El vecino del mesEntrevistas

Entrevista a Esther Bravo

By 6 de septiembre de 2025No Comments

Productora y gestora cultural

Cuando hicimos la entrevista, Esther era la directora del Teatro Pavón y como tal habíamos mostrado nuestro interés en abrirle este espacio preferente. Ahora ya no dirige el teatro y, además, no sabemos qué va a ser de este lugar tan querido por el barrio. Esther nos confirma que no dirige el teatro y por asepsia tampoco nos quiere dar mucho detalle, aunque se la nota afectada. No nos parece que la afecte tanto la razonable preocupación por su futuro laboral como la pena y la frustración de haberse visto obligada a cancelar un proceso que gozaba de muy buena salud y de un gran reconocimiento en el barrio.
El día de la entrevista Esther nos consiguió entusiasmar y, cuando hemos sabido que ya no es la directora del teatro más importante del barrio, no hemos dudado en mantener una entrevista a quien con seguridad va a protagonizar otros proyectos creativos.
Esther es vital y positiva, y también es sensible y sincera. Este barrio y esta publicación siguen abiertos para ella y lo que ella nos quiera contar. Por lo pronto, publicamos lo que nos dijo en su día ilusionada e implicada en un proyecto muy querido…

P. Ya es un clásico proponer al entrevistado que se presente a sí mismo. Dinos quién es Esther.
R. Soy Esther Bravo. Bravo ya comienza siendo un apellido de escenario. Se lo debo a mi abuelo y a mi tío, que después de la Guerra Civil emigró a México, se hizo actor y allí triunfó. ¿Y quién es Esther Bravo? Pues Esther Bravo es una mujer a la que le encanta el teatro, a la que le gusta poner en valor situaciones, historias… Sobre todo, me interesa la cultura y ponerla en valor. Creo que la cultura y la educación son el ADN de un país y creo también que en el nuestro flaqueamos un poco en esto.
P. Y diriges el Teatro Pavón.
R. Soy productora y gestora cultural, y en estos momentos dirijo el Teatro Pavón.
P. ¿Esto es un paréntesis en tu vida o culmina tus aspiraciones?
R. Yo era financiera. Trabajaba en una empresa cuando era jovencita y llevaba la responsabilidad del departamento financiero, pero era muy joven para tener tanto estrés y me tomé un año sabático. En ese año iba de vez en cuando al teatro. Fui a La Abadía y conocí a Andrés Lima y a Joseba Gil, y los felicité por la obra que acababa de ver, que era Pornografía barata, en el 2001 o el 2002. Empecé a hablar con ellos. Estaban creciendo y necesitaban a alguien que los llevara y les ordenara las cuentas. Son actores, directores, creativos, y necesitaban que alguien ordenara un poco los números.
Entré en Animalario y me gustó tanto que empecé a hacer cursos de producción, y mi máster fue estar con ellos. Aprendí muchísimo de producción. Ahí monté mi productora. Estuve de gerente también en el Festival de Almagro durante cinco años y, desde ahí, llegué al Teatro Pavón hace tres años, cuando Grupo Luchana lo coge. Lo hago con mucha ilusión, con mucho entusiasmo, porque creo que el Teatro Pavón es un teatro que ha demostrado mucha resiliencia por todo lo que ha pasado a lo largo de estos cien años de historia. Sufrió mucho con la guerra, luego fue cine, se cerró, se volvió a abrir… Ha ido pasando por momentos muy bonitos porque ha pasado gente impresionante por este teatro. Hubo momentos muy dulces, pero también ha tenido sus periodos críticos y difíciles. Yo lo cojo en un momento de impasse, pues había pasado de estar muy alto otra vez a estar un poco de capa caída, y para mí es un reto y, sobre todo, es un honor.
P. Te interrumpo un poco. A ver, algo habrás hecho muy bien en estos tres años cuando nosotros, después de que llevamos varias entrevistas a señores muy serios, nos hacían falta mujeres con un poquito de vida, y nos recomiendan a Piluka, de Bodegas Lo Máximo, y a la directora del Teatro Pavón. Es el barrio el que nos lo recomienda.
R. ¡Qué bien!
P. Entonces, algo habrás hecho. Un espacio de libertad, de diversidad, que huele a algo fresco, vivo, menos censurado, menos contenido…
R. Eso que me dices me emociona mucho.
P. Es que es así.
R. Pues me emociona porque, en cuanto llegué aquí, ya lo sentí como mi barrio. Siento como si estuviera en casa. No vivo aquí, aunque ya he intentado buscar un piso, pero tal y como están los alquileres no se puede. Pero en Lavapiés me siento como en casa, esa es la verdad. Siento que se respira el barrio, que todo es familiar: los comercios, las tiendas, los bares… ¡Me encanta! Me siento muy acogida en el barrio. Cuando llegué, quise aportar al Pavón una mirada diferente a la que ha tenido durante mucho tiempo. Quería hacer un teatro que siguiera siendo el referente cultural del barrio, pero que fuera un teatro para todos. Sí, quería hacer un teatro por todos y para todos. En definitiva, que todo el mundo tuviera su sitio.
P. Sin sectarismos.
R. Sí, sin sectarismos.
P. Y sin dogmatismos, ¿no?
R. Sí, porque además creo que para eso está la cultura, para eso están los teatros: para mostrar sin posicionarse. Es que, de lo contrario, ¿de qué estamos hablando? Tenemos la responsabilidad de exhibir y debemos dar oportunidades a todos. Si censuramos a unos y censuramos a otros, entonces no lo estamos haciendo bien.
P. Nos provocó muchísima rabia, ahora que sacas el tema, cuando unos “talibanes” os quisieron criticar porque habíais programado un documental, que además yo ni he visto, pero me da igual. Intentaron señalaros dentro del dogmatismo tontorrón propio de un grupete de este barrio. ¿Puedes contar algo de eso?
R. Puedo contar que yo sí vi el documental. Evidentemente, antes de programar nada, veo lo que voy a programar. De hecho, tengo que decir que no formaba parte de la programación. Esto era un evento, una exhibición. Y cedimos el espacio para que proyectaran el documental. Yo sí lo vi y hablaba del procés. Pero en el documental había periodistas de izquierdas y de derechas. Era un documental donde todos hablaban y cada uno daba su opinión. No era para nada un documental sectario porque, de haberlo sido, nunca hubiera permitido que en el teatro se mostrara algo que atentase contra la integridad de las personas. Pero no, no era así.
P. Y si alguien hubiera querido el espacio para programar un documental defendiendo el procés, pues imagino que tampoco hubiera habido problema.
R. Tres días antes estuvo el presidente del Gobierno y una comisión de ministros celebrando aquí el Día de la Igualdad. ¡Tres días antes! Pienso que los teatros tienen que estar para exhibir, tienen que ser para todo el mundo. No deben ser solo para unos pocos o para unas determinadas ideas, no. El teatro tiene una misión, que es enseñar, es mostrar, es dar su punto de vista, y el espectador tiene que ver de todo para construir su propia opinión, para poder reflexionar y salir del patio de butacas habiéndole movido algo por dentro.
P. En todo caso, hicieron el ridículo. Nosotros ya lo pusimos en un editorial, no sé si lo llegaste a leer. No hacía falta que os defendiéramos porque el Teatro Pavón goza de una salud excelente, siempre está lleno y estos hicieron el tonto. Creo que incluso hubo algún actor que dijo que no iba a actuar o una tontería así. Y algún medio de comunicación que se posicionó.
R. Yo lo que creo es que, si no nos respetamos, mal vamos.
P. ¿Has tenido una experiencia más así, un poco complicada, o todo ha sido suave?
R. Tengo la suerte de trabajar en el teatro, y la mayor parte de la gente todo te lo pone muy fácil. Lo que ha sido difícil es encontrar un teatro en la situación en la que estaba, con esa “mala prensa”, y ha sido complicado remontarlo. Pero lo hemos conseguido a fuerza de trabajo, de tesón, de tener una programación ecléctica, una programación diversa, para niños, mayores, jóvenes… Teníamos el objetivo de atraer, sobre todo, al público joven porque es nuestro futuro. Si el público joven no va al teatro, los teatros se acaban. Así que fue una gran responsabilidad atraer nuevos públicos y que la gente del barrio volviera otra vez a ver el Teatro Pavón como un referente.
P. Nos queda claro que, si el Teatro Pavón se ha revitalizado en este momento, tiene mucho que ver con que te lo has currado.
R. Bueno, nos lo hemos currado entre todos. Tengo un gran equipo.
P. Pero imagino que la directora es la artífice, ¿no?
R. Esto es un trabajo de equipo y tengo la suerte de trabajar con gente maravillosa. Nos entendemos muy bien y cada uno aporta mucho. Cuando a uno se le ocurre una cosa, a otro se le ocurre otra. Todos remamos en la misma dirección.
P. ¿Qué proyectáis en los próximos meses?
R. Este año es el centenario y hemos hecho una programación especial.
P. Cien años, sí.
R. Cien años, en efecto. Como te decía, hemos preparado una programación especial, aparte de la que ya tenemos, para recordar a los grandes y a las grandes que pasaron por el teatro: artistas de coplas, de zarzuelas…
P. El teatro de doña Concha Piquer. Mi padre la admiraba.
R. Sí, sí. Y estar en el teatro y respirarla… Aunque no nos queda más remedio que restaurar un poco los camerinos, pues estaban muy antiguos, así que los estamos remodelando. Pero sí, respirar en el teatro a Miguel de Molina, a Concha Piquer… Si mi abuela levantara la cabeza, diría: “¡Madre mía!”.
P. Tenéis varios espacios, lo que es el teatro y luego lo que llamáis el ambigú, ¿no?
R. Sí, el ambigú, que es un espacio que lo combinamos con la barra. Es un ambiente más distendido, más de música, de monólogos. Tenemos ahí el flamenco los domingos. Cada espacio tiene su carácter, sí.
P. Es indispensable este teatro en Lavapiés porque está muy insertado en el barrio. ¿Vais a hacer más cosas para acercaros aún más al barrio?
R. Vamos a hacer más cosas, claro que sí. De hecho, todavía nos queda mucho año y hay proyectos que todavía no puedo revelar porque todo tiene que ir a su tiempo. Pero sí, habrá sorpresas, por supuesto.
P. ¿Que esté una mujer al frente de un teatro como este es un valor añadido? Sin modestias.
R. Pero no solo en el teatro. Yo creo que se necesitan más mujeres al frente de las direcciones. Vamos a más y cada vez es más frecuente. Justo ayer el Teatro Yeses cumplía 40 años. Elena Cánovas, directora artística, que fue quien creó el Teatro Yeses, era funcionaria de prisiones, sacó su carrera ya mayor en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y ha hecho una labor admirable con las presas, ofreciéndoles una segunda oportunidad. Una labor social impresionante. Ayer me entregaba un premio por haber apostado por ella, porque yo la busqué, me la llevé al Festival de Almagro y me la traje también al Pavón porque creo que su tarea es muy necesaria.

P. ¿Y esta cosa curiosa de las noches?
R. ¿De las noches? Bueno, pues porque todos los teatros tienen un fantasma.
P. Te lo digo en serio ¿Hay presencias o no?
R. Se oyen cosas, esa es la realidad.
P. Oye, una de las compañeras del periódico vive en la casa esa de la calle Antonio Grilo, donde hay presencias.
R. Siempre se ha dicho que queda algún espíritu en el Pavón y, con motivo del centenario, nos hemos inventado Pavor en el Pavón, con varios objetivos. Uno era que la gente pueda ver el teatro por dentro, que la gente vaya a sitios adonde nunca suele ir. Aquí recorres el Pavón, vas a un camerino, pasas por el patio de butacas, llegas al escenario y te van sucediendo cosas, y todo esto hilado con una historia. Son veinticinco minutos de recorrido. Uno de los objetivos es mostrar el teatro por rincones que no suelen conocerse. Otro es la gente joven, atraer a ese público y que conozcan el teatro desde otro sitio.
P. ¿Y se te eriza el pelo cuando vas y notas al fantasma?
R. Pues te tengo que decir que he pegado mi gritito.
P. Yo voy a ir.
R. Y también te ríes, aunque ya no sabes si te ríes de los nervios, pero merece la pena aunque solo sea por ver el teatro por dentro y pasar un buen rato.
P. La verdad es que el Pavón lo es todo aquí en el barrio y está muy bien, pero esta entrevista no es al Pavón: esta entrevista es a Esther. Entonces, más allá de lo que es el Pavón, ¿te vas a limitar a ser directora del teatro o vas a hacer otras cosas? ¿Vas a seguir produciendo?
R. Tengo una cabeza muy inquieta y no paro de pensar. Mi cabeza está todo el rato funcionando. Esto no lo puedo contar ahora, pero tengo un proyecto que se me ha ocurrido, aunque va a ser complicado. Eso sí, os pediré ayuda porque, además, os va a encantar. Quiero seguir produciendo, quiero poner en el escenario textos que reivindiquen de alguna manera algo, que digan algo, y que el público se vaya con una buena sensación y descubriendo personajes y viendo otras posiciones.
P. Estos son tiempos de mucha censura y de mucha tontería. ¿Tú tienes un puntito desobediente?
R. Bueno, yo es que siempre he sido desobediente.
P. Son tiempos de mucha ortodoxia, ¿no?
R. A mí me va en el ADN. Si estuviera aquí mi padre, diría: “¡Madre mía, si yo os contara…!”. Es aquello de “no digas esto, no hagas lo otro”, y yo voy y lo digo y lo hago. Tengo esa rebeldía porque, para hacer lo que todo el mundo hace, para eso ya está todo el mundo. Prefiero lo más difícil, lo más arriesgado.
P. Bueno, espero que los guardianes de la ortodoxia de este barrio te lo permitan. Pero tus proyectos no se limitan ni al Pavón ni a Lavapiés, ¿no?
R. Yo confío mucho en la cultura. Creo que hay que apostar por ella y que hay que seguir trabajando. Hay mucho trabajo por hacer porque ahí radica el carácter de un país, y yo sueño con un país que supere las trincheras que siguen ahí todavía.
P. Pero ¿todo siempre dentro del teatro o te ves programando otro tipo de cosas, como televisión, música…?
R. El teatro es el medio que conozco, pero me encantaría abrirme al cine. De hecho, ya estamos trabajando en un par de proyectos.
P. Y si ganas en influencia, ¿cómo vas a huir del control político?
R. Me van a tener que vetar en todas partes, no me van a dejar entrar en ningún sitio.
P. O sea que son tiempos en los que todo es ingeniería, ¿no?
R. Absolutamente.
P. Pero te ves con ganas de probar cosas.
R. Sí, sí, por supuesto. Yo sigo hacia delante y, si me caigo, me levanto.
P. Y además del teatro, ¿qué te gusta? ¿La radio, la música? Porque el otro día vi que estuvisteis con los de Onda Cero.
R. A mí todo lo que tenga que ver con mostrar, con proyectar a las personas, me gusta, ya sea a través del teatro, del cine, de la radio, de la prensa… Me gusta porque me encanta comunicar. Cada uno lo hace como sabe o como puede, o con los medios que tiene. Pero sí, ahí sí soy muy desobediente.
P. ¿Hasta el punto de que te ves capaz de plantar cara a eso de las distopías que aterran a la gente? Vivimos tiempos muy distópicos.
R. Bueno, yo plantar cara no porque no quiero pelearme. Lo que quiero es respetar y que me respeten.
P. Ya, pero digo que no nos metan en ese pánico y en esa especie como de fin del mundo en el que no quieren meter.
R. Si nos meten miedo a la sociedad, estamos perdidos. Es la manera de manejarnos, pues no hay nada más dócil que una persona con miedo. Cada uno ha de tener sus criterios, sus pensamientos, sus ideas y ser fiel a ellos, aunque te equivoques.
P. ¿Te queda tiempo para pasear por el barrio, para tomar unas cervezas?
R. Sí, sí, lo hago muy a menudo. Me vengo aquí por la mañana, dejo mi coche y me tiro en el barrio la mitad del día. A mi casa prácticamente solo voy a dormir. Cada día voy a comer a un sitio distinto, voy a la calle a un lugar diferente, y las tiendas del barrio me encantan.
P. ¿Y cuando la gente dice, por ejemplo, que el Lavapiés se está apagando?
R. Yo creo que no.
P. ¿No?
R. No sé quién dice eso.
P. Pues, por ejemplo, la entrevistada del mes de junio, Piluka, y mira que quiere el barrio. El otro día estaba muy preocupada.
R. Ya.
P. Y atrae a mucha gente.
R. Bueno, no sé cuál es el fin, quizá que se convierta en un barrio dormitorio. Es que no sé, insisto, cuál es el fin, pero pienso que el barrio tiene mucha vida. Hay que seguir peleando para que eso dure y que conserve la identidad que tiene.
P. Yo le decía el otro día que el tema de los espacios de creación y culturales puede ser la salida. A lo mejor así el barrio es mucho más libre, más transgresor.
R. Lo que pasa es que no sabemos dónde están esos espacios. Es decir, hay que buscarlos, ya no quedan tantos. Cada vez van quedando menos, cada vez hay más pisos turísticos, cada vez hay más turistas que hay que acoger, pero espero que no se caiga en esa situación de que se convierta todo en pisos.
P. Sí, los pisos turísticos generan mucha tensión en el barrio. La verdad es que somos un poco hipócritas porque lo mismo que a uno le molestan aquí, luego se coge un Airbnb para pasar unos días en otra ciudad, ¿no?
R. Sí, las personas somos así, tenemos esa doble moral para todo.
P. Claro.
R. Yo no como carne, pero el jamón… El jamón es el jamón. Sí, yo creo que todos tenemos una doble moral para muchas cosas.
P. Pero tú crees que el barrio está vivo.
R. Yo creo que sí. Además, es alegre. Otra cosa son las intenciones que haya, pero creo que ha crecido muchísimo, que tiene mucha vida y es muy variopinto: hay niños, hay mayores, hay turistas, hay distintas etnias y culturas…
P. ¿Qué relación tiene el teatro con la cafetería? ¿Es el mismo espacio?
R. Están gestionados por empresas diferentes. La cafetería forma parte de lo que es la arquitectura del teatro, pero es una gestión distinta.
P. ¿Pero con parte de su ambiente?
R. Es evidente que la cafetería se nutre mucho del público que viene al teatro y viceversa.
P. Es que me da que esa esquina tiene un punto magnético, no sé bien por qué.
R. Sí, es un centro neurálgico. Además, ahí es donde se dan cita todos los actores, las actrices, los directores…
P. Si, es que se junta gente libre, pero no dogmática. El tipo de gente que a mí me gustaría que se moviese aquí en el barrio: gente más abierta, más flexible, que se ríe con más soltura. Bueno, ¿qué le dirías al barrio ya para acabar?
R. Pues le diría muchísimas cosas, la verdad. Lo primero, quiero darle las gracias por la acogida, pues me siento como en casa. Yo no vivo aquí, pero ya es mi barrio. Espero que no se pierda ese espíritu acogedor, esa alegría que tiene. Sí, que se pelee por ella, por la alegría, para que nunca se pierda.
P. Tú ves futuro al barrio donde otros están viendo que el barrio hace crisis, así que para ti el barrio sigue vivo, ¿verdad?
R. El barrio sigue vivo y, en el momento en que no siga vivo, montamos una manifestación con pancartas.
P. Y desde aquí, desde NHU, le mandamos el mensaje al Pavón de que cuide a su directora y cuide a su equipo porque le dan mucha vida a este teatro.
R. Muchas gracias. La vida se la damos entre todos.
P. Puedes añadir lo que quieras.
R. No he terminado de decirlo antes: ayer recogí un premio de manos de Elena Cánovas, una directora que ha peleado muchísimo y que tiene una fuerza y una vitalidad enormes. Para mí es un referente porque es una mujer que ha luchado mucho, tanto en lo personal como en lo profesional. Si hubiera más Elenas Cánovas, el mundo iría mejor. Creo que las miradas femeninas siempre serían las miradas de madres, las miradas de hermanas, las miradas de amigas, las miradas de directoras, las miradas de todas. Estoy convencida de que una mirada femenina mejora las situaciones.
P. Aportáis mucha vida, sí. Gracias, Esther.
R. Gracias a vosotros.

Terminada la entrevista y apagadas las grabadoras, la conversación sigue. Hablar con Esther es muy fácil y agradable, y la verdad es que su entusiasmo arrastra. Ya sabemos que no va a seguir en el Pavón, pero no la vamos a perder de vista. Seguro que nos da alguna bonita sorpresa más pronto que tarde…