Periodismo e investigación: el papel de NHU en mi tesis doctoral
Todos los meses, desde hace cinco años, me enfrento a la bonita tarea —y al reto— de buscar una historia relacionada con el barrio. Es mi forma de continuar aquella columna que, con gran acierto, iniciara Alfonso Sastre Higuera —septiembre de 2013, inicio de NHU—, dando comienzo a una sección que, en un momento determinado, dejó de publicarse.
Mi historia con NHU comenzó cuando (2021) me acerqué al periódico para informar de un libro que acababa de publicar. No solo me escucharon, sino que además me invitaron a colaborar de forma regular.
Desde entonces, cada mes, el reto personal de escribir una historia del barrio ya no era una colaboración más: era un encuentro con las calles, las voces y las memorias de un lugar que siempre tiene algo que contar. Y también, de alguna forma, un espejo en el que me reconozco.
Al revisar los interesantes números que ya se habían publicado, me encontré con aquella columna y propuse retomarla, aunque abordando historias que no hubiesen sido ya contadas. Y, en abril de 2021, comencé una colaboración ininterrumpida que inauguré con un artículo dedicado a La Casa Encendida. No era casual: en su biblioteca pasé muchas horas preparando el que fue mi primer libro: El padre Revilla.
Y este mes de 2025, trece años después de la aparición de NHU, me enfrento a la redacción de mi artículo 50. A lo largo de este tiempo, mis textos han estado dedicados a calles, personajes, instituciones, tradiciones y aspectos tan diversos como el café Barbieri, la taberna de Antonio Sánchez, el Hospital Provincial de Madrid, las gallinejas, la Gota de Leche, los aguadores de Lavapiés, Gloria Fuertes, el Colegio de Sordomudos o Manolo Tena.
Estos últimos meses he tenido que dedicar casi todo mi tiempo al trabajo sobre una tesis titulada: Eduardo Ortega y Gasset, referente intelectual y moral republicano, silenciado por el franquismo. Pero en ningún momento quise dejar de acudir a mi cita con el periódico.
Lo que no imaginaba es que ese trabajo académico acabaría entrelazándose con mi experiencia como colaborador en NHU. Pero así fue. Personajes que había tratado previamente en mis artículos, como Antonia Mercé, la Argentina —que visitó a Eduardo en su exilio en Hendaya junto a Unamuno—; o Rafael Oropesa Clausín —exiliado en México—, me sirvieron para documentar aspectos de la tesis, por lo que los artículos que les dediqué en NHU aparecen citados como referencia. Porque su historia —la del barrio— merecía estar en ambos lugares.
Más que una fuente, NHU ha sido para mí un espacio de construcción de memoria colectiva. Escribir aquí me ha obligado a escuchar, a investigar con respeto, a narrar con afecto. Y eso ha nutrido profundamente mi mirada académica. En mi tesis, NHU aparece citado, pero también aparece como espíritu: como esa forma de hacer periodismo desde lo cercano, lo cotidiano, lo real.
Este artículo es, en definitiva, un pequeño homenaje. A Lavapiés, por supuesto. Pero también a NHU, por abrirme las puertas, por confiar en mi palabra y por enseñarme que la investigación también puede nacer desde la calle, desde la charla con un vecino, desde la emoción de una historia bien contada.
Porque, a veces, escribir una tesis no es solo revisar bibliografía: también es caminar las calles, escuchar las voces, dejarse tocar por las historias. Es, en definitiva, comprender que el conocimiento no vive solo en los libros, sino también en los recuerdos compartidos, en las esquinas del barrio, en la memoria viva de sus habitantes.
Gracias, Javier, Nines, Nati, Miguel Ángel, María y Alejandro (y también Asun, Maribel, Pilar…, incorporadas más tarde), por brindarme el periódico, vuestra amistad y vuestro ejemplo, donde el respeto a las personas y a la libertad de expresión son valores que nunca deben perderse, como queda reflejado en la extraordinaria vida de Eduardo Ortega y Gasset.
Pie de foto:
Unamuno y Ortega y Gasset en Hendaya, c. 1925. Universidad de Salamanca, Fdo. Unamuno
Carlos Sánchez
