerte de poder colaborar en un periódico donde… No nos van a acallar.
Federico Gutiérrez
