¿Qué es el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)?
“Es un trastorno mental que comprende una combinación de problemas persistentes, como dificultad para prestar atención, hiperactividad y conducta impulsiva”. Así aparece definido.
Después de haber escuchado muchos testimonios de gente diagnosticada por este “trastorno”, de ver documentales, de leer, de ver en los entornos de mis hijas casos de niños medicados desde primaria…, llego a la conclusión de que gran parte de la población podríamos ser diagnosticados de TDAH.
Lo que me lleva a documentarme es el haber vivido en directo un encuentro entre familias en el instituto, hablando sobre lo que ahora llaman “neurodivergencias”. Allí se habló del TDAH, las altas capacidades y el autismo. Estuvimos las familias, los profesores y los alumnos diagnosticados. Salí de este encuentro muy triste y muy indignada por ver la aceptación, la falta de cuestionamiento de docentes y familias ante la medicación a nuestros menores por un “trastorno” que está puesto en cuestión por muchos profesionales que son silenciados. Se me caía el alma a los pies al escuchar a los chavales preocupados por sus “diagnósticos” cuando no les pasa nada diferente que al resto, salvo que vivimos en una sociedad violenta y cruel, y eso tiene consecuencias. No hay consenso en muchos aspectos del TDAH, hay división: unos dicen que es un trastorno neurobiológico, un problema de salud pública, y otros lo ponen en tela de juicio y lo consideran una invención sin base científica respaldada por la industria farmacéutica.
Sigo buscando: veo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el TDAH como un trastorno mental y lo incluye en la clasificación internacional de enfermedades. Lo define como un trastorno del neurodesarrollo prevalente en la edad pediátrica, que llega a afectar hasta el 7% de los niños en edad escolar y persiste en el 4,5% de los adultos. Pero la OMS no es una institución cuya prioridad esté puesta en defender la salud de la población mundial, ya que la cuarta parte de su financiación está controlada por fundaciones como la de Bill y Melinda Gates y diversas empresas multinacionales y farmacéuticas. Por ello queda totalmente inhabilitada y puesta en cuestión en temas de salud.
En 2024, la Asociación Española de Pediatría hizo una nota de prensa diciendo que 500.000 niños sufren este trastorno, que ha ido aumentando en los últimos años y que se agravó con la pandemia.
España está a la cabeza del diagnóstico del TDAH y la prescripción de estimulantes. Es un trastorno que se ha “institucionalizado” desde el Parlamento Europeo, el Congreso de los Diputados, la LOMCE lo ha incluido…
En esta búsqueda doy con profesionales que cuestionan el TDAH y coinciden con mi percepción. Uno es Marino Pérez Álvarez, psicólogo especialista en psicología clínica y catedrático en la Universidad de Oviedo. Autor, junto con González Pardo, del libro La invención de los trastornos mentales. Comparto por completo lo que dice acerca de la tranquilidad que supone para los padres tener un “diagnóstico y tratamiento oficial del TDAH” porque se sienten desbordados por sus hijos. Los profesores también encuentran alivio y justificación, los centros escolares reciben ayudas por casos diagnosticados y quedan excluidos de las evaluaciones por las que se mide su nivel. Los clínicos identifican problemas más frecuentes de lo que se creía, pediatras y psiquiatras dan soluciones establecidas, psicólogos y psicopedagogos se dan a sí mismos estatus al modo médico. Al final las farmacéuticas son las que se llevan el pastel, con el trabajo sucio de la reivindicación y oficialización hecha por otros. ¿Dónde está el problema, si todos ganan? El problema es para los niños que viven dopados.
Los problemas y dificultades de la vida no son enfermedades. Estemos atentos y no permitamos que diagnostiquen a nuestros niños y les receten la pastilla para la tristeza, para la timidez, por ser revoltosos…
Natividad Jiénez López
