Jurista especializado en derecho internacional, escritor, vecino y autor de una novela que destila barrio en todas sus páginas
A Eduardo Soto-Trillo nos lo presentó Carlos, también escritor y amigo muy especial de esta publicación. Su última novela, Migajas, conecta la experiencia en zonas de conflicto con un barrio como este, en el que la diversidad de procedencias y las relaciones atípicas están aseguradas. Eduardo ha vivido en primera persona algunas de las situaciones internacionales más complejas y de las que solemos tener referencia indirecta por los medios de comunicación. Desde el primer minuto se nota que el entrevistado tiene ganas de hablar, y nos tememos que no siempre dentro de lo previsible o lo políticamente correcto. Hace ya rato que hemos decidido dar voz a todo el barrio y, en este caso, sabemos que no va a ser cómodo y que algunas de las respuestas del entrevistado no van a coincidir con las habituales en el consejo y las demás reuniones del periódico. Con todo, nos metemos en el lío y que salga el sol por donde tenga que salir…
- Eduardo Soto-Trillo, con ese nombre firmas tus libros. Como es habitual, te damos la oportunidad de presentarte. ¿Quién es Eduardo Soto-Trillo?
- Bueno, pues Eduardo Soto-Trillo es un jurista internacional que también es escritor y una persona interesada por todo lo que sucede a su alrededor, tanto en su espacio más local, como puede ser el barrio o la ciudad, como a nivel de España o del mundo. Y me interesa en particular también la historia, la verdad y la gente.
- ¿Gallego?
- Sí.
- Y sin acento ya… Vives en Lavapiés, te has movido por todo el mundo y te has metido en todos los jardines.
- Sí [risas].
- ¿Como asesor de la ONU?
- Soy un especialista en derechos humanos. Empecé en la crisis de Kósovo, trabajando en un campo de refugiados, y desde entonces hasta ahora he estado, o bien trabajando para la ONU, o bien para la Unión Europea, para oenegés; en fin, para quien me ha contratado para hacer un trabajo como jurista especializado en derechos humanos.
- Y puedes hablar con criterio de Ruanda, del Sáhara, de Palestina, de Marruecos…
- Sí, creo que para que uno pueda hablar con criterio de una determinada situación es porque la ha vivido. A mí, el mundo académico no me interesa demasiado porque son personas que se dedican principalmente a leer, a investigar por internet, pero que no conocen la realidad del terreno. Por lo tanto, a la hora de opinar, creo que a menudo su posición ha de ser cuestionada. En cambio, cuando habla alguien que viene, por ejemplo, de un lugar como Gaza en estos momentos o una persona que haya vivido de cerca el genocidio de Ruanda, son personas cuyo testimonio para mí es muy válido.
- Tienes tres libros de crónicas y dos novelas.
- Sí.
- Las crónicas son relatos de experiencia, ¿no?
- Sí, están escritos en primera persona, son vivencias personales. Empecé en Colombia, ya que me encargaron un libro sobre la población que vivía bajo las FARC, y esa fue mi primera oportunidad de poder publicar algo. En ese momento no lo dudé. Tenía que hacerlo y lo hice. Cogí una mochila y me metí en una zona que llamaban la zona de despeje, que era una extensión, como pudiera ser la provincia de Cáceres, donde gobernaba la guerrilla de las FARC. Mi objetivo era ir hablando con la gente, la población civil, y saber cómo realmente ellos sufrían o no el mandato de las FARC, el gobierno de las FARC.
- Luego tienes otros dos, ¿uno sobre Gaza?
- No, el siguiente es sobre Guinea Ecuatorial.
- Ah, sobre Guinea, sí.
- Mi padre había sido médico en la época colonial y contaba muchas batallitas de esa época. Entonces le propuse que “si tú cuentas tantas cosas, yo te voy a organizar un viaje para volver allí, a la realidad actual, a ver qué te parece”. La realidad de ahora de Guinea Ecuatorial es que esta antigua colonia española se ha convertido en una dictadura sanguinaria, gobernada por una familia desde la independencia, la misma familia, y además que es inmensamente rica porque Guinea Ecuatorial flota en el petróleo.
- ¿Y el tercer libro?
- Y el tercer libro es sobre el conflicto del Sáhara Occidental. Ese libro surgió porque yo ya estaba colaborando con el mundo académico aquí en España y en un curso de verano escuché a un profesor, que había sido ministro en el último Gobierno de Franco, hablar con un catedrático y decir que a Carrero Blanco lo habían matado por el Sáhara. Ese es el punto de partida de mi investigación. Ese libro me lleva a viajar allí. Todos mis libros son viajes e investigación documental, pero el viaje personal es fundamental: hablar con la gente, ver la realidad. Y en el caso del Sáhara viajé a la zona ocupada, también a los campamentos de los refugiados en Argelia, y luego investigué esa posible teoría de la conspiración. Primero, la conexión con la CIA, que esa está bastante probada; y luego, la plausibilidad de que uno de los objetivos de la CIA para eliminar a Carrero Blanco fuera que el almirante nunca iba a ceder el Sáhara a Marruecos…
- Y luego ya te pasas a la novela.
- Mi editor me dijo: “Eduardo, estos libros en España no se los lee nadie. Mejor pásate a la ficción y dedícate a escribir novelas”.
- Y déjate de pisar charcos… [risas]. Y ese es el cuarto libro, que es una novela amable, ¿no?
- No, realmente es un thriller psicológico ambientado en Galicia y, por supuesto, para esa primera novela, como a mí me encanta la investigación, también investigué un caso que seguramente vosotros recordaréis. No para hacer una novela sobre esa historia, pero para que me inspirase. Es el caso de la chica esta que era MIR y que mató a varias personas en la Fundación Jiménez Díaz.
- ¿La psiquiatra?
- Reumatóloga. Y que hace poco, además, como yo había predicho en mi novela, repitió su ataque sobre otras personas.
- Con el último libro, otra novela, llegamos a Lavapiés, y es lo que motiva esta entrevista y por lo que nuestro amigo común, Carlos, te presenta.
- En Lavapiés vivo desde hace mucho tiempo, desde 2003 o incluso antes, porque cuando yo iba por el mundo necesitaba una base de operaciones, y el sitio más barato e internacional de Madrid era Lavapiés. Entonces me instalé ya en Madrid y a vivir en Lavapiés. Y, claro, cuando uno vive en Lavapiés entra en unas dinámicas muy interesantes que me parecieron muy novelescas para crear una historia. Y, además, con una investigación de fondo que era un poco la historia del barrio, a través de un personaje, una mujer mayor, que no es el principal, pero que es un personaje importante porque influye en la protagonista.
- ¿Qué punto de vista, qué mirada aportas sobre Lavapiés?
- Creo que la historia de Lavapiés es muy importante y su evolución, que en realidad es un espejo de España, también lo es, tanto de la historia que estamos viviendo como de la que hemos vivido. A eso contribuye también su propia fisonomía y por la personalidad que exige vivir aquí. Todo ello hace que las historias aquí sean más interesantes porque creo que hay más convivencia a pesar de todo, a pesar de lo que se pueda decir. Dentro de las comunidades de vecinos hay mucha convivencia. No es lo mismo una comunidad de vecinos aquí que en otro barrio de Madrid, donde cada uno vive en su piso y apenas te saludas. Aquí eso no es posible. Aquí, como suceden muchas cosas en los edificios, para bien o para mal, y debes tener buena relación, pues tienes que conversar, tienes que solucionar problemas, y eso marca, me marcó a mí. Yo sigo viviendo aquí y creo que era bonito reflejarlo en la historia.
- Como dice alguna gente, ¿el barrio se ha degradado o es una exageración?
- El barrio no se ha degradado más, está evolucionando con nuevos problemas. Cuando llegué aquí, no existían ni el tema de los pisos turísticos ni el de los narcopisos. Esos dos problemas son nuevos, relativamente, aunque aquí había habido un problema de drogas, pero más que nada de consumo. Pero este fenómeno de los narcopisos y de los cultivos dentro de los pisos, yo los he visto aunque no los haya reflejado en la novela. Es una realidad que hace que sea un barrio que viva adaptándose a los nuevos tiempos.
- Pero a mucha gente también le molesta mucho el turisteo, ¿no?
- Claro, a mí personalmente me molesta mucho y, de hecho, todo el tema de los pisos turísticos creo que es una de las grandes batallas a la que debería enfrentarse todo el centro de Madrid.
- Y luego no hay por qué no creer al vecino cuando dice que hay violencia y que hay delincuencia, pero lo que también hay es un montón de policías y un montón de cámaras.
- Vamos a ver: que hay cámaras, sí; que haya policía, yo eso no lo veo.
- ¿Policía secreta?
- Bueno, a la policía secreta no la he visto nunca.
- Son muy reconocibles.
- Pero yo personalmente he tenido situaciones aquí de conflicto y a la policía no la he visto por ningún lado, pero a lo mejor, fíjate, cuando ocurrió el incidente de Errejón lo grabaron en una cámara, ¿me entiendes? O sea que también hay un manejo de las cámaras según les convenga. Pero, si tú tienes un problema en un edificio con un vecino o pasas miedo, no veo aquí reacciones inmediatas. Una de las grandes reivindicaciones de Lavapiés es haber tenido una comisaría dentro del barrio. Y está cerquísima la actual porque se encuentra pasando el parque, pero yo no la veo especialmente presente. No se ve policía paseando por la calle, por ejemplo.
- Hace unos años molestaba más la policía que el delincuente, ahora parece que es…
- Cuando llegué aquí, el problema que había empezado era el de los pisos patera, os acordaréis. Había mucho listo que metía en su casa a, yo qué sé, veinte pobres inmigrantes. Y era una vergüenza. Yo conocía un caso en mi propia calle. El tipo en cuestión era encima del mismo país de origen que a los que metía dentro del piso y les sacaba el dinero. Todo eso no creo que haya desaparecido, pero han aparecido otros problemas.
- Yo creo al vecino que pasa miedo en la puerta de su casa y también creo al migrante de tez morena al que, por su aspecto, le paran treinta veces al día.
- Sí, claro, yo lo veo desde mi perspectiva. Por ejemplo, en la novela hablo de una familia de Bangladés que sufre las consecuencias de un narcopiso. Imagínate una familia con niños pequeños y tener encima de ti a un narcotraficante pasando y entrando gente todo el día ahí. Porque, como tú sabrás, aquí lo que suelen hacer en los portales es cargarse las cerraduras cuando hay movimiento de drogas para luego facilitar el trapicheo.
- De hecho, en este país, especialmente en Madrid, la izquierda ameritaba al que siempre ha cuidado los barrios. Es decir, eran barrios limpios, ordenados, y ahora parece que…
- Yo creo que este barrio no lo ha cuidado ni la izquierda ni la derecha. Creo que lo han dejado como si fuera un sumidero y también aquí había muchos problemas de infravivienda tradicionales, pero al final las rehabilitaciones de los edificios se han hecho por los propios vecinos, hipotecándose, no porque haya habido, que yo sepa, un plan integral. Ha habido subvenciones, pero a mí por lo menos en los sitios que he vivido, y he vivido aquí en tres sitios diferentes, nunca me llegó a tocar nada.
- Hace poco la Asociación de Vecinos La Corrala hizo una exposición…
- Pero vamos a ver, yo tampoco quiero hablar demasiado, que ya hablo muchas veces… También las asociaciones de vecinos del barrio son muy criticables porque reciben fondos públicos y, a veces, no hacen todo lo que deberían o no denuncian lo que deberían, ya que también es una forma de clientelismo, ¿no?
- Sí, es cierto que con las subvenciones el movimiento vecinal quedó debilitado, pero aquí en el barrio siguen. Ahora, con los Next Generation, todo el mundo está compradísimo. Es pasta a chorros para todo el mundo, es cierto. Se ha perdido mucho tejido asociativo. ¿Tú lo has notado?
- Bueno, yo no estaba involucrado. La primera asociación que he conocido realmente un poquito más es la vuestra. Conocí a la de La Corrala porque estaba al lado de mi casa, pero, como siempre los vi con un perfil ideológico, nunca me han interesado. Los veía como peones utilizados desde el ayuntamiento, ya fueran de un signo o del otro.
- El movimiento vecinal ha sido del PSOE o del PC, no de un signo o de otro.
- Sí, pero no los he visto especialmente activos cuando ha gobernado la derecha tampoco, ¿sabes? Aquí hay muchísima problemática, y yo de la problemática de aquí me entero principalmente por una señora que formó un grupo de WhatsApp, que no sé si la conocéis, que nos manda mensajes y nos informa de incidentes o de cosas que pasan para que tengamos cuidado. Pero no hay iniciativas desde las asociaciones de vecinos, que yo sepa. A lo mejor estoy mal informado.
- Existió Lavapiés Denuncia, pero duró hasta las elecciones.
- Sí.
- Ahí sí que hubo vecinos que estaban bastante molestos con lo que denunciaban. En todo caso, el barrio degradado no interesa a nadie, ¿no? Ni al migrante, ni al nativo, ni a alguien de izquierda, ni a alguien de…
- Bueno, todo el mundo aquí llega y se aprovecha de esta sensación que tienes de libertad, de multiculturalidad, también de dejadez, y ya está. Pero al mismo tiempo pienso que hay mucha gente mayor que vive aquí de toda la vida, que tiene problemas sociales, que necesita asistencia y la ayuda de otros vecinos. Eso sí que me interesa a mí, y de eso poca gente habla. O sea, lo que nos gusta es el grupo este que sale a tocar la fanfarria, esas cosas. Esa es la imagen que damos, o el día de las tapas del barrio, ¿no?
- Sí, que seguramente aquí en Lavapiés se mueve más gente detrás de una procesión que de una batucada, aunque se venda otra cosa.
- Mira, uno de los problemas que yo saco en mi última novela, María se acordará, es el tema de las plagas, de las que nadie habla.
- Las chinches.
- Las chinches. Aquí en este barrio especialmente hay plagas de chinches. Lo que pasa es que no se quiere actuar a nivel público porque, claro, eso es atacar la imagen tan estupenda que tiene el centro de Madrid y el turismo. Pero os habrá pasado a vosotros, aunque espero que no, o a vecinos vuestros tener una plaga de chinches. Y chinches que entran en tu edificio porque hay gente que duerme por las noches en los edificios, pues no tienen dónde dormir. De todos esos temas sociales que se mezclan ahí nadie habla. El tema de la salubridad, de la higiene del barrio, me parece fundamental.
- Sí, bueno, aquí hemos asistido a comisiones de seguridad y Madrid Salud estaba presente, también la policía del distrito y colectivos. Y se ha hablado de todo eso.
- Sí, pero tú, si sufres un problema, tienes que contratar una empresa y gastarte una pasta para poder solucionarlo. No hay una acción pública que demuestre un interés del ayuntamiento en proteger a los vecinos de aquí, en el barrio de las plagas.
- Tú en principio no te casas con nadie, ¿no? ¿Qué se ha hecho mal en general?
- Mira, en mis libros que se refieren a la realidad española o la realidad de otros lugares, intento ser independiente. Luego también tienes tu visión de las cosas e inconscientemente la transmites. Pero a mí me gusta particularmente que la gente hable y diga lo que le pasa, y a partir de ahí formar mi opinión y no acudir a los medios o a comunicados de prensa oficiales. Intento mantenerme dentro de la independencia, que es lo que te puede dar una voz válida.
- He leído una crítica fundamental, por tu parte, a la izquierda política, que en su día reivindicaba al pueblo saharaui y el modo en que ha virado. Y ahora muchos parecen abrazar al dictador de Marruecos, ¿no?
- El tema del pueblo saharaui es especialmente sangrante porque ahora todo el mundo se abre la camisa por Gaza, donde no tenemos nada que hacer.
- Es monstruosa la agresión criminal al pueblo palestino, nadie debe mirar para otro lado.
- Cuando tenemos a un pueblo que ha dependido de nosotros, que formal y jurídicamente, internacionalmente, depende de nosotros, y lo hemos abandonado y lo hemos vendido, ¿hay mayor crimen internacional que ese? Somos responsables todos de ello, pero nadie habla, los medios no hablan, los políticos no hablan, la gente se olvida. Y es nuestra historia.
- La monstruosidad que está alcanzando en Gaza es difícil de superar.
- Sí, claro.
- Es una masacre en toda regla.
- Sí, pero también te digo mi opinión: no es un genocidio. Ahí son crímenes de guerra muy graves, pero si tú coges la definición de genocidio, tal y como la establece el convenio de la ONU, no se ajusta ¿Por qué? Porque ese convenio está hecho después del genocidio contra el pueblo judío, después de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, para que jurídicamente podamos hablar de que hay un genocidio, tiene que haber un plan previo y sistemático de eliminación, en su totalidad o en parte, de un pueblo. Esto, en el caso de Israel hacia el pueblo palestino, todavía no se ha probado.
- Bueno, tú eres el entrevistado. Los que estamos aquí, todos pensamos que es un tremendo genocidio, sin la menor duda.
- Yo te doy mi opinión como jurista.
- Es tu punto de vista.
- Aquí quiero ser claro, independientemente de que yo haya estado en Gaza y conozca el territorio y a su gente, y todo esto me esté revolviendo mucho.
- Es un pueblo cercado y masacrado.
- Lo que sucedía ahí lo sabe muy poca gente. O sea, también se está dando una imagen de lo que era Gaza antes de esta guerra, que a lo mejor no era totalmente la realidad. Cuando llegabas a Gaza te dabas cuenta de que, a pesar de que era una gran cárcel, había mucha permeabilidad en ese muro que lo rodeaba. Entonces, según les interesara a unos o a otros, se abría más o se abría menos.
- De hecho, volviendo al tema del Sáhara, es curiosa la relación que establece Marruecos con Israel y con Estados Unidos, ¿no?
- Sí, porque la monarquía marroquí tiene muchísimas conexiones con Israel. De hecho, los grandes consejeros de la monarquía marroquí han sido la minoría judía marroquí. Ahí empieza una comunidad de intereses a la que se va a añadir también Francia. Y ya, cuando se incorpora a esta relación Israel, pues va a entrar Estados Unidos por la fuerza del lobby judío en Estados Unidos.
- Entonces, el futuro del Sáhara, volviendo a eso, es nulo.
- No, yo no lo veo así. En la geopolítica todo es cuestión del momento y de cómo manejes tus cartas. Algo muy inteligente que hizo el Frente Polisario es llevar el tema del Sáhara Occidental al Tribunal Europeo. Y el Tribunal Europeo ha anulado todos los acuerdos con Marruecos.
- El Tribunal Europeo fue claro, sí.
- Entonces, ¿por qué el pueblo palestino nunca ha acudido a los tribunales europeos a anular los acuerdos entre la Unión Europea e Israel? Esa es una gran pregunta.
- Bueno, ahí queda.
- Gran parte de los argumentos que pueden utilizar los diplomáticos palestinos, como lo han hecho los del Frente Polisario, son igualmente válidos ante el Tribunal Europeo.
- ¿Por qué, con la cantidad de inmigrantes marroquíes que hay en este momento, ninguno critica al dictador, al rey? No lo cuestionan.
- Porque, en primer lugar, cuando eres inmigrante no tienes una conciencia política y procuras tener un perfil bajo en general, a menos que seas periodista, como hay aquí en España periodistas importantes que han tenido que salir corriendo de Marruecos. Pero, en general, no hay una conciencia política. A través de las mezquitas, como ha salido retratado en los medios estas últimas semanas, el reino de Marruecos controla a sus nacionales. Es muy importante lo que se enseña en las mezquitas, y los imanes de las mezquitas son elegidos por Marruecos. Incluso el programa educativo para la población de los niños marroquíes en los colegios españoles está hecho por el Gobierno marroquí, no por el español.
- Tanto la fe católica como el islam no son muy democráticas, no son feministas, son claramente homófobas.
- Pero no es una cuestión irreligiosa, es una cuestión política porque estás transmitiendo una ideología política. Ellos aprenden, se les enseña, aunque vivan aquí −que se supone que es un espacio de libertad, en una democracia y un Estado de derecho−, que el rey de Marruecos es el representante religioso y que es el guía espiritual, y que la monarquía marroquí es el régimen más válido para su país y es el que defiende sus intereses.
- Pero cosas que hemos cuestionado en la tradición católica no están siendo cuestionadas en el islam.
- No, porque en el mundo del islam el ser crítico conlleva castigos. No es fácil ser un disidente en el mundo islámico.
- Ni con la Iglesia católica…
- Si me estás hablando del siglo XIX, pues sí… Pero, en la actualidad, ha habido una evolución, ¿no?
- Volviendo al barrio, ¿cómo ves el futuro, la relación entre distintas culturas y tradiciones? R. Yo lo que critico es la falta de una política de integración. La política de integración no es que vivamos cada uno en un piso y no nos pase nada. Eso no es integración. Integración es que compartamos unas normas de convivencia y creamos en ellas. Y los valores sean, a nivel de la relación entre nosotros, iguales. Y tú los aceptes, aunque vengas de otro lugar. Eso es muy importante. Hay una cosa que a mí me llama la atención, y es el tema de las niñas. Yo, como tengo una hija, soy especialmente sensible a este tema. A mí no me parece admisible el trato que se les da a las niñas en muchas comunidades que viven en el barrio, porque eso es anticonstitucional, ilegal y va contra los derechos fundamentales de la persona. Sin embargo, nadie hace nada, a todo el mundo le parece estupendo, ya que eso es normal en Lavapiés.
- Y, sobre todo, como se siga degradando la relación sí que va a estallar una respuesta violenta y de ultraderecha.
- Esto alimenta a la ultraderecha, eso es evidente. Cuando se habla del problema de los narcopisos o del trapicheo de las drogas en Lavapiés y no se puede resolver en un barrio tan pequeño, porque este es un barrio muy pequeño, pues no se entiende. Y tampoco sería tan difícil, pienso yo, desde el punto de vista estrictamente de la seguridad. No es una cuestión de cámaras: es una cuestión de intervención, no solamente policial, sino social. Porque hay una realidad detrás de todo eso: gente con muchísimas dificultades, gente que viene aquí y se encuentra desubicada y tienen que llamar a sus casas y decir que han triunfado porque ya están en Europa, y tienen que dedicarse a lo primero que tienen a mano. No se canaliza a estas personas hacia el mundo laboral. Entran directamente en un mundo de marginalidad. Yo a veces pienso que esta situación les interesa a ciertos sectores.
- Algunos apuestan por expulsar y otros apostamos por regularizar y porque se incorporen a una vida laboral normal.
- Sí, pero también hay que tener en cuenta que, si hay personas que cometen delitos, esas personas tienen que marcharse. No hay ninguna obligación. El derecho internacional no le da a nadie el derecho a cruzar una frontera. Porque, si no, no existirían los Estados.
- En todo caso, lo que tengo claro es que hay que abrir un debate tranquilo que no se instrumentalice.
- Claro, pero si tú no entras en los temas, en los problemas, estás creando un caldo de cultivo para que una opción de ultraderecha se aproveche de esto. Si dejas los problemas como si no existieran, eso va avanzando y al final crecen, porque hay un muerto, hay una violación, hay un algo, y entonces de repente…
- Tú dices que eres neutro y yo, que me emplazo claramente en la izquierda, creo que es gravísimo que la izquierda haya perdido los barrios populares y el mundo rural.
- Yo en muchas cosas me considero una persona de izquierdas, pero nunca me haría una foto con una mujer con el velo en la cabeza si fuera un político, porque para mí, sobre todo si conoces un poco ese mundo, el velo implica una represión sobre las mujeres, sobre los derechos de las mujeres. No es un adorno, no es algo estético.
- También hay debate con ese tema y desde luego habrá que preguntarles a ellas.
- Evidentemente es un derecho de una mujer adulta a llevarlo o no llevarlo; pero, en el caso de las niñas, yo sinceramente no lo veo.
- Mi hija no ha ido al cole con un burka ni vestida de monja de clausura.
- Todo lo que sea negar derechos fundamentales no es admisible en Europa, no debería ser aceptable.
- De hecho, es cierto que aquí en el barrio ves a colectivos migrantes que se movilizan y en algunos de ellos ves solo tíos, tíos y tíos. O sea, no ves mujeres.
- ¿Por qué? Porque se considera, en muchas de estas comunidades, que la mujer está en peligro, en un peligro constante. Como está en peligro constante, tiene que ir totalmente tapada, o bastante tapada, o mínimamente, y que no sea guapa, que no se la vea atractiva. Y luego, en algunas comunidades, incluso hay encierros en pisos, y eso lo vemos en Lavapiés, que de repente sale gente de pisos y nunca se había sabido que estaban ahí.
- Mi abuela no entraba en un bar sola…
- Pero yo te estoy hablando desde el punto de vista de nuestra realidad actual. España ha evolucionado afortunadamente, y las mujeres son iguales que los hombres y la protección de la infancia es importante.
- ¿Sentiste miedo cuando estuviste con las FARC?
- No, no me pasó nada y me trataron muy bien.
- ¿Y cómo pudiste llegar?
- Cuando entrabas en esa zona, llegabas en avión porque, como era una zona que había despejado el Estado, el ejército, ahí no había presencia de las Fuerzas Armadas del Estado. Aterrizabas allí y te presentabas. Yo llegué con una mochila. Dije: “Quiero escribir un libro sobre esta zona y voy a hablar con la gente”. Yo creo que no creyeron, a lo mejor por la pinta que llevaba, que lo fuera a hacer, sino que era un simple aventurero, pues en ningún momento me pusieron ningún límite. Si pasé miedo ahí fue por un compañero que venía de una ONG, que estando yo ahí dentro quiso chantajearme y denunciarme a la guerrilla para sacarme el dinero.
- Esta pregunta va en relación con el tema de los estudios islámicos o musulmanes.
- No soy ningún experto.
- No, no, sobre los colegios españoles. ¿Qué piensas respecto a eso y por qué crees que el Gobierno está dando esa permisividad?
- Yo no los impartiría. Lo mismo que tampoco impartiría la religión porque para eso están las parroquias o las mezquitas. Si quieres que tu hijo haga la primera comunión, pues lo llevas allí y lo metes en la catequesis. Si quieres que tu hijo estudie el Corán, pues lo llevas allí y que se lo dé el imán correspondiente. ¿Y la otra pregunta?
- ¿Por qué crees que el Estado lo está permitiendo? Se está impartiendo en colegios públicos.
- Las relaciones del Gobierno de Pedro Sánchez con Marruecos no sabemos qué alcance tienen. Creo que la explicación está detrás de todo esto. Porque independientemente de que tú dijeras “vamos a enseñar todas las religiones y, por supuesto, los musulmanes tienen derecho a recibir su instrucción religiosa en el islam”, no tienes por qué aceptar a los imanes que te vengan de un país extranjero. Tú puedes contratar imanes que también defiendan los valores de nuestro país, cívicos, y al mismo tiempo enseñen la religión del islam. Creo que eso es perfectamente compatible. Hay países como Turquía, que son más avanzados, o la misma Palestina, donde también he trabajado, en los que se vive el islam de una forma bastante libre, en el sentido de que hay mujeres que llevan velo, mujeres que no lo llevan, gente que no vive la religión, gente que sí vive la religión. No ves una opresión de las autoridades religiosas. A menudo es el Gobierno de turno el que utiliza la religión para ejercer su dominio sobre la población. Entonces la religión se convierte en un arma. La culpable no es la religión, es el sistema político.
- Bueno, pues ya un último mensaje para el barrio.
- A ver, a ver, que me van a perseguir aquí…
- Nuestro medio está totalmente abierto a cualquier punto de vista. No somos tibios, pero cualquiera se puede expresar. Un último mensaje, si puede ser de esperanza para el barrio.
- Pues creo que al final la solución no va a venir de los políticos, tiene que venir del propio barrio, de las propias asociaciones, pero no las típicas asociaciones de vecinos del barrio. Me refiero a la comunidad musulmana, a la comunidad de Bangladés, a la comunidad tal, a los vecinos de tal calle… Crear un espacio donde todas esas comunidades e intereses, incluidos los comerciantes por supuesto, pudieran dialogar y llegar a consensos sobre ciertos problemas del barrio; por ejemplo, sobre la salubridad, sobre la seguridad… Son los problemas que nos afectan a todos. Pero sin políticos porque, cuando caemos en las manos de la manipulación política, todo se instrumentaliza y no se llega a soluciones fácilmente porque todo el mundo, al final, se quiere llevar el premio, sea un partido o el otro, y es una pena.
Terminamos la entrevista y, como casi siempre, nos quedamos hablando un poco más. Este barrio es uno de los últimos reductos de la izquierda política y asociativa, y es residencia de muchos grupos de inmigrantes que no siempre se relacionan o se expresan con libertad. Desde luego que cobra mucho interés el entrevistar sobre todo a mujeres inmigrantes que no pidan permiso a nadie para decir lo que piensan, y nos parece que su preocupación porque el barrio no se degrade y sea un buen lugar para vivir nos puede sorprender.
El problema de la inmigración se está consolidando como preocupación colectiva y eso no debemos taparlo. Tenemos que pensarnos cómo hacerlo, pero hay que dar voz a todo el mundo. Tenemos que impedir el conflicto y la manipulación, y tenemos que ser modelo de que se puede hablar de que la base social puede entenderse y resolver sus conflictos. Se ha producido cierta tensión, sobre todo, acerca de la masacre del pueblo palestino, pero la sensación de pena, rabia e impotencia es enorme. También habría que dar voz al pueblo saharaui y, si puede ser a una mujer, mucho mejor. Si en este barrio no somos capaces de hablar, no sé dónde van a ser capaces de hacerlo…
