Tapar la boca a los que opinan
En ningún momento he dado el menor crédito a las campañas desde el poder para prevenir la desinformación. Me queda absolutamente claro que se trata de justificar la censura y la dictadura que se va consolidando día a día. Cuando entrevisté a Iñaki Gabilondo para este medio, reconoció que estos son tiempos de muy poca libertad y se tensó un poco cuando le recordé que BlackRock había comprado en su día toda la deuda de Prisa y eso lo convertía en el dueño absoluto de la SER o El País. Ahora he visto que se ha replegado a compartir medidas para “adecentar” la información porque ciertos temas no se pueden manejar de cualquier modo.
La gente de a pie afín a este Gobierno va de disgusto en disgusto porque algunos no analizamos ni nos expresamos como les gustaría, y sufren, sufren mucho y echan por su boca sapos y culebras y mil maldiciones bíblicas.
Ahora la moda, y digo moda sin recato, es poner en los perfiles los colores de la bandera palestina, agitar esa bandera en cualquier momento y lugar y ponerse un pañuelo que casi nadie sabe lo que significa.
Un Gobierno cercado y en descomposición ha encontrado un filón con la causa palestina, y al acto “heroico” de impedir el cierre de una vuelta ciclista en Madrid no le va a suceder el impedir el inicio de otra vuelta ciclista en Barcelona.
La rabia y la indignación por la masacre o el genocidio en Gaza, que ya es un enorme movimiento social en todo el mundo, aquí se utiliza políticamente y casi nadie sabe de los antecedentes, historia y posibilidades reales de solución.
Yo no tengo problema en hablar de genocidio o de masacre de modo indistinto, y sí me parece importante hablar de crímenes de guerra porque esto supone que en algún momento Netanyahu deberá ser juzgado por un tribunal penal internacional. También me preocupa el hecho de que la reconstrucción debería ser acordada con un Estado palestino reconocido y que esa reconstrucción debe hacerse con una enorme ayuda internacional; pero dudo de que se reconozca la interlocución de Hamás como representante legítimo de ese Estado palestino.
Ya el teatrito, desde el Gobierno jugando con el término genocidio y las sobreactuaciones, me lo creo tan poquito como lo de los perfiles, las banderas y los pañuelos de mis amigos. En un momento en el que se debería hablar de Palestina, geopolítica en general y de riesgo de conflictos bélicos, la censura y la degradación de las opiniones que se salen de la linde es absoluta, y lo peor es que eso impide abordar soluciones reales y trazar estrategias que terminen en soluciones. De hecho, me parece que alguna gente no quiere que los problemas se resuelvan porque se alimenta de mártires y de tragedias.
Ese muchacho americano del que no sabía nada antes de que lo dejaran seco de un disparo y del que tampoco ahora sé demasiado fue asesinado por opinar y por mover opinión en las universidades americanas: opinión conservadora, opinión contra el movimiento LGTBI, opinión en defensa de la familia y los valores tradicionales y opinión en defensa del reconocimiento de los “derechos” del no nacido; y sobre todo opinión para darle a Trump millones de votos jóvenes. Le dejaron seco de un disparo por opinar y por debatir, y lo de que genera odio o que esas opiniones “matan” es algo muy cobarde y forzado. Aquí hubiéramos dicho que se trataba de un facha muy facha, de un cayetano muy cayetano o de un cuñao muy cuñao, y con eso no hubiéramos dicho nada o casi nada inteligente.
Eso de que no comparto tus ideas, pero daría la vida por defender tu derecho a expresarlas (lo de la vida es muy exagerado), es solo propio de gente muy lúcida y de una calidad humana extraordinaria. Lo que se hace en este periódico de publicar artículos que con seguridad no gustan a la mayoría de la gente que participa en el consejo abierto de redacción, lo hace muy especial y vuelve locos a quienes intentan adivinar tendencias o intereses que no existen.
Algunos de los que no han podido continuar se marcharon porque les faltaba valor para soportar opiniones distintas o porque no consiguieron apropiarse de una “línea editorial” que no existe, o que si existe se mueve y procesa según se mueve y procesa la compositiva.
Si te irritan las opiniones ajenas te lo tienes que hacer mirar, si además de irritarte intentas silenciarlas la cosa es mucho más seria.
Javier J. Herranz Aguayo
