EditorialOpinión

El lado deshonesto de la libertad

By 22 de junio de 2025septiembre 4th, 2025No Comments
Liberté pour securité

Thomas Hobbes introdujo la idea de que el Estado es como un Leviatán al que le entregamos nuestras libertades con tal de recibir su protección. Un sacrilegio contra los derechos humanos que sin duda alguna se ha aplicado a casi todas las naciones del mundo. Pues a muchos les molestaría bastante quedarse sin el derecho a cantar, bailar y gritar a viva voz en discusiones que casi siempre tienen lugar entre las horas más deshonestas de la madrugada. Pero hay otros a los que la idea de renunciar a una parte de su libertad no les suena tan mal. Por ejemplo, no nos cuesta nada darle al clic y aceptar toda clase de requerimientos, normativas, reglas, tráfico y venta de datos que brindan las maravillosas redes sociales. También les damos un permiso casi absoluto al líder capitalista, al demócrata demagogo y a los políticos corruptos que con o sin nuestro permiso se llenan los bolsillos.

Por eso me parece extraño que miremos con cara de asco a los gobiernos que oprimen a las personas. Lo que me faltaba, tío, no solo estoy siendo pisoteado por la parienta, la clientela, el jefe, mis colegas, el Gobierno local y la nación. Ahora encima tengo que aguantar la tos del tipo que tengo al lado en el metro. ¡Qué poca vergüenza de país! ¿Cómo se permiten estar callados mientras a mí me ningunean y me tratan como basura? ¿Cómo se permiten estar callados mientras me asesina la persona que más quería en este mundo? ¿Cómo pueden dejarme maniatado mientras me sacuden y me quitan hasta la última peseta que tenía en los bolsillos de los pantalones y luego, encima, se quedan con mis tierras? ¿De qué nos ha servido renunciar a la libertad a cambio del refugio de este Leviatán?

Esta renuncia se ve claramente en los países donde se les cortan las manos a los ladrones para castigar sus desagradables ofensas. En otros sitios los dejan medio muertos a latigazos o palizas. Pero aun así hay mancos, cojos y gente con caras hinchadas que siguen con ganas de robar. Estos, a pesar de la brutalidad del sistema, han seguido transgrediendo las normas. Además, en la otra cara de la moneda tenemos a los ricos, tan ricos que no saben qué hacer con su dinero. Dinero que para nada es limpio.

Con cada año que pasa, estos parásitos acaban destruyendo más y más el planeta y las vidas ajenas. Lo irónico es que, cuando los ricos nos roban, nadie los apalea. Por esto Kase. O dice que “otro ladrón sale sonriendo del juzgado”. La gente que sufre no puede hacer nada al respecto.

Me pregunto por qué se parecen tanto las ideas que Hobbes presentó cuatro siglos atrás con la realidad que vivimos hoy en día. Es evidente que nos hemos vendido al Estado, tanto que incluso cuesta expresarse. Sacamos uno a uno nuestras posesiones y las colocamos en las bandejas que nos ponen delante antes de pasar por las máquinas de seguridad. Ahí viene el ladrón que coge y vende nuestras pertenencias por una ganancia fácil. Aunque no me parezca nada malo que la gente se controle en público mientras lo hagan por su propia voluntad. Por suerte, nos paramos antes de mostrar nuestras verdaderas formas de ser en público, sea una faceta agradable o una faceta fascista. Por lo tanto, ¿qué clase de seguridad conseguimos por vender nuestra libertad si, al salir a la calle, me tengo que comportar como un santo? O al menos eso es de esperar.

En fin, no todo es tan desagradable y opresivo en este país. En realidad hay cierta libertad. Una de las cosas que más me gustan de España es que hay muchas playas en las que uno puede hacer nudismo. Nadie se escapa de ver a un señor mayor con sus canicas colgando. El día en que llegue el apocalipsis, al menos que me dejen marchar desnudo por la calle, como hacen algunos mamarrachos en verano. Entonces seré totalmente libre y me sentiré a gusto conmigo mismo. Pero, como de aquí al apocalipsis hay un salto, hasta que llegue el momento seguiré dependiendo del Leviatán y su refugio.

 

Riday Abdur Rahaman